lunes, 10 de junio de 2013
El fútbol es simple
jueves, 18 de agosto de 2011
Sentimiento indestructible
Por Hilario González
River Plate tu grato nombre arrancó su viaje exótico por las tierras inexploradas de la B Nacional. Un torneo muy difícil que no hay que subestimar, repiten los agoreros que alimentan el morbo de señoras que no saben nada de fútbol pero opinan en las verdulerías acerca de la triste realidad riverplatense. Porque en la B Nacional juegan hombres de patas peludas y dientes torcidos como hombres lobo y te van a hacer sentir el rigor de la categoría. Casi cualquiera habla de River y repiten lo que escuchan sin saber lo que pasa.
El panorama de las frases hechas en este tiempo muerto desde que el ascensor bajó a la B y hasta ayer, que por fin se abrió la puerta del túnel del Monumental, nos pintaba el viaje por la B Nacional como si fuera una travesía china por un paisaje desolador. Dicen que River va a viajar más de 1.000.000 km en un tour nefasto organizado por la Momia y Silvio Soldán. Parece que nos van a comer los caníbales, que los jugadores de la B Nacional fueran gladiadores, campeones de lucha libre, asesinos corta piernas o tuberculosos que si te escupieran te sacarían ampollas en la piel. El viaje por la B Nacional es un arreglate como puedas con dos fósforos y tres empanadas y estás en bolas en una isla salvaje donde la arena te calcina los pies y los nativos tienen porongas de 45 cm.
Para colmo la noche del debut, el histórico martes 16 de agosto de 2011, era horrible. La lluvia y el frío hacían presagiar la presencia del Yeti como forma palpable del fantasma de la B. Era una noche para el crimen, la antesala de una ejecución programada. Y, para abonar el aire mortuorio, River jugaba nada menos que con Chacarita.
Para sumar un poco más a la teoría del terror les quiero contar una historia que me llegó los otros días y no sé si la estoy robando de algún lado o lo soñé. La historia de un partido memorable entre empleados del cementerio de la Chacarita: Nicho Vs. Tierra. Los de Nicho eran más altos, flacos y pálidos. Los de Tierra, en cambio eran más bien morrudos y oscuros. Todo eso producto de que sus actividades diarias habrían moldeado sus cuerpos o bien debido a la selección de personal que hacía escrupulosamente la administración del cementerio. El partido se jugó en un terreno baldío que había entre las últimas tumbas y las vías del San Martín. Esa noche había niebla, llovía mucho y la cancha era un barrial. No había casi nadie mirando. Tan sólo un viejo linyera que estaba sentado sobre un carrito de supermercado, detrás de uno de los arcos. El hombre miraba atentamente las acciones y gracias a él la historia llegó hasta nosotros. El linyera contó que a poco de empezar, el partido se hizo áspero. El agua de lluvia y el barro lo hacían más espectacular. No había réferi, por supuesto y no se cobraba nada de nada. Era un partido entre hombres, por el honor o por quién tenía más huevos o la tenía más grande en el cementerio. Se jugaba poco, se pegaba mucho. La pelota flotaba de aquí para allá. La tierra se removía por los pisotones y las barridas de los jugadores y, entonces, de entre el barro empezaron a aparecer los primeros huesos. Los de Nicho y los de Tierra estaban tan enfrascados en su lucha que no se dieron cuenta. El hombre sí, el prestó mucha atención a lo que sucedía, pero no dijo nada. Sin proponérselo los protagonistas, el match entre Nicho y Tierra se transformó en un ritual satánico y cuando la lluvia se hizo más intensa y la noche más negra, ahí empezaron a salir los muertos. Al principio, todos ponían. Todos contra todos, como ciegos debajo de la lluvia torrencial. Pero pronto los zombies, uno a uno, fueron perdiendo el interés y se escaparon del cementerio en todas las direcciones. Cuenta el viejo linyera que vio varios de esos zombies jugar en la B Nacional. Así que no es de extrañar el mito ese de que el campeonato del ascenso es verdaderamente monstruoso.
Fui a la cancha, decía, a presenciar el arranque de River en la B Nacional. Fui con mi amigo Guille. El mismo que me llevó la primera vez al Monumental. Fue en algún momento de 1976. Estábamos charlando a la salida de misa. La familia de él y la mía. River jugaba esa misma tarde. Éramos chicos para ir solos. Guille dijo que iba y yo me moría de ganas, entonces mi mamá dijo que me iba a llevar, pero el padre de Guille se ofreció gentilmente. No me acuerdo con quién jugaba River. Por ese entonces, faltaba cerrar una parte de la herradura, todavía no estaba la tribuna donde ahora está el cartel electrónico y me impresionó que se podía ver el Río de la Plata. Esa tarde, la cancha estaba llena, el cemento se movía, había olor a panchos y a goles. Y esa tarde grité un montón. Y a esa tarde le siguieron muchos campeonatos felices, muchísimos, muchos más de lo que pueden decir otros. Por eso, yo asocio ir a la cancha con la felicidad. Siempre. A pesar de todo.
Entonces, Guille me llamó el lunes y me dijo de ir. Nos pareció simbólico que arrancáramos juntos el tan temido periplo por la B Nacional. Era como empezar de nuevo. Y ni bien entramos, los viejos miedos nos saludaron.
Las tribunas estaban colmadas de hinchas masoquistas que no creyeron en los pájaros de mal agüero que fabricaban las frases hechas. Nos hermanaba la desgracia y encontrábamos en el otro un brillo extraño en unos ojos de laucha y en los pelos de nutria sobre la cara y todos teníamos un rictus nervioso como soldados en la lanchas del desembarco en Normandía.
Era el día D. Había que estar llueva o truene. En el entretiempo, el agua corría por nuestras cabezas y espaldas y los monstruosos jugadores de la B Nacional ya no nos parecían espectros de seis cabezas, sino tipos normales, laburantes mal entrenados y torpes como cualquiera de nosotros o antiguas glorias que ya estaban de vuelta y mostraban sus últimas artimañas para sacar el partido adelante.
Al final, cuando el triunfo se había consumado, me pareció escuchar el aullido de unos lobos o era el ulular de un monstruo que se iba del Monumental para dar paso a la realidad. Pero no, no era nada de eso, era el rugido de la gente, la expresión de ese sentimiento indestructible del que me siento orgulloso.
miércoles, 29 de junio de 2011
A tragarse este sapo
(El descenso tiene miles de razones, muchos culpables, ningún resposable... ok, es otro debate. El dolor, la pena, la virginidad rota, lo que ya nunca va a volver a ser... ok, es otra cosa también. Recomiendo el post anterior a este que es muy, pero muy bueno.)
River ya descendió. Somos vampiros, ya nos mordieron con ese veneno del descenso, ahora, no le tengo miedo a ninguna otra desgracia porque somos la vergüenza. Y aunque siempre se puede estar peor, prefiero tener esperanzas en que vamos a empezar a mejorar, de algún modo.
Al tren de la esperanza, me subí en la estación del entusiasmo. Me había entusiasmado, seguramente como mecanismo de defensa ante la desgracia, con ir a la cancha todos los partidos que River juegue de local (porque de visitante no te dejan ir),me había entusiasmado con ver la cancha llena de alegría después de la tristeza, me había entusiasmado con la idea de resurgir agigantado. También entusiasmé a varios amigos fanas de River, que se hicieran socios, que apoyemos, que fuéramos juntos a la cancha.
Incondicionalmente.
Pero... no, me quieren cortar la piernas (qué lástima de Diego no es de River, las declaraciones que se perdió la humanidad). El sapo que no me quiero tragar ahora es el tema de la pena impuesta por los disturbios causados con posterioridad al descenso.
El análisis que hago es el siguiente:
Se sabía que iba a haber quilombo, se intentó jugar sin público después de lo que pasó en Córdoba. Se armó un dispositivo (que nunca funciona, ni funcionará) con 2500 policías. La indicación de jugar igual con público a pesar de saber que iba a haber lio fue del comité de seguridad. La cantidad de policías fue determinada por el comité de seguridad, obligando a River a hacerse cargo de los costos. La distribución, organización y demás detalles de la seguridad está a cargo de la Policía Federal contratada a tal efecto.
Ahora, lo platos rotos los paga el club y la afición riverplatense. Fíjense que no digo hinchada, la afición es un término más amplio y dentro de la afición la hinchada es una minoría. La barra brava, a su vez es una minoría dentro de la hinchada, los revoltosos, un grupo más diminuto aún.
Y cuando digo afición, me refiero al que palpita cada partido y sufre o festeja. Mi hermano, por ejemplo, que vive en Catamarca, que tendrá que ver con todo esto. Y tantos otros. El papá de Rolando que está triste, mi primo que vive en Bélgica, 6 millones de etcéteras.
Yo soy un ingenuo terrible, seguramente. El análisis mio es muy liviano, pero si profundizo capaz que encuentro más razones para sentirme así. Porque no entiendo por qué ahora el comité de seguridad dice que va a suspender a River de local por 20 partidos y con la quita de puntos, si los que fallaron en el operativo fueron ellos, porque lo armaron ellos como les pareció a ellos. Y River cumplió lo que le pidieron hacer.
Si, además, los policías no se gastan en identificar o detener y someter a la justicia a los que hicieron desmanes. Porque los que rompieron cosas son personas de carne y hueso, no fantasmas que representan a River. Son desequilibrados mentales que viven en nuestra sociedad, que tiene sus problemas y son extra futbolísticos. Y pretenden hacer responsable a River, en este caso, parece.
No entiendo.
Se me vienen a la cabeza estos ejemplos:
Es como si en la época de los saqueos a los supermercados, a alguien se le hubiera ocurrido sancionar al supermercado por no evitar los disturbios que se veían venir.
Es como que la culpa es de la mujer que provoca sólo por existir y no del violador. O la culpa es del fabricante de ropa o de los shampúes que hacen tan linda a la mujer.
Es como que si chocara un borracho, la culpa fuera de las fábricas de vino, o de todas las provincias cuyanas, porque no. O de los hijos del borracho que no hicieron nada para detener a su padre.
Me parece tan absurdo el castigo, como cómodo y pajero, porque es más fácil castigar al club que buscar a los responsables, a las personas que rompieron todo. Sé que son las medidas que se vienen practicando desde que a alguien se le ocurrió esta forma absurda e inútil de reprimir. Es más fácil hacer cualquier cosa que resolver el problema. Y este tipo de castigos ya demostró no tener resultados.
Yo no sé cómo se resuelve el problema, pero castigar al club es como castigar al supermercado, a la mujer o a las provincias cuyanas.
Y no me quiero tragar este sapo. Y no sé cómo hacer para ser escuchado y que alguien me explique por qué me lo tengo que tragar igual.
Abrazo de gol.
viernes, 8 de octubre de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
La hija de Pelé 3
Brasil salió derrotado. La hija de Pelé juró vengarse y recargó sus energías con un sonajero mágico que le vendió un vendedor ambulante de nombre Joseph. El Benja había quedado muy debilitado por el esfuerzo de la lucha del día anterior y, por su corta edad, no tuvo la más mínima chance: se dejó embrujar por el juguete maldito. 0-4. A nosotros también se nos acabó la joda.
A no desesperar, tenemos tiempo de prepararnos para la próxima. Pero ojo que la hija de Pelé juega de local y eso puede ser un arma de doble filo.
Después del partido, un cajero del Coto me dejó pasar gratarola un pack de cervezas. Me las bebí todas, así, al natural. A puro eructo me vi el velorio de TyC del fin de semana.
Hay una oportunidad única de derrotar a la hija de Pelé. Si logramos que Messi engendre un varoncito con Dalma, la dupla con el Benja va a ser imbatible en el mundial del 2030.
Paciencia, como aconsejó desde su triste exilio Antonio Di Benedetto (no confundir con el partenaire de Tití Fernández).
viernes, 25 de junio de 2010
La hija de Pelé 2
La llave de Argentina viene con México, Alemania, Inglaterra, Paraguay, Japón, España o Chile (se van a eliminar entre ellos) y casi seguro Portugal. Mortal!!!
La llave de Brasil: Uruguay, Corea del Sur, EE.UU, Ghana, Eslovaquia, Holanda y probablemente Suiza. Parece otra cosa. No digo fácil, pero sí menos complicada.*
El diablo metió la cola.
Minutos después del último partido de Argentina, llamé a la Caja y conseguí una rebaja de $100 en el seguro del auto. Hay que aprovechar el momento.
La hija de Pelé no perdona.
De nada sirve estar atento.
*Nota: Esta entrada es anterior a la definición del último grupo, porque en casa me quedé sin ARNÉ y quería meter esto hoy sí o sí.
sábado, 19 de junio de 2010
La hija de Pelé
La hija de Pelé está en Sudáfrica. Eso está a la vista. Se lesionan Pirlo, Suazo, Ferdinand, Essien, Diarra, Beckham, Drogba, Ballack, Owen, Adler, Robben, Bosingwa, Cabañas.
Brujería. Magia negra. ¿Me siguen?
España perdió con Suiza; Francia con México; Alemania con Serbia; Inglaterra empató magramente con Argelia; Eslovenia y Eslovaquia son el mismo país con distinto nombre, los van a descalificar.
Para disimular nos ilusionan. Todos los nuestros ganan. Parece que se ve a toda Sudamérica en la final. Pero la hija de Pelé va a poner lo suyo llegado el momento.
Se murió Saramago a los 87 años en una isla llamada Lanzarote.
Todo encaja. No cabe otra.
domingo, 18 de abril de 2010
Angel Cappa: técnico de este River famélico
La propuesta de Cappa debería tender en los papeles a cumplir el objetivo básico. Dicho por él mismo: "Tenemos que pelear el campeonato para salvarnos del descenso. Debemos mirar para arriba”. Cappa es el ícono representativo del paladar del hincha más exigente. Es el superhéroe del fútbol: tiene ángel y tiene capa y vino a salvarnos de la mano del buen fútbol y esas puteadas profundas.
Pero lo tengo que decir… tengo el corazón partido.
Jugar bien es el camino más corto para ganar. Dicen que es sabido eso. Blanqueémoslo: en este momento, me parece una frase naif que se acepta como una hipocresía generalizada. A mí no me lo venden.
Lo veo a Cappa renunciando en octubre, porque no le trajeron lo que él pidió, porque los que se quedaron no sirven para lo que él necesita, etc.
Tengo el corazón partido. Hay momentos en que las papas queman (y en este momento en River las papas ya están calientes, el menos) y hoy hay que ganar como sea. “Jogo bonito”, sí, muy lindo, pero no me importa. Hay que salir de la posición incómoda, dar la espalda a la tabla que divide por tres.
El Huracán de Cappa se conformó con ser un buen equipo que no logró su objetivo. Apenas un vientito suave y agradable que tiene su página en Facebook.
Salió segundo. Sí, es verdad. Jugando lindo, Sí, todo bien.
Al Huracán de Cappa le faltó la espada y le falló el corazón justamente en el último partido.
Cappa, en el mejor de los casos, tratará que Funes Mori sea Pastore, Ahumada sea Bolatti, Mauro Díaz sea Defederico… No me lo creo, ni en cien partidos. Necesitamos otra cosa. Que resucite el búfalo Funes, quiero un Ruggeri, un tano Gutierrez, al negro Enrique, Astrada y Hernán Díaz, el chapa Zapata (el otro, no el que juega en Vélez), Passarella, Merlo, Enzo, por Dios!!!
- ¡Ah! Con hinchas como vos, ¿qué querés?
- Le pongo las pilas que tengo, le pongo aliento, pago la cuota todos los meses, fui a votar, voy a la cancha y espero equivocarme, pero no como vidrio. Tengo el entusiasmo cansado y el corazón partido entre la esperanza y la realidad.
Cierro con algunas coincidencias tiradas de los pelos, como para buscar aire donde sea:
Cappa es…
Ángel como Labruna,
como la bruja Berti,
como Juan Pablo,
como Comizzo,
como Ramón.
lunes, 29 de junio de 2009
Tito Corsi

El 25 de mayo pasado se jugó la final de veteranos. Al leer esta nota a cualquier hincha de River lo primero que se le viene a la cabeza es por qué mierda el Enzo no se pone la 9 de la banda y nos dejamos de joder. Y, tal vez, no estaría mal discutir en serio ese tema.
Pero, accidentalmente, mi ojo se puso en otro lado. En la foto, el jugador de Argentinos que está por recibir el pelotazo es Tito Corsi. Tito Corsi la rompía en el patio de la Castrense, la iglesia que queda en Cabildo al 400. En su patio había una canchita de baldosas que abría sus puertas todas las tardes de 3 a 5 (ni un minuto antes, ni un minuto después) a todos aquellos pibes que querían acercarse a Dios a través de la pelota. Un camino válido, si se quiere, pegándole a tres dedos o de puntín.
Tito hacía lo que quería a los 14 o 15 años. Tiraba seguidillas de caños, la mataba con el pecho, le pegaba de volea, tijeras, chilenas, de zurda, de derecha. Era generoso en el pase y solidario en la marca. Además, tenía una jugadita marca registrada: en plena carrera, pisaba la pelota, como parándose un segundo sobre ella y volvía a arrancar casi sin frenar. Era inevitable. Aunque sabías que te lo iba a hacer, te dejaba parado como un boludo. Tito era buen pibe, un flaco alto de esos que tienen el torso más largo que las piernas. Andaba siempre sonriendo. Pero no iba a misa. Pronto le perdí el rastro.
Cuando apareció en la primera de Argentinos (por los ochenta, más o menos), me acordé de sus pinceladas en el ámbito eclesiástico, esa gracia para moverse, la fina estampa de un crack. Me llamó la atención que Tito fuera considerado un mediocampista rústico, tosco y casi intrascendente. Inclusive tildado de mala leche en algún que otro partido. Pasa, supongo, con los que conocimos a alguien que después se hace famoso: no nos olvidamos lo que alguna vez dijeron de él. No lo supieron apreciar.
Los otros días Tito se enfrentó en la cancha con ídolo de toda mi vida. Pero que me perdone, yo en su lugar no me tapaba la cara. Hubiera rezado para que el pelotazo me pegara en un ojo para luego poder decir que el moretón me lo había hecho el Enzo Francescoli.
martes, 26 de mayo de 2009
La canchita de mi barrio
Esta pintada data de 1975 y todavía sobrevive en la pared del Regimiento de Granaderos, en la calle Savio entre Santos Dumont y Concepción Arenal (cerca de Cabildo y Dorrego). En la foto, se ve el sector destinado claramente al visitante y lo que era el “Arco de Entrenamiento”, como lo llamábamos nosotros. (Alguna vez explicaré por qué es la cancha más rara en la que jugué).
sábado, 11 de abril de 2009
Ya lo dijo Jorge Luis
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.
... (si querés, sigue acá)
El entusiasmo que pone un ciego para superarse (aunque Borges no era ciego cuando escribió ese poema) se parece a lo que canta el hincha que, en cierto modo, sí es ciego:
River es pasión, locura de mi corazón
Te sigo adonde vas y cada vez te quiero más.
Los técnicos se van, los jugadores pasarán,
La banda quedará y nunca te va a abandonar...
El fútbol es un sentimiento inextricable, diría Borges.
La calesita de técnicos y jugadores que cambian camisetas tan rápido hacen del fútbol actual un tema borgeano, por lo cíclico, al menos. Pero el amor por la camiseta es pasión y esos cambios, si bien todo el mundo es un gran negocio, no le caen bien al hincha.
En este momento, lo que puntualmente me preocupa es que, después de la derrota en la altura, se anda rumoreando que se sentarían a conversar Diego y Riquelme para limar asperezas (otro tema: frases hechas en el fútbol).
Eso no lo acepto.
Como dijo Dolina: más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.
(...)
Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
Por Hilario González
(pidiendo permiso)
miércoles, 18 de febrero de 2009
Ganar o ganar
El fútbol es un estado de ánimo. River pasó de Campeón a último en sólo seis meses y ahora, por ganar dos partidos seguidos, ya se creen todos los problemas resueltos. Todo porque un gordo camorrero y boca suelta vino a copar la parada. La manga de inservibles que terminaron el torneo pasado, de pronto se esconden detrás del gordo y ponen coraje, al menos, para salir del pozo.
Pero el tema es otro. Me quiero meter en un barrio ajeno y tratar de ver las cosas como si pudiera ser un imparcial investigador de laboratorio.
Este fin de semana Independiente y Racing juegan un clásico aparte, como se dice siempre. En esta coyuntura particular, más que nunca, de los tres resultados posibles, para ambos sólo está permitido uno: GANAR. Obviamente, esto es imposible, para los dos al mismo tiempo. Ambos equipos lo saben. Lo saben los directores técnicos, los dirigentes y los jugadores.
El hincha, cada hincha, no admitirá una derrota de su equipo. La hinchada como suma de hinchas es más intolerante aún. En el perdedor, probablemente echen al técnico, los compañeros se pelearán entre sí, habrá apriete de la hinchada y los dirigentes darán alguna explicación a los sin consuelo, etc. Esto también lo saben los directores técnicos, los dirigentes y los jugadores.
Si tenemos en cuenta el proceso lógico que surge del equilibrio de voluntades contrapuestas, se vislumbra una tendencia silenciosa hacia el empate. Un acuerdo tácito, inconsciente: el miedo a la derrota, individualmente condicionará a cada protagonista y estará presente hasta en el árbitro que no querrá ser el causante de ninguna catástrofe. Habrá empate, entonces.
Por las dudas, abro el paraguas: en el fútbol poco tiene que ver la lógica y sabido es que resulta necio apostar en base a un análisis de este tipo. La pelota es caprichosa y, además, mucho y cada vez más los estados de ánimo son determinantes.
martes, 30 de septiembre de 2008
River 3 – Racing 3: cronista mojado y de mal humor
El clásico más antiguo del fúbol argentino, jugado en el estadio Monumental, el 28 de septiembre, Día Nacional del Hincha de River Plate (sic) en homenaje al nacimiento de Angelito Labruna (no creo necesario un link)...
Así podría haber empezado, pero no. Si alguien sabe algo de reciclar papel, le paso el estropajo en que quedó convertida mi libretita de apuntes y hablamos. La lluvia aguó mi intención de hacer una buena crónica del partido: me mojé hasta las pelotas.
El agua sólo me dejó unas imágenes en la memoria y un par de fotos en la camarita del celular:
1- Moralez es verdaderamente más pequeño que el banderín del corner. Eso no impidió que cada vez que Gerlo le mostrara la raya, el enano se abusara de Paco.
2- En el gol de Buonanotte, la pelota pegó en Rosales que estaba en Babia (esto sí que vale un link), se había quedado parado señalándole al árbitro la posición que debía mantener la barrera (no sé si esto se vio en la tele, pero yo lo vi posta). El rebote descolocó a Martínez Gullota (que quiere y quiere ser protagonista) que no pudo retener y bla, bla, bla.
3- El partido fue el show del resbalón y del gol accidentado, protagonizado por dos equipos que vienen con la pata izquierda. Como no fue posible que los dos perdieran, el azar se confabuló para arreglar un empate en base a rebotes caprichosos.
Cruzando insultos con el pelado en cuero y otros racinguistas.
Una jugada que no fue gol.
“Flaco, apagá la cámara que es mufa” y no saqué más fotos.
martes, 19 de agosto de 2008
River 2 - Central 0: saltar el cerco
Empezó el apertura, al menos para mí, que sólo piso el Monumental cuando no llueve, cuando no hace mucho frío o cuando no hay amenazas de tiroteo.
El día estaba lindo, la hinchada tranquila, así que encaramos para la cancha. La preocupación inicial no es cómo va a formar el equipo del Cholo, sino llegar a ubicarse en la tribuna. Aquí van algunos consejos para que la tarde sea feliz.
Lo primero es estacionar el vehículo (sí, voy en auto, ¿y?) sin que los borrachos del tablón te mangueen: “colabore con 20 mangos, don”. Obviamente, la cantidad a abonar es inversamente proporcional a la distancia al estadio. Mi experiencia indica que el lugar señalado en la imagen es ideal: costo, $0 y por ahí está lindo para caminar.
Luego, la tarea es sortear los controles policiales. Se recomienda el recorrido en verde, entrando al área como Diego esquivando ingleses. Pensemos que si el cerco policial fuera eficiente, bastaría sólo un control. Dado que hay por lo menos cuatro controles antes de llegar al estadio, se infiere un reconocimiento tácito su ineficiencia. Y así es:
Cerco policial 1: demora el acceso al barrio River. Basta caminar una cuadra para el costado y entrás tranqui por la diagonal del medio. Ahí no hay nadie.
Cerco Policial 2: impide el cruce de hinchadas desviando a los de River para Monroe. Como venís desde adentro del barrio, vas en sentido contrario al control y pasás sin ser detenido.
Cerco Policial 3: controla que gente sin carnet o sin entrada se aproxime al estadio. A su vez, la montada suele arremeter para que el ingreso sea más fluido. Ahí hay que esperar un minuto, a cada rato el oficial se pone a discutir con otros que tienen que entrar por otro lado. Entonces, empujado por un caballo que se te tira encima, pasás a la fuerza, sin que nadie te controle.
Cerco Policial 4: este es importante, es el famoso cacheo. Estudiando el panorama, se puede encontrar una fila donde sólo hay mujeres policía. Pasás sin que nadie te toque.
Listo, ya está. Estamos adentro. Sentados cómodamente. De haberlo querido, hubiéramos podido entrar con un lanza misiles bajo las pilchas.
Empieza el partido. El Cholo gesticula, mueve sus piezas. River tira centros que pasan a 2,10 metros del piso y ya no está Abreu. Pero eso es otra historia.
