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viernes, 20 de septiembre de 2013

Sábado

Desde que el fútbol se juega por televisión, los días ya no significan nada. Pero en otros tiempos el sábado y el domingo eran dos mundos muy diferentes. Terminar jugando los sábados era, para la mayoría de los hinchas, o sea los de los clubes de primera, el fantasma más temido. La palabra evocaba la gran desgracia, lo peor que le puede pasar a un club argentino: irse al descenso.
El tiempo pasó, fueron cayendo casi todos y un día le tocó al autodenominado más grande. De golpe el millonario se encontró cirujeando, tirando un carro muy pesado para su espalda de sommier, comiendo sobras que años atrás tiraba sin mirar. Esos crotos eran sus nuevos compañeros de juego, y peor todavía, todos querían robarle su mendrugo.
El padecimiento de ser parte del planeta Sábado le inspiró a Esteban Serrano una serie de crónicas dibujadas en las que retrató el calvario de un hincha de River por las 38 estaciones del ascenso. El resultado es este libro, Sábado, editado por Galería editorial: http://www.galeria-editorial.com.ar/sabado.html
Acá va una muestra, la del día en que creyó que no volvían nunca más.


lunes, 10 de junio de 2013

El fútbol es simple


El partido de River Vs. Independiente lo ví por la tele en la casa de mi vieja, con mi sobrinito de 10 y mi sobrinita de 4 años trepando sobre mi espalda. Al lado estaba mi hermana, mi cuñada y mi novia. Tuve que explicar la importancia de ese partido. 
Después salí a caminar con ella para compensar que todos los fines de semana desde que River bajó y subió me prendo a la tele. Fuimos a pasear su perrita, una shitsu adorable, viejita y callada. El Bajo Belgrano estaba repleto de hinchas de River que volvían de la cancha. 
Yo antes iba a la cancha pero con esto de sacar las entradas por Internet tenés que tener suerte y paciencia para que la compu no se sature. Al otro día hay que concurrir al estadio con el carnet al día, fotocopia del DNI donde figure la dirección actual y el número de la orden de reserva de la entrada. No tengo más ganas de hacer esos trámites. Al mismo tiempo se ve que no tengo tantas ganas de ir a la cancha, porque antes esas cuestiones no me hubieran detenido.
Nos sentamos con mi novia en el banco de una plaza que queda cerca del estadio. La caravana de hinchas atravesaba en diagonal por la mitad de la plaza. Se podía percibir un clima distendido y alegre, sin demasiado entusiasmo, una especie de alivio por ganar y punto. 
El empujón que le dimos a Independiente no dejó demasiadas alegrías. Es que abrió una herida propia del pasado reciente (no nos podemos hacer los langas) y, a la vez, nos deja como los culpables de que haya muchas posibilidades de que Boca quede como el único que nunca descendió (no me vengan a hablar de Arsenal).
Unos cuatro o cinco pibes se abrieron de la columna de hinchas y enfilaron directo para el banco donde estábamos sentados con mi novia. La perrita andaba por ahí cerca. Pensé que nos iban a afanar y no daba salir corriendo y dejar ahí al pobre animalito de patas cortas. Pero no pasó nada, después de saludar amablemente, los pibes se sentaron en el banco de enfrente. Uno de ellos siguió de largo y se metió debajo de un arbusto y sacó una bolsa con una botella de coca y otra de fernet y algunos sánguches de milanesa. No hablaron de fútbol, ni de campeonatos, ni de descensos. Hablaron de chicas.
El fútbol es simple.
El último partido de la promoción con Belgrano del año pasado lo vi en compañía de mis amigos Ale y Fede. Consumada la catástrofe hicimos lo que teníamos que hacer: ponernos unos cortos y salir a patear una pelota a una plaza. Hablamos poco ese día. No hubo muchas lamentaciones o no las exteriorizamos. Los descensos son siempre en esta época fría y nublada. Entre pases, piques al vacío y jueguitos, supongo que cada uno de nosotros buscaba adentro suyo algunos ardides ingeniosos para safar de las cargadas. Era imposible. La conclusión fue que no se es menos grande por descender al Nacional B, que iba a ser un campeonato difícil y que había que volver inmediatamente y en eso pusimos nuestra energía mientras cada pique de la pelota conseguía un pequeño exorcismo.
Ojalá que todo esto quede en el ridículo si el Rojo safa de alguna forma. Pero como dijo ayer Brindisi: hay que pensar en el River de Ramón que hoy ya está peleando el campeonato. No importa cómo, pero ahí estamos de vuelta, lo más rápido posible. Eso es ser un grande.

viernes, 8 de febrero de 2013

Posición adelantada

por Alejandro Güerri

Hace unos días que estoy en posición adelantada. Desde este lugar privilegiado de la cancha, veo el futuro. Y como el campo (semántico) es limitado, tan solo me es dado avizorar cosas de fútbol. Más precisamente, del torneo Final Evita continúa.

Ahora, por ejemplo, estamos en la fecha 6 del campeonato. Independiente con Gallego no anduvo mal, pero tampoco bien. Un triunfo, cuatro empates, una derrota. El labio inferior del Tolo ya le toca el mentón, como si el destino le hubiera colgado un invisible arete indígena. Los tiempos corren y es la hora de Caruso. Algo canoso y sin candado, regresa con un bajo perfil que lleva al Rojo por el camino de los tres puntos...

Cerca del retiro, Grondona elimina el offside. Reemplaza su anillo de "Todo pasa" por uno que dice: "No tiene sentido". Se aprueban en simultáneo dos torneos con sistemas de puntaje y descenso distintos.

En River, suceden lo inaudito. Trezeguet deja de hacer una de menos. Finalmente, se descubre que Ramón Díaz es un lagarto enviado por los de V Invasión Extrarrestre. Passarella abandona la tintura negra con reflejos azulinos.

Cansados de buscar mierda, los editores de Olé prohíben escribir la palabra "chicanea".

Palermo y el Mellizo deciden hacer de Lanús y Godoy Cruz un solo equipo. Win-win atípico en el fútbol argentino que deriva en un Lanús Cruz todo centro, cabezazo y a cobrar.

Ligeramente fastidioso y visiblemente fastidiado, Román amenaza con irse de boca y de Boca. Más profesor Locovich que nunca, Bianchi le pide que no joda y que tire paredes con ídem. El Barcelona compra a todos los menores de 3 años nacidos en la Ribera que saben hacer jueguito. La prensa celebra que los ojos culés ven un pichichi en cada gurrumín.

El referí corta la jugada. Es la influencia que ejerce sobre la autoridad un defensor que levanta la mano. "Juez, está en ofsái",  grita el botón. Me quedo mutis, me subo las medias y camino despacio hacia la mitad de la cancha. ¿Quién me quita lo pescado?

jueves, 18 de agosto de 2011

Sentimiento indestructible


Por Hilario González
River Plate tu grato nombre arrancó su viaje exótico por las tierras inexploradas de la B Nacional. Un torneo muy difícil que no hay que subestimar, repiten los agoreros que alimentan el morbo de señoras que no saben nada de fútbol pero opinan en las verdulerías acerca de la triste realidad riverplatense. Porque en la B Nacional juegan hombres de patas peludas y dientes torcidos como hombres lobo y te van a hacer sentir el rigor de la categoría. Casi cualquiera habla de River y repiten lo que escuchan sin saber lo que pasa.


El panorama de las frases hechas en este tiempo muerto desde que el ascensor bajó a la B y hasta ayer, que por fin se abrió la puerta del túnel del Monumental, nos pintaba el viaje por la B Nacional como si fuera una travesía china por un paisaje desolador. Dicen que River va a viajar más de 1.000.000 km en un tour nefasto organizado por la Momia y Silvio Soldán. Parece que nos van a comer los caníbales, que los jugadores de la B Nacional fueran gladiadores, campeones de lucha libre, asesinos corta piernas o tuberculosos que si te escupieran te sacarían ampollas en la piel. El viaje por la B Nacional es un arreglate como puedas con dos fósforos y tres empanadas y estás en bolas en una isla salvaje donde la arena te calcina los pies y los nativos tienen porongas de 45 cm.

Para colmo la noche del debut, el histórico martes 16 de agosto de 2011, era horrible. La lluvia y el frío hacían presagiar la presencia del Yeti como forma palpable del fantasma de la B. Era una noche para el crimen, la antesala de una ejecución programada. Y, para abonar el aire mortuorio, River jugaba nada menos que con Chacarita.

Para sumar un poco más a la teoría del terror les quiero contar una historia que me llegó los otros días y no sé si la estoy robando de algún lado o lo soñé. La historia de un partido memorable entre empleados del cementerio de la Chacarita: Nicho Vs. Tierra. Los de Nicho eran más altos, flacos y pálidos. Los de Tierra, en cambio eran más bien morrudos y oscuros. Todo eso producto de que sus actividades diarias habrían moldeado sus cuerpos o bien debido a la selección de personal que hacía escrupulosamente la administración del cementerio. El partido se jugó en un terreno baldío que había entre las últimas tumbas y las vías del San Martín. Esa noche había niebla, llovía mucho y la cancha era un barrial. No había casi nadie mirando. Tan sólo un viejo linyera que estaba sentado sobre un carrito de supermercado, detrás de uno de los arcos. El hombre miraba atentamente las acciones y gracias a él la historia llegó hasta nosotros. El linyera contó que a poco de empezar, el partido se hizo áspero. El agua de lluvia y el barro lo hacían más espectacular. No había réferi, por supuesto y no se cobraba nada de nada. Era un partido entre hombres, por el honor o por quién tenía más huevos o la tenía más grande en el cementerio. Se jugaba poco, se pegaba mucho. La pelota flotaba de aquí para allá. La tierra se removía por los pisotones y las barridas de los jugadores y, entonces, de entre el barro empezaron a aparecer los primeros huesos. Los de Nicho y los de Tierra estaban tan enfrascados en su lucha que no se dieron cuenta. El hombre sí, el prestó mucha atención a lo que sucedía, pero no dijo nada. Sin proponérselo los protagonistas, el match entre Nicho y Tierra se transformó en un ritual satánico y cuando la lluvia se hizo más intensa y la noche más negra, ahí empezaron a salir los muertos. Al principio, todos ponían. Todos contra todos, como ciegos debajo de la lluvia torrencial. Pero pronto los zombies, uno a uno, fueron perdiendo el interés y se escaparon del cementerio en todas las direcciones. Cuenta el viejo linyera que vio varios de esos zombies jugar en la B Nacional. Así que no es de extrañar el mito ese de que el campeonato del ascenso es verdaderamente monstruoso.

Fui a la cancha, decía, a presenciar el arranque de River en la B Nacional. Fui con mi amigo Guille. El mismo que me llevó la primera vez al Monumental. Fue en algún momento de 1976. Estábamos charlando a la salida de misa. La familia de él y la mía. River jugaba esa misma tarde. Éramos chicos para ir solos. Guille dijo que iba y yo me moría de ganas, entonces mi mamá dijo que me iba a llevar, pero el padre de Guille se ofreció gentilmente. No me acuerdo con quién jugaba River. Por ese entonces, faltaba cerrar una parte de la herradura, todavía no estaba la tribuna donde ahora está el cartel electrónico y me impresionó que se podía ver el Río de la Plata. Esa tarde, la cancha estaba llena, el cemento se movía, había olor a panchos y a goles. Y esa tarde grité un montón. Y a esa tarde le siguieron muchos campeonatos felices, muchísimos, muchos más de lo que pueden decir otros. Por eso, yo asocio ir a la cancha con la felicidad. Siempre. A pesar de todo.

Entonces, Guille me llamó el lunes y me dijo de ir. Nos pareció simbólico que arrancáramos juntos el tan temido periplo por la B Nacional. Era como empezar de nuevo. Y ni bien entramos, los viejos miedos nos saludaron.

Las tribunas estaban colmadas de hinchas masoquistas que no creyeron en los pájaros de mal agüero que fabricaban las frases hechas. Nos hermanaba la desgracia y encontrábamos en el otro un brillo extraño en unos ojos de laucha y en los pelos de nutria sobre la cara y todos teníamos un rictus nervioso como soldados en la lanchas del desembarco en Normandía.

Era el día D. Había que estar llueva o truene. En el entretiempo, el agua corría por nuestras cabezas y espaldas y los monstruosos jugadores de la B Nacional ya no nos parecían espectros de seis cabezas, sino tipos normales, laburantes mal entrenados y torpes como cualquiera de nosotros o antiguas glorias que ya estaban de vuelta y mostraban sus últimas artimañas para sacar el partido adelante.

Al final, cuando el triunfo se había consumado, me pareció escuchar el aullido de unos lobos o era el ulular de un monstruo que se iba del Monumental para dar paso a la realidad. Pero no, no era nada de eso, era el rugido de la gente, la expresión de ese sentimiento indestructible del que me siento orgulloso.

viernes, 1 de julio de 2011

Con todo respeto

Por Daniel A. Liñares

Que se entienda que esto no es burlarse de la desgracia ajena, sino un simple y efímero festejo de la ocurrencia popular, con uno epílogo de opinología cuya lectura el necesitado lector podrá ahorrarse. El mejor chiste que escuché en estas circunstancias implicadas en el descenso del Club Atlético River Plate es lo que voy a contar, para finalizar con una serie de digresiones
Vamos a enmarcarlo en un repaso de cómo fueron evolucionando las humoradas al respecto—al menos desde mi perspectiva de no tener tele, o sea que me entero de poco y nada salvo cuando hay algún partido que prometa ser intenso y me lo voy a tomar con una birra a algún bolichito de la zona o al Estrella si no es domingo (ahora cambió la concesión, está a cargo del buffet Emilio, un bigotudo sensible, hincha de River y simpatizante por barriada de Huracán, justo).

1- El chiste urgente:
— ¿Sabés cómo le dicen a River?
— No. ¿Cómo?
— Canal Trece.
— ¿Por qué?
— Porque se quedaron sin Fútbol de Primera.

Nota del jurado: Malísimo. Lo de que había que inventar urgentemente chistes con River era consabido, así que la inmediatez no es necesariamente un mérito. No deja de ser interesante que se dibujan con claridad en la estructura del chiste los principios constructivos a los que apela en su inmediatez: la asociación de ideas, en términos freudianos, o las relaciones asociativas de una lengua en términos de Saussure (nunca terminaré de saber cómo se escribe, pero me encanta escribir: “en términos de Saussure”, como que siento que me reviste de una estúpida dignidad). O sea: ante el suceso específico, se abre un campo de palabras clave (descenso, B, primera en este caso), a partir de las cuales y mediante su asociación con alguna idea otra —casi que la que fuere: lo importante es que ese espacio no quede vacío—, generar una idea compleja, a partir de dos ideas simples. En este caso del chiste urgente y fácil...

2- Chistes estándar
2.1

— ¿Sabés cómo le dicen a River?
— No. ¿Cómo?
— Piolín.
— ¿Por qué?
— Porque se fue con el Globito

2.2
— ¿Sabés cómo le dicen a River?
— No. ¿Cómo?
— Caperucita Roja.
— ¿Por qué?
(Obvio (a mí estos dos me los contaron en orden inverso, la misma persona, supongo que tiene tele en su casa):)
— Porque se fue con el Lobo.

3- La culminación del sentido, el non plus-ultra, el apogéo de la inventiva popular
Quizá los hinchas de River aprecien que quede todo dicho de una vez así no les hinchan más las pelotas y listo. Igual fue muy notorio (a mi parecer, o desde mi perspectiva) el grado de solidaridad que espontánea e individualmente todos hemos tenido con nuestros amigos de River: nadie salió con los botines de punta, todos respetamos el duelo, y el chiste que ya se nos había ocurrido lo soltamos recién en el momento de los velorios en los que los nervios permiten la risa.
Y bueno, el mejor que escuché, y después say no more:

— ¿Sabés cómo le dicen a River?
— No. ¿Cómo?
— Gallinas.

Esto que pasó les juro que yo jamás lo hubiese creído. Merece un epílogo.

EPÍLOGO:
Postales caprichosas:
El Turquito Mohamed, cuyo equipo apabulló (una vez más y como siempre que hay algo importante en juego) al club de sus amores. Si el Turco hubiese manifestado en su momento otra cosa en vez de algo medio falto de esperanza con respecto a Huracán: “Ojalá que Huracán no tenga que definir ante nosotros”, quizá el universo pudiera haber llegado a imaginar otro rumbo para los acontecimientos que lo conforman y le son parte.
El jugador de Boca hincha de Huracán que metió los dos goles ante Gimnasia.
Palermo que, siendo jugador de Boca e inequívocamente manifiesto hincha de Estudiantes, pensó en no jugar la última fecha ante Gimnasia por su amistad con el Guille, pero termina jugando.
El Guille que apareció ascendiendo a Gimnasia (quizá este dato no sea cronológicamente exacto, en cuyo caso ruego sea interpretado metafóricamente) y se retira acompañando hidalgamente su descenso de sol en el ocaso. (Ojalá que siga el Guille, en un momento dado fue el mejor jugador del fútbol argentino, y la dupla que hacían en Boca con el Caniggia (o como se escriba) no me la olvido más; sin ser específicamente hincha de Boca, ver esa dupla en la cancha (en el equipo contrario, en mi caso) fue uno de los máximos lujos que el fútbol lujoso me dio. Perdimos 4 a 0 contra ellos. Y no recuerdo bien, o si fue un sueño, que me sangraban rojas las manos de tanto aplaudir fútbol. Si fue así, seguro que mis aplausos eran acompañados de una arenga del tipo: “¡Che, esto hay que aplaudirlo! ¿Somos o no somos Independiente? ¿No les gusta el fútbol? ¿Desde cuándo no existe en el hincha de Independiente la concebibilidad de aplaudir el fútbol del equipo rival cuando linda con lo maravilloso?” Porque me parece que incluso si fue un sueño, el único que aplaudía era yo. Mi amigo me decía que nos fuéramos, que ya no había nada que ver. No le dije nada. No sé si era que me miraban mal o qué. Unos boludos: ¿por qué no miraban el partido, que estaba zarpado de un fútbol espectacular? No me acuerdo que hizo él al final. Yo supe lo que tenía que hacer: era uno de los pocos elegidos para ver la Revelación. Y la estaba viendo, ¿o dónde me iba a ir? ¿Y a qué? En fin, me dio pena por el Guille, que se retire así. No sé cómo fue el partido, no lo vi.
El Bichi Fuertes, que es el que manda a la B a River. Ahora, retrospectivamente, queda clarísimo: a River a la B lo mandó el gol del Bichi Fuertes en el Monumental. A partir de ahí ya el desmoronamiento había empezado, al menos a mi parecer. El Bichi Fuertes pidiendo perdón en vez de festejar su gol.
(¿En serio que el hincha de River está pidiendo la cabeza de J. J., que, sin entrar en detalles, tuvo el coraje de inmolarse, en vez de pedir la de Simeone, que sacó en su última campaña en River considerablemente menos puntos que los que sacó el equipo bajo la conducción de J. J.)
J. J., que ya había descendido dos veces como técnico y el Olé que se lo recuerda al hincha de River recién en la última fecha.
La actitud del Bichi Fuertes creo que sintetiza la actitud que a tomado la tribuna universal. Lo antedichos: Hasta en los velorios se hacen chistes, con mayor o menor grado de tacto y oportunismo, en el mejor sentido de la palabra.

miércoles, 29 de junio de 2011

A tragarse este sapo

Tengo una cosa en el buche que no puedo digerir y, tal vez, algún debate o algún consejo de Uds. pueda disolver ese bolo y por fin pueda tragar el sapo.

(El descenso tiene miles de razones, muchos culpables, ningún resposable... ok, es otro debate. El dolor, la pena, la virginidad rota, lo que ya nunca va a volver a ser... ok, es otra cosa también. Recomiendo el post anterior a este que es muy, pero muy bueno.)


River ya descendió. Somos vampiros, ya nos mordieron con ese veneno del descenso, ahora, no le tengo miedo a ninguna otra desgracia porque somos la vergüenza. Y aunque siempre se puede estar peor, prefiero tener esperanzas en que vamos a empezar a mejorar, de algún modo.


Al tren de la esperanza, me subí en la estación del entusiasmo. Me había entusiasmado, seguramente como mecanismo de defensa ante la desgracia, con ir a la cancha todos los partidos que River juegue de local (porque de visitante no te dejan ir),me había entusiasmado con ver la cancha llena de alegría después de la tristeza, me había entusiasmado con la idea de resurgir agigantado. También entusiasmé a varios amigos fanas de River, que se hicieran socios, que apoyemos, que fuéramos juntos a la cancha.


Incondicionalmente.


Pero... no, me quieren cortar la piernas (qué lástima de Diego no es de River, las declaraciones que se perdió la humanidad). El sapo que no me quiero tragar ahora es el tema de la pena impuesta por los disturbios causados con posterioridad al descenso.


El análisis que hago es el siguiente:

Se sabía que iba a haber quilombo, se intentó jugar sin público después de lo que pasó en Córdoba. Se armó un dispositivo (que nunca funciona, ni funcionará) con 2500 policías. La indicación de jugar igual con público a pesar de saber que iba a haber lio fue del comité de seguridad. La cantidad de policías fue determinada por el comité de seguridad, obligando a River a hacerse cargo de los costos. La distribución, organización y demás detalles de la seguridad está a cargo de la Policía Federal contratada a tal efecto.


Ahora, lo platos rotos los paga el club y la afición riverplatense. Fíjense que no digo hinchada, la afición es un término más amplio y dentro de la afición la hinchada es una minoría. La barra brava, a su vez es una minoría dentro de la hinchada, los revoltosos, un grupo más diminuto aún.

Y cuando digo afición, me refiero al que palpita cada partido y sufre o festeja.  Mi hermano, por ejemplo, que vive en Catamarca, que tendrá que ver con todo esto. Y tantos otros. El papá de Rolando que está triste, mi primo que vive en Bélgica, 6 millones de etcéteras.

Yo soy un ingenuo terrible, seguramente. El análisis mio es muy liviano, pero si profundizo capaz que encuentro más razones para sentirme así. Porque no entiendo por qué ahora el comité de seguridad dice que va a suspender a River de local por 20 partidos y con la quita de puntos, si los que fallaron en el operativo fueron ellos, porque lo armaron ellos como les pareció a ellos. Y River cumplió lo que le pidieron hacer.

Si, además, los policías no se gastan en identificar o detener y someter a la justicia a los que hicieron desmanes. Porque los que rompieron cosas son personas de carne y hueso, no fantasmas que representan a River. Son desequilibrados mentales que viven en nuestra sociedad, que tiene sus problemas y son extra futbolísticos. Y pretenden hacer responsable a River, en este caso, parece.


No entiendo.

Se me vienen a la cabeza estos ejemplos:

Es como si en la época de los saqueos a los supermercados, a alguien se le hubiera ocurrido sancionar al supermercado por no evitar los disturbios que se veían venir.
Es como que la culpa es de la mujer que provoca sólo por existir y no del violador. O la culpa es del fabricante de ropa o de los shampúes que hacen tan linda a la mujer.
Es como que si chocara un borracho, la culpa fuera de las fábricas de vino, o de todas las provincias cuyanas, porque no. O de los hijos del borracho que no hicieron nada para detener a su padre.


Me parece tan absurdo el castigo, como cómodo y pajero, porque es más fácil castigar al club que buscar a los responsables, a las personas que rompieron todo. Sé que son las medidas que se vienen practicando desde que a alguien se le ocurrió esta forma absurda e inútil de reprimir. Es más fácil hacer cualquier cosa que resolver el problema. Y este tipo de castigos ya demostró no tener resultados.

Yo no sé cómo se resuelve el problema, pero castigar al club es como castigar al supermercado, a la mujer o a las provincias cuyanas.


Y no me quiero tragar este sapo. Y no sé cómo hacer para ser escuchado y que alguien me explique por qué me lo tengo que tragar igual.

Abrazo de gol.

lunes, 27 de junio de 2011

Tribuna riverplatense

Bajo este título invitamos a los hinchas a dar sus impresiones sobre LO QUE ESTÁ PASANDO.
Hoy opina Pablo Ingberg.

BiBa RiBer

(La primera vez duele más)

Vamos a perder una virginidad: la de no haber jugado nunca en la B. DeButemos con placer. Hagamos la experiencia. (Con forro, por favor.)

Grandes son los que tienen humildad y entereza para levantarse cuando caen.

Ser hincha del que gana es fácil. Y si es de uno que gana siempre (si se diera), es superficial. Quien no conoce las honduras del dolor no conoce la altura de la alegría.

Yo nací en 1960 y soy hincha de River desde los 3. Tuve que esperar hasta los 15 para verlo campeón. (Espero no esperar tanto para verlo campeón de la B.)

Que caigan los grandes democratiza el fútbol. Que baje un equipo de la Capital y suba uno de otro lado lo federaliza. Así se reparte la riqueza, así las alegrías y las penas. Estemos contentos de haber contribuido a eso con nuestra tristeza de hoy, contribuido a la alegría que reciben otros a cambio. La alegría legítima, no la de los miopes que escupen para arriba y tal vez pronto tengan que limpiarse su propia saliva de la cara.

Aguilar quebró el club. Grondona premió a Aguilar. Barras recibieron su mordida. Ése es el único pasado que merece revisión. Lo demás es anécdota, llorar sobre la leche derramada. Penales que no nos cobraron, algún gol mal anulado y otros fallos en contra: sí; pero eso no explica 3 años de campaña paupérrima, ni un cúmulo de errores propios en el último campeonato: porcentaje de efectividad en situaciones de gol pasmosamente bajo (grandes atacantes y mediocampistas que no aprendieron a embocarle al arco y errarle al arquero); pobreza de juego (habilidosos que no consiguen armar una jugada en equipo más que una vez cada tres partidos); cagazo (grandes defensores y mediocampistas a quienes la pelota les quema en los pies cuando la cosa se pone peliaguda); errores o desgracias pueriles de arqueros o defensores que regalan o se hacen goles o penales; y todo eso en parte por fallas de dirección. Total: sólo anécdotas para el olvido, como en las mejores familias. Son buenos muchachos que tuvieron que atravesar un mal período y todavía van a darnos alegrías. Passarella acaso se confió, no supo estar del todo a la altura, pero agarró una brasa ardiente y todavía puede mantenerla encendida para que el fuego resurja. JJ se mancó al final y habrá cometido errores, pero hizo la mejor campaña de River en los últimos 3 años. No me interesa particularmente que se quede, pero me molesta la injusticia exagerada y morbosa de último momento. Además, fue un jugador extraordinario de mi primer River campeón, igual que Passarella. Tienen parte de responsabilidad, pero no tanta, y ¿de qué sirve seguir desangrándonos por las boludeces del pasado? No se trata de crímenes de lesa humanidad. Hay que construir con lo que hay.

Muchachos riverplatenses: a bajar el penacho del orgullo, a bancarse el dolor con humildad y entereza. Es duro, como si se hubiera muerto un ser querido. Hagámosle el honor, entonces. Apoyemos para que resurja de las cenizas.

Nunca tuve camiseta, porque sería redundante: la llevo impregnada adentro. Pero si tuviera una, en estos días más que nunca la llevaría puesta a todas partes.

lunes, 2 de mayo de 2011

Fútbol y medios

Entre el fútbol y yo están los medios.
Hace rato que no juego a la pelota.

Y lo que sucede es esto, por ejemplo: el clasico de Avellaneda me encuentra en Rosario. Intento seguir el segundo tiempo desde la página web de Canal 7. La imagen zafa pero el audio está raro.



Pruebo ver la pantalla y prender la radio. La antena está rota así que no tengo AM. Y la única FM que encuentro transmitiendo el partido se escucha así.



Ahora en casa. Antes con Fibertel podía desenchufar el cable que entraba al módem, meterlo en la tele y ver cable pipí cucú. Pero desde que me reconecté, con el nuevo tendido, sólo banda ancha. Así que volví al aire. Tengo un 21'' pantalla plana... con antena retráctil. Y este clásico River-Racing se ve así.



Por lo menos el fútbol sigue teniendo mucho de imaginación.

domingo, 18 de abril de 2010

Angel Cappa: técnico de este River famélico

Fui a la cancha. 2-1 a Godoy Cruz puntero. River volvió a hacer un gol después de 530 minutos. Pero...



La propuesta de Cappa debería tender en los papeles a cumplir el objetivo básico. Dicho por él mismo: "Tenemos que pelear el campeonato para salvarnos del descenso. Debemos mirar para arriba”. Cappa es el ícono representativo del paladar del hincha más exigente. Es el superhéroe del fútbol: tiene ángel y tiene capa y vino a salvarnos de la mano del buen fútbol y esas puteadas profundas.


Pero lo tengo que decir… tengo el corazón partido.

Jugar bien es el camino más corto para ganar. Dicen que es sabido eso. Blanqueémoslo: en este momento, me parece una frase naif que se acepta como una hipocresía generalizada. A mí no me lo venden.

Lo veo a Cappa renunciando en octubre, porque no le trajeron lo que él pidió, porque los que se quedaron no sirven para lo que él necesita, etc.

Tengo el corazón partido. Hay momentos en que las papas queman (y en este momento en River las papas ya están calientes, el menos) y hoy hay que ganar como sea. “Jogo bonito”, sí, muy lindo, pero no me importa. Hay que salir de la posición incómoda, dar la espalda a la tabla que divide por tres.

El Huracán de Cappa se conformó con ser un buen equipo que no logró su objetivo. Apenas un vientito suave y agradable que tiene su página en Facebook.

Salió segundo. Sí, es verdad. Jugando lindo, Sí, todo bien.

Al Huracán de Cappa le faltó la espada y le falló el corazón justamente en el último partido.


Cappa, en el mejor de los casos, tratará que Funes Mori sea Pastore, Ahumada sea Bolatti, Mauro Díaz sea Defederico… No me lo creo, ni en cien partidos. Necesitamos otra cosa. Que resucite el búfalo Funes, quiero un Ruggeri, un tano Gutierrez, al negro Enrique, Astrada y Hernán Díaz, el chapa Zapata (el otro, no el que juega en Vélez), Passarella, Merlo, Enzo, por Dios!!!

- ¡Ah! Con hinchas como vos, ¿qué querés?
- Le pongo las pilas que tengo, le pongo aliento, pago la cuota todos los meses, fui a votar, voy a la cancha y espero equivocarme, pero no como vidrio. Tengo el entusiasmo cansado y el corazón partido entre la esperanza y la realidad.

Cierro con algunas coincidencias tiradas de los pelos, como para buscar aire donde sea:

Cappa es…
Ángel como Labruna,
como la bruja Berti,
como Juan Pablo,
como Comizzo,
como Ramón.

lunes, 29 de junio de 2009

Tito Corsi

Por Hilario González

El 25 de mayo pasado se jugó la final de veteranos. Al leer esta nota a cualquier hincha de River lo primero que se le viene a la cabeza es por qué mierda el Enzo no se pone la 9 de la banda y nos dejamos de joder. Y, tal vez, no estaría mal discutir en serio ese tema.

Pero, accidentalmente, mi ojo se puso en otro lado. En la foto, el jugador de Argentinos que está por recibir el pelotazo es Tito Corsi. Tito Corsi la rompía en el patio de la Castrense, la iglesia que queda en Cabildo al 400. En su patio había una canchita de baldosas que abría sus puertas todas las tardes de 3 a 5 (ni un minuto antes, ni un minuto después) a todos aquellos pibes que querían acercarse a Dios a través de la pelota. Un camino válido, si se quiere, pegándole a tres dedos o de puntín.

Tito hacía lo que quería a los 14 o 15 años. Tiraba seguidillas de caños, la mataba con el pecho, le pegaba de volea, tijeras, chilenas, de zurda, de derecha. Era generoso en el pase y solidario en la marca. Además, tenía una jugadita marca registrada: en plena carrera, pisaba la pelota, como parándose un segundo sobre ella y volvía a arrancar casi sin frenar. Era inevitable. Aunque sabías que te lo iba a hacer, te dejaba parado como un boludo. Tito era buen pibe, un flaco alto de esos que tienen el torso más largo que las piernas. Andaba siempre sonriendo. Pero no iba a misa. Pronto le perdí el rastro.

Cuando apareció en la primera de Argentinos (por los ochenta, más o menos), me acordé de sus pinceladas en el ámbito eclesiástico, esa gracia para moverse, la fina estampa de un crack. Me llamó la atención que Tito fuera considerado un mediocampista rústico, tosco y casi intrascendente. Inclusive tildado de mala leche en algún que otro partido. Pasa, supongo, con los que conocimos a alguien que después se hace famoso: no nos olvidamos lo que alguna vez dijeron de él. No lo supieron apreciar.


Los otros días Tito se enfrentó en la cancha con ídolo de toda mi vida. Pero que me perdone, yo en su lugar no me tapaba la cara. Hubiera rezado para que el pelotazo me pegara en un ojo para luego poder decir que el moretón me lo había hecho el Enzo Francescoli.

miércoles, 22 de abril de 2009

Boca - River

por Alejandro Güerri

Fui a
Cambalache a ver el superclásico (¿cuándo se bautizó así este partido y por quién?), la pizzería donde vamos con mi amigo Topo cuando River juega de visitante y donde asombrosamente está invicto. Esta vez se sumó Fede.

Venía de un sábado mal dormido y el partido era por momentos un sueño y por otros una pesadilla. Sabía que el resultado incidiría en mi ánimo el resto del domingo y no sé qué me ponía más loco, si la cantidad abrumadora de publicidades que impedían ver el juego en la parte de abajo de la pantalla o los pases que los defensores y mediocampistas de River le daban limpitos a los de Boca.

Cada vez que enfocaban la porra de Pipo se me escapaba una sonrisa. Recordaba el negocio que Topo me propuso sábados atrás: “Hagamos la Barbie Gorosito”.

En el entretiempo, con el alivio del cero a cero, me avivé que en la pizzería estaba Ángel, el ex portero de casa, y tuve un pálpito: “hoy ganamos seguro”. Siempre que me cruzo con ese tipo pasan cosas buenas. No dije nada a mis amigos para no ser yeta pero vi el segundo tiempo convencido de que victoria y millonarios eran sinónimos.


Cuando Palermo la clavó desde lejos, llegó la revelación: los hinchas de Boca se levantaron con un grito y los de River nos quedamos en silencio, a las puteadas por lo bajo.

El tiro libre de Gallardo me dejó afónico. Cagón y
valiente pensé: “si los bosteros hacen un gol ahora, nos lo van a gritar en la cara y se pudre”. Chau civilización.

Lo que se erró Falcao es una demostración más de que con la pelota en los pies el tigre es un queso. Que a rosales lo sigan poniendo resulta inexplicable (a veces creo que es un piojo López sin desborde ni centro ni gol ni ojete) y en general me enfurece.

Cuando iban uno a cero, les faltó Riquelme para poner el culo, aguantar la pelota, chichonear en el córner, hacer echar a un Pacogerlo y que la Bosta nos ganase con toque y ole de la doce. Mejor. No ser humillado de continuo contribuye a una mejor autoestima.


Salimos de
Cambalache con el uno a uno definitivo. No estábamos contentos pero sentíamos paz. Comentamos lo choto de la defensa con foco en Cabral, lo asustadizo que
parece siempre el Pato y lo bajo que está el Ogro. Dijimos como todo el mundo: "que deje de hablar y juegue".

Topo se subió a su bicicleta
y con Fede nos mandamos a correr.

miércoles, 8 de abril de 2009

Antes que los alemanes


"Entre todas las cosas que observo de los rivales, presto mucha atención a la ejecución de penales. Tengo estudiado a la mayoría. Conozco de qué forma patean por lo general. Les explico todo a nuestros arqueros y en muchas ocasiones, después del trabajo habitual, yo me encargo de tirarles penales. En la carrera les grito: Almirón, o Martino, o Marangoni, o Dertycia, y el arquero tiene que moverse hacia donde tenemos estudiado a cada uno. Si se trata de la definición de un partido, el que tira los penales difícilmente cambie su estilo habitual. Lo tira como siempre, porque así se siente más seguro."

Declaracion de Fernando "El Nano" Areán, técnico alterno del River del Bambino.

Sacada de El Gráfico Edición especial: River campeón, marzo de 1986.

martes, 3 de marzo de 2009

Once contra nadie

de Alejandro Güerri

En el bondi

Es el segundo partido de River que miro en un bar. Hoy contra San Lorenzo. La semana pasada, Boca perdía 1 a 0 con Lanús y la pizzería adonde fui estaba llena. A la hora de River-Banfield, sólo quedamos la dueña, los pibes del delivery, un amigo y yo. Tan desolado era el panorama que en el entretiempo salimos a dar una vuelta corta por el barrio, volvimos y no se había sumado nadie. Un título (qué digo, un tópico) se me viene a la cabeza: la soledad del millonario.
Hoy cambiamos de lugar para ver el partido: de la pizzería barrial con una tele chica al café de franchising con pantalla gigante. Pienso que Bilardo no admitiría este cambio: "Bar en el que se gana, no se toca".

En el bar

Impacta la porra de Pipo.
Primer tiempo:
0' 29'' San Lorenzo gana con un golazo de Santana. Tremenda voltereta de Solari.
1' 46'' No puedo creer que Rosales siga jugando al fútbol.
La ancha vincha negra: un tema aparte.
5' 22'' Golazo de González. 2 a 0. Un tiro libre soñado.
11' 16'' Cabral es un perro.
17' Botinelli pide un trago en el área de River, se lo toma y después patea. San Lorenzo 3, River cero.
24' 07'' Augusto (Fernández) hizo su segunda jugada individual. Buena suerte: el hobbit Buonanote la clava con ayuda de Orión. 3 a 1.
Entre los 25' y los 44':
Patea Abelairas desde afuera, casi entra. Confirmado: Orión enmantecó sus guantes.
Dice mucho del arquero que tenga escrito en su camiseta "Orión" con letra gótica. Pero ¿qué?
Bergessio está caído.
Mi amigo grita: "Lavandina, la concha de tu madre. Lavandina de mierda".
45' Gol de Gonzalo "Lavandina" Bergessio.

Pipo no se despeina.
Segundo tiempo:
Entra el Ogro. Mete un topetazo. Amarilla. Un taco habilitador para el Gatito Falcao. Y poco más.
Vuelve el Muñeco: su cámara lenta sigue intacta. En uno o diez partidos más, sus centros van a llegar al área.
Ahumada hace echar al Papu Gómez. Mi amigo comenta que este croto que es el cinco de River tiene ojos de tiburón.
Pitazo del referí y los gallinas salimos del bar, picoteando el suelo de bronca.
Ah, San Lorenzo hizo otro. 5 a 1.

En casa

Desde Simeone para acá, River juega con la remera de River pero en realidad es Racing. Por suerte todavía no se avivó la hinchada y no arrancó el culto al sufrimiento.
Si Cabral no confirmara la teoría, Ojeda tuviera más ojete y Ferrari se llamara Pablo en vez de Paulo, habría defensa y con seis, siete cambios más, un equipo pulenta, hambriento.
Oh, Pipo, ¿quién peinará tu peluca cuando te la quites tristonio en el vestuario y la cuelgues en la cabeza de telgopor?

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ganar o ganar

de Hilario González

El fútbol es un estado de ánimo. River pasó de Campeón a último en sólo seis meses y ahora, por ganar dos partidos seguidos, ya se creen todos los problemas resueltos. Todo porque un gordo camorrero y boca suelta vino a copar la parada. La manga de inservibles que terminaron el torneo pasado, de pronto se esconden detrás del gordo y ponen coraje, al menos, para salir del pozo.

Pero el tema es otro. Me quiero meter en un barrio ajeno y tratar de ver las cosas como si pudiera ser un imparcial investigador de laboratorio.

Este fin de semana Independiente y Racing juegan un clásico aparte, como se dice siempre. En esta coyuntura particular, más que nunca, de los tres resultados posibles, para ambos sólo está permitido uno: GANAR. Obviamente, esto es imposible, para los dos al mismo tiempo. Ambos equipos lo saben. Lo saben los directores técnicos, los dirigentes y los jugadores.

El hincha, cada hincha, no admitirá una derrota de su equipo. La hinchada como suma de hinchas es más intolerante aún. En el perdedor, probablemente echen al técnico, los compañeros se pelearán entre sí, habrá apriete de la hinchada y los dirigentes darán alguna explicación a los sin consuelo, etc. Esto también lo saben los directores técnicos, los dirigentes y los jugadores.

Si tenemos en cuenta el proceso lógico que surge del equilibrio de voluntades contrapuestas, se vislumbra una tendencia silenciosa hacia el empate. Un acuerdo tácito, inconsciente: el miedo a la derrota, individualmente condicionará a cada protagonista y estará presente hasta en el árbitro que no querrá ser el causante de ninguna catástrofe. Habrá empate, entonces.

Por las dudas, abro el paraguas: en el fútbol poco tiene que ver la lógica y sabido es que resulta necio apostar en base a un análisis de este tipo. La pelota es caprichosa y, además, mucho y cada vez más los estados de ánimo son determinantes.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Subjetivo

De Alejandro Güerri.


Deseo que Boca no salga campeón y hay probabilidades de que eso ocurra.

Soy hincha de River, un equipo que ahora no juega al fútbol y está último en la tabla.

Vi Tigre Rosario. Todo el tiempo sentí que Tigre lo iba a ganar. Hasta cuando estaba dos cero abajo a los once del primero. La actitud, la concentración y las ganas de ganar de ese equipo son tremendas.

El fútbol de Lanús me fascina (vi nada más que los goles esta vez).

Me gusta Riquelme como futbolista y número diez y me parece que su resentimiento le impide ser todo lo grosso que podría. Cuando se alegra, saca la cara de llanto, juega increíble y se pone medio contento. Un tema emocional.

La foto de Solari en la tapa del Deportivo del Clarín del lunes, festejando un gol, me hizo acordar al Vigo Mortensen del Señor de los Anillos. Un ser de otro planeta.

Jugar al fútbol es una forma inmediata de conocer a las personas.

Jugar al fútbol es divertidísimo.

Puede haber tres campeones el próximo domingo.
Así hasta que quede uno.
El campeón.

Ojalá se resuelva para las fiestas.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Aguilar: vó so loco pibe?

Por Fabián Preciado
"Tranquilo Pipo, que cuando vengan a casa le hacemo precio"

Perdón. Ya se que hace rato que no posteo en en el blog y que a raíz de esto me voy a ganar alguna puteada, pero es imposible no decir algo al respecto:

¿Gorosito? O sea, ¡Go-ro-si-to!

Yo pensaba que la dirigencia de River no podía superarse a sí misma pero ¡Gorosito! Naaaaaahhhhhhh...

(N. del R: todavía recuerdo aquella bandera colgada en la popular de Lanús que rezaba: "YA SE FUE PAPPO; YA SE FUE EL PAPA; ANDATE PIPO")

lunes, 20 de octubre de 2008

Tiempo de cambios

por Fenando Aíta

Hace una semana se fue Borghi de Independiente. Había llegado pregonando el juego bonito, el ir a buscar el arco rival, libertad para los creativos, arriesgar. Después de una campaña pobre, caracterizada por la mezquindad de sus planteos y sus cambios, y un juego desabrido, dio un paso al costado. Ojalá que en el futuro le vaya mejor y sea fiel a lo que se le escapa de los labios.
Este fin de semana dirigió Santoro (que ya tendría que haberse quedado como DT después de alguno de sus interinatos. Paréntesis: qué recibimiento el de la hichada de Central a Madelón, a quien los dirigentes echaron inexplicablemente después de salvarlos del descenso). Con los mismo jugadores (que ya conocía, aunque privilegió a pibes salidos de las inferiores: Calello, Caracoche, Fredes, Rodríguez y Ríos) y un esquema similar, Pepé logró cambiar la actitud: el equipo salió a presionar, atacó, metió y el Gordo Núñez metió dos golazos. (Colón descontó de penal).
Esta semana, después de no encontrarle la vuelta al juego y de que no se dieran los resultados, se fue El Coco (rumores igual que en Independiente: los jugadores están más preocupados por cogerse modelos que por jugar). Gracias, Coco, por todo, es un buen momento para abrirse porque el reemplazante tiene todo el verano para laburar.
Ahora: ¿A quién se le había ocurrido que Simeone podía dirigir a La Selección? Claramente una campaña de representantes y periodistas para instalarlo como candidato. Tarde o temprano el Cholo será el técnico: mejor tarde (me remite al menemismo a la selección de Mascardi que condujeron Passarela y Bielsa, diez años de no poder disfrutar ni del juego ni de los resultados ni de la Copa América). Nadie le resta mérito por lo de Estudiantes, pero ayer en el Superclásico, Boca nos hizo un favor a todos los argentinos: River perdió de local con uno más y quedó en el fondo de la tabla (junto a Central con 8, a 17 de la punta). (El equipo de Simeone tiene los mismos problemas que se le achacaron al Coco). Y Román demostró por qué es tan grande: se puso el equipo al hombro y la pelota bajo el botín.

Russo, con San Lorenzo primero y contundente (8 ganados -6 al hilo-, 1 empate, 1 perdido) más allá del resultadismo, está demostrando que sabe conducir un plantel numeroso y que tiene una idea de juego definida: con altibajos, San Lorenzo juega bien a la pelota (San Matín de Tucumán también). Puede que en el futuro sea un buen candidato para la celeste y blanca.
Pero ¿qué duda cabe de que Batista se ganó el derecho a ser el sucesor de Basile?

Primero: ganó la medalla de oro en Beijing (lo único, además de ser un gran profesional, que pueden decir los partidarios de Bielsa, tan reivindicado después del triunfo contundente de Chile). Pero Batista no carga con una histórica eliminación del mundial en primera ronda.
Segundo: Batista ganó las Olimpíadas con un plantel muy parecido al que viene peleando las eliminatorias, con la renovación generacional que impone el sub-23 (Monzón, Zabaleta, Pareja, Garay, Di María, Romero, etc.), y que muchos reclaman. O sea, conoce a los jugadores; no es empezar de cero.
Tercero: el Checho (campeón del mundo, por malo que fuera) ganó las olimpíadas jugando al fútbol, con huevos y toque, sabiendo a qué jugaba, y con Riquelme y Messi, Gago y Mascherano, juntos.

Que Maradona lo acompañe a todas partes (lo mismo que Bochini, dentro de la cancha todo, pero como técnicos...), Bianchi que vuelva a dirigir y demostrar que es un ganador, Ramón Díaz (gran motivador y ganador) que se dedique a los negocios, y Bilardo que siga como periodista que cada vez le sale mejor.

Ojalá Batista pueda repetir lo que ya demostró.

martes, 30 de septiembre de 2008

River 3 – Racing 3: cronista mojado y de mal humor

Por Hilario González

El clásico más antiguo del fúbol argentino, jugado en el estadio Monumental, el 28 de septiembre, Día Nacional del Hincha de River Plate (sic) en homenaje al nacimiento de Angelito Labruna (no creo necesario un link)...

Así podría haber empezado, pero no. Si alguien sabe algo de reciclar papel, le paso el estropajo en que quedó convertida mi libretita de apuntes y hablamos. La lluvia aguó mi intención de hacer una buena crónica del partido: me mojé hasta las pelotas.

El agua sólo me dejó unas imágenes en la memoria y un par de fotos en la camarita del celular:

1- Moralez es verdaderamente más pequeño que el banderín del corner. Eso no impidió que cada vez que Gerlo le mostrara la raya, el enano se abusara de Paco.

2- En el gol de Buonanotte, la pelota pegó en Rosales que estaba en Babia (esto sí que vale un link), se había quedado parado señalándole al árbitro la posición que debía mantener la barrera (no sé si esto se vio en la tele, pero yo lo vi posta). El rebote descolocó a Martínez Gullota (que quiere y quiere ser protagonista) que no pudo retener y bla, bla, bla.

3- El partido fue el show del resbalón y del gol accidentado, protagonizado por dos equipos que vienen con la pata izquierda. Como no fue posible que los dos perdieran, el azar se confabuló para arreglar un empate en base a rebotes caprichosos.

Cruzando insultos con el pelado en cuero y otros racinguistas.


Una jugada que no fue gol.


“Flaco, apagá la cámara que es mufa” y no saqué más fotos.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Sexta, sexta

por Alejandro Güerri

Argentinos 0 - Boca 0
Ojo con Peñalba, un jugadorazo.
El mano a mano con el arquero: un momento trágico y sublime. Caranta se lo tapa a Romero.
"Hoy si no las metés, no ganás", dice Morel.
¿Y mañana?

Lanús contra otro equipo: 3 a 3
Alguien que haga un dibujo animado, cuyo superhéroe sea Chiquito Bossio.

Independiente 3 - Gimnasia (Jujuy) 2

Núñez goleador.
La cara de dragón de Borghi. "Che, qué corbata linda", le dice al periodista.

Central 3 - Arsenal 0
Caño y sombrerito, lujo del Equi.

Racing pierde contra otro equipo
44 del segundo, gol de ojete. No sé cuánto Gullota, un choto. La desgracia infinita de Racing.

Tigre 3 - G.E.L.P. 1
Hacer un gol en contra, lo peor del fútbol.

Estudiantes 1 - San Martín Tucumán 1
Renunció Boquita.

River 0 - Vélez 1
El Cholo se enoja un montón.
¿Será bueno eso para los jugadores?

San Lorenzo 3 - Banfield 1

El gol de Solari.
Pared y toque por arriba.
Lo mejor de la fecha.
"Estoy contentísimo", dice el Indio.

martes, 19 de agosto de 2008

River 2 - Central 0: saltar el cerco

por Hilario González

Empezó el apertura, al menos para mí, que sólo piso el Monumental cuando no llueve, cuando no hace mucho frío o cuando no hay amenazas de tiroteo.

El día estaba lindo, la hinchada tranquila, así que encaramos para la cancha. La preocupación inicial no es cómo va a formar el equipo del Cholo, sino llegar a ubicarse en la tribuna. Aquí van algunos consejos para que la tarde sea feliz.

Lo primero es estacionar el vehículo (sí, voy en auto, ¿y?) sin que los borrachos del tablón te mangueen: “colabore con 20 mangos, don”. Obviamente, la cantidad a abonar es inversamente proporcional a la distancia al estadio. Mi experiencia indica que el lugar señalado en la imagen es ideal: costo, $0 y por ahí está lindo para caminar.

Luego, la tarea es sortear los controles policiales. Se recomienda el recorrido en verde, entrando al área como Diego esquivando ingleses. Pensemos que si el cerco policial fuera eficiente, bastaría sólo un control. Dado que hay por lo menos cuatro controles antes de llegar al estadio, se infiere un reconocimiento tácito su ineficiencia. Y así es:

Cerco policial 1: demora el acceso al barrio River. Basta caminar una cuadra para el costado y entrás tranqui por la diagonal del medio. Ahí no hay nadie.

Cerco Policial 2: impide el cruce de hinchadas desviando a los de River para Monroe. Como venís desde adentro del barrio, vas en sentido contrario al control y pasás sin ser detenido.

Cerco Policial 3: controla que gente sin carnet o sin entrada se aproxime al estadio. A su vez, la montada suele arremeter para que el ingreso sea más fluido. Ahí hay que esperar un minuto, a cada rato el oficial se pone a discutir con otros que tienen que entrar por otro lado. Entonces, empujado por un caballo que se te tira encima, pasás a la fuerza, sin que nadie te controle.

Cerco Policial 4: este es importante, es el famoso cacheo. Estudiando el panorama, se puede encontrar una fila donde sólo hay mujeres policía. Pasás sin que nadie te toque.

Listo, ya está. Estamos adentro. Sentados cómodamente. De haberlo querido, hubiéramos podido entrar con un lanza misiles bajo las pilchas.

Empieza el partido. El Cholo gesticula, mueve sus piezas. River tira centros que pasan a 2,10 metros del piso y ya no está Abreu. Pero eso es otra historia.