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jueves, 10 de octubre de 2013

Paladar gris

Por Daniel A. Liñares

“El paladar negro se acabó cuando se retiró el Bocha”, dijo Clausen. Y tiene razón el Negro. Y digo que tiene razón más que nada por el hoy día, se siente un ansia de resultado como nunca se sintió en el Ser Rojo. Entonces, si acordamos con el Negro Clausen, hoy día se configurarían dos clases de hinchas de Independiente: los que alguna vez tuvieron paladar negro (los que vimos al Bocha), y los que no. Digámoslo: Hay una nueva generación de hinchas de Independiente que no sabe lo que es el fútbol.
Y el hincha de Independiente que va a la cancha tiene más bronca que ganas, los cantos terminan —empiezan— derivando siempre en amenazas o quejas. Lo cual genera presión donde el jugador debería encontrar aliento.
Así las cosas, Independiente, por más resultadistas que sean sus hinchas, no va a conseguir un triunfo desde las tribunas. No podemos contar con eso. Y eso que ya se los dijo todo el mundo, que puteando no ayudan: Gallinego, Miguelito Brindisi, incluso ahora De Felippe, que el que no putea ayuda y el que ayuda no molesta.
 “No somos Racing”, nos dicen a quienes reclamamos aliento, o por lo menos inteligencia al momento de sugestionar a los jugadores que están en el terreno de juego. Ni hace falta aclarar nuestra identidad, deben estar muy confundidos (los que no vieron al Bocha) para necesitar esa reafirmacíon. Pero, les digo, hay una gran diferencia entre no alentar y putear al equipo. El paladar negro tiene que ver, si mal no recuerdo, en todo caso, con no alentar cuando el equipo no brinda fútbol, y no con putearlos por eso. Y con alentar cuando hace falta remontar alguna situación. O sea: ahora.
Obligan al plantel a ascender en una temporada, cuando ya no se gana con la camiseta. —Y menos jugando Independiente con una camiseta azul o con la camiseta de Estudiantes de la Plata, dicho esto último con el respeto justo y necesario, mínimo indispensable que se pueda tener hacia la casaca que vestía el mediocre que lesionó de manera definitoria la carrera de Bochini.
Pero qué se le puede decir a un resultadista, si desde que se retiró el Bocha todos somos resultadistas. Antes no hacía falta: el Bocha nos hacía grandes, cantábamos en la cancha con la naturalidad que brinda la alegría.

lunes, 10 de junio de 2013

El fútbol es simple


El partido de River Vs. Independiente lo ví por la tele en la casa de mi vieja, con mi sobrinito de 10 y mi sobrinita de 4 años trepando sobre mi espalda. Al lado estaba mi hermana, mi cuñada y mi novia. Tuve que explicar la importancia de ese partido. 
Después salí a caminar con ella para compensar que todos los fines de semana desde que River bajó y subió me prendo a la tele. Fuimos a pasear su perrita, una shitsu adorable, viejita y callada. El Bajo Belgrano estaba repleto de hinchas de River que volvían de la cancha. 
Yo antes iba a la cancha pero con esto de sacar las entradas por Internet tenés que tener suerte y paciencia para que la compu no se sature. Al otro día hay que concurrir al estadio con el carnet al día, fotocopia del DNI donde figure la dirección actual y el número de la orden de reserva de la entrada. No tengo más ganas de hacer esos trámites. Al mismo tiempo se ve que no tengo tantas ganas de ir a la cancha, porque antes esas cuestiones no me hubieran detenido.
Nos sentamos con mi novia en el banco de una plaza que queda cerca del estadio. La caravana de hinchas atravesaba en diagonal por la mitad de la plaza. Se podía percibir un clima distendido y alegre, sin demasiado entusiasmo, una especie de alivio por ganar y punto. 
El empujón que le dimos a Independiente no dejó demasiadas alegrías. Es que abrió una herida propia del pasado reciente (no nos podemos hacer los langas) y, a la vez, nos deja como los culpables de que haya muchas posibilidades de que Boca quede como el único que nunca descendió (no me vengan a hablar de Arsenal).
Unos cuatro o cinco pibes se abrieron de la columna de hinchas y enfilaron directo para el banco donde estábamos sentados con mi novia. La perrita andaba por ahí cerca. Pensé que nos iban a afanar y no daba salir corriendo y dejar ahí al pobre animalito de patas cortas. Pero no pasó nada, después de saludar amablemente, los pibes se sentaron en el banco de enfrente. Uno de ellos siguió de largo y se metió debajo de un arbusto y sacó una bolsa con una botella de coca y otra de fernet y algunos sánguches de milanesa. No hablaron de fútbol, ni de campeonatos, ni de descensos. Hablaron de chicas.
El fútbol es simple.
El último partido de la promoción con Belgrano del año pasado lo vi en compañía de mis amigos Ale y Fede. Consumada la catástrofe hicimos lo que teníamos que hacer: ponernos unos cortos y salir a patear una pelota a una plaza. Hablamos poco ese día. No hubo muchas lamentaciones o no las exteriorizamos. Los descensos son siempre en esta época fría y nublada. Entre pases, piques al vacío y jueguitos, supongo que cada uno de nosotros buscaba adentro suyo algunos ardides ingeniosos para safar de las cargadas. Era imposible. La conclusión fue que no se es menos grande por descender al Nacional B, que iba a ser un campeonato difícil y que había que volver inmediatamente y en eso pusimos nuestra energía mientras cada pique de la pelota conseguía un pequeño exorcismo.
Ojalá que todo esto quede en el ridículo si el Rojo safa de alguna forma. Pero como dijo ayer Brindisi: hay que pensar en el River de Ramón que hoy ya está peleando el campeonato. No importa cómo, pero ahí estamos de vuelta, lo más rápido posible. Eso es ser un grande.

sábado, 13 de abril de 2013

Vamos, Rojo


A propósito de las declaraciones de Cantero (¡antes del partido!), que si nos vamos a la B, hay que volver rápido. A propósito de los cambios de Gallego, que cuida el resultado y hace seis fechas que no ganamos, y uno se pregunta cuándo fue, es o será demasiado tarde... Hay un tema de Elvis Costello y Allen Toussaint, "El río en reversa", que en una parte dice:

"...
Despiértenme.
Despiértenme con un bife o un beso.
Debe haber algo mejor que esto.
Porque no veo cómo podríamos empeorar.
¿Qué tenemos que hacer para poner el río en reversa?
..."

Después Racing golea a San Lorenzo, que tiene un arquero preso, empresarios que les están por construir un nuevo estadio, y un papa humilde... Capaz que pierde Quilmes, y haciendo cuentas vuelve la esperanza.


viernes, 8 de febrero de 2013

Posición adelantada

por Alejandro Güerri

Hace unos días que estoy en posición adelantada. Desde este lugar privilegiado de la cancha, veo el futuro. Y como el campo (semántico) es limitado, tan solo me es dado avizorar cosas de fútbol. Más precisamente, del torneo Final Evita continúa.

Ahora, por ejemplo, estamos en la fecha 6 del campeonato. Independiente con Gallego no anduvo mal, pero tampoco bien. Un triunfo, cuatro empates, una derrota. El labio inferior del Tolo ya le toca el mentón, como si el destino le hubiera colgado un invisible arete indígena. Los tiempos corren y es la hora de Caruso. Algo canoso y sin candado, regresa con un bajo perfil que lleva al Rojo por el camino de los tres puntos...

Cerca del retiro, Grondona elimina el offside. Reemplaza su anillo de "Todo pasa" por uno que dice: "No tiene sentido". Se aprueban en simultáneo dos torneos con sistemas de puntaje y descenso distintos.

En River, suceden lo inaudito. Trezeguet deja de hacer una de menos. Finalmente, se descubre que Ramón Díaz es un lagarto enviado por los de V Invasión Extrarrestre. Passarella abandona la tintura negra con reflejos azulinos.

Cansados de buscar mierda, los editores de Olé prohíben escribir la palabra "chicanea".

Palermo y el Mellizo deciden hacer de Lanús y Godoy Cruz un solo equipo. Win-win atípico en el fútbol argentino que deriva en un Lanús Cruz todo centro, cabezazo y a cobrar.

Ligeramente fastidioso y visiblemente fastidiado, Román amenaza con irse de boca y de Boca. Más profesor Locovich que nunca, Bianchi le pide que no joda y que tire paredes con ídem. El Barcelona compra a todos los menores de 3 años nacidos en la Ribera que saben hacer jueguito. La prensa celebra que los ojos culés ven un pichichi en cada gurrumín.

El referí corta la jugada. Es la influencia que ejerce sobre la autoridad un defensor que levanta la mano. "Juez, está en ofsái",  grita el botón. Me quedo mutis, me subo las medias y camino despacio hacia la mitad de la cancha. ¿Quién me quita lo pescado?

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Rojo-Lanús


Lunes a la noche, un amigo de un amigo no va a la cancha, y me prestan su carnet con cuota al día. Economía solidaria. Una entrada paga para aprovechar. Yo aporto mi aliento.
Hace calor, previa en la pelopincho. Arranca nueve y media (saldremos como a las doce) da para comer antes: pasada por Los 3 Ases de Sarandí. Dejamos el coche en el Carrefur de Pavón, tomamos por la calle que nace en la estación (Darío y Maxi), bordeamos la vía, bajan hinchas del terraplén, vocean desde las parrillitas, desembocamos en las torres. Un primer cordón nos hace dar un rodeo. Empiezan lejos de la puerta, el cariño de los cacheos. Segunda vuelta de toqueteo y control: ya entramos.
Me acordé de las peripecias del pasado, ir a buscar al cobrador por Alsina, si te habías colgado unos meses con la cuota (o él). Ir a sacar la entrada abajo de la Cordero, muñecos mangueando guita, "yo te la saco, amigo", "quedate acá que entramos con la barra". (Se abría la puerta en el segundo tiempo). Ahora, ñieris, todos en regla, trámite y tributo. Menos folklore, más eficiencia.
La caldera está cambiada: donde estaba la cancha de hockey, unos molinetes de metal matrix del piso al techo. El bufet enorme derivó en una especie de Pancho 95 tras las rejas. No vi cocacoleros rondando con los vasos en la conservadora. Mi segunda vez en el flamante e inconcluso "Libertadores de América"; primera vez en la popular local. La última vez fui de enfrente.
Es estratégico que llegue el aliento desde las dos cabeceras, a la hora de defender y definir. Pero evidentemente no le estamos sacando provecho, porque al árbitro no lo abruma la localía (hasta un toque nos bombea). Y los jugadores del Granate no se ponen ni la mitad de nerviosos que los nuestros, atrás y adelante. Se tienen confianza y están bien plantados: encaran y muerden cada pelota dividida, corren todos. En el banco están los Mellizos, difícil distinguirlos desde la popu. Partido chivo. Y se lesiona Morel.
A los 7' entra Tula, de dos. Velázquez pasa de cuatro y Vallés de tres. Pobre gente. Les costó hacer pie con la cancha corrida y cambiada. Hilario saca unos pelotazos. El medio estará sofocado por estos primeros calorones, lento, blandengue. Arriba, Benítez y Vidal no se encuentran ni aguantan, Villafañez se diluye yendo y viniendo de ocho, generamos peligro nulo.
La gente alienta pero en ausencia de la hinchada no se termina de armar. Los cantos se deshilachan, se superponen. Si el equipo no entusiasma, afuera el entusiasmo fluctúa. Falta una percusión, que sostenga el ritmo. Como los tambores para los remeros. Lanús, que son un puñadito, con dos bombos se hace sentir. Que traigan unos vientos: tres trompetas, trombón, unos saxos, a tocar melodías, para rearmonizar la energía cuando los jugadores pifian todas. Se canta y se salta, a pesar del dolor de ojos del equipo. Repertorio cumbiero. Y surgen cantitos clásicos, básicos: hoy hay que ganar, ponga huevos, vamos rojo. Y un mántrico, y "dale, dale, Rojo", que se va y vuelve. Las letras hablan menos de aguante y más de sentimiento.
Claro que hay gritos homofóbicos, racistas, clasistas, "no tienen agua / no tienen luz / son los villeros de Lanús". ¿Qué onda? ¿Los villeros de Independiente tenemos todos los servicios joya? ¿O no tenemos más villeros? La transversalidad del fútbol tiene estos ridículos. Cuentan que Atlanta les cantaba con más clase y menos clasistamente: "Qué lindo que es Lanús. / De día falta el agua / de noche falta luz". Es más objetivo, estigmatiza a todo el barrio. El fútbol tiene eso de reservorio de anacronismos, instintos brutos, primitivismo, fascismo adolescentes. Hay putos en las tribunas y adentro de la cancha, en todos los equipos, y se sigue usando ese insulto. Sin embargo, sin la barra, la atmósfera huele algo más ¿inocente?
Se ven muchas más chicas en la tribuna local. Me acuerdo en los 90, todavía no abundaban: veías algunas chicas o parientas de la barra, unas nenas de look guerrero, camiseta hecha top con un nudo, calce profundo, capaz que sarandeaban al ritmo de los bombos, como si estuvieran en una murga, como si modularan la libido de la multitud. Lejos de la cabecera, algún que otro flaco con la novia. Un tipo con la hija, con la señora. Pero las mujeres estaban en el sector socias y en las plateas. Hoy la popu, abunda en chicas preciosas. Grupitos de amigas mandando SMSs y sacándose fotos, estilo altapendeja.com.
El partido es un poco malo, y sobre todo, desfavorable: casi no les pisamos el área, zafamos muchas. En una, no. El arquero de ellos (Marchesín, ¡puto!) saca largo, Tula no acierta a despejar de cabeza, cuando va a reventar ¿le meten una plancha? Se la llevan y Romero define. Viene al caso una metáfora de nubarrones en el horizonte. Se pone oscuro el panorama. Igual es una noche hermosa.
Final del primer tiempo, abajo, toca sentarse, y comentar. A izquierda y derecha, arriba y abajo, distintos análisis de lo mismo que todos vinimos a propiciar. Se reparten datos, culpas, se proponen soluciones.
Quemamos la mitad que nos queda. Arranca sin cambios la segunda parte. Traje dos encendedores, pero no tendría a quién tirarle uno; ni el árbitro es tan hijo de mil puta como para poner en ridículo mi alcance y puntería. El equipo está más animoso. La hinchada sigue alentando. Clavamos un desborde y un zapatazo en el travesaño. Reclamamos un penal porque alguien se cae en el área de enfrente. Hay que empatar como sea.
Cuando ataca Independiente vuelve el "dale Ro", pero la mitad alienta y la otra mitad les da indicaciones a los jugadores, que deben escuchar mal. Órdenes simultáneas y contradictorias, pateá, encará, tocá. Nuestros jugadores no entienden. Se embarullan, la pierden.
No tener barra brava tiene algo de déficit. Me queda pendiente una apología que ya hice dos veces de improviso. Imaginate un sindicalismo sin barras, una política sin barras, sería más civilizado, más prolijo, más eficiente, pero quizás se perderían más luchas populares, ¿cómo tomás una "medida de fuerza"? ¿Nos cogerían más los abogados y los contadores? Habría que evolucionar las barras bravas hacia la no-violencia por boludeces, y preservar la política, el poner el cuerpo, para otras cosas. Ganar el corazón de los monstruos.
El Tolo cambia la inofensiva delantera. Hace debutar a un pibe, Buter. Y mete a Rosales. El pibe corre, y busca, toca un par, en una cuerpea cerca de la línea de fondo, y cae. Ni fau ni amarilla. Vuelve pero al ratito se retira roto. Quedamos sin promesa y con 10. Batión está en una gamba: "andá al arco", le gritan. Y a Rosales: "entraste hace 10', corré, gordo borracho".
En el córner hay una bandera de Pastoriza. Dice: “Los estoy mirando”. Vení otro día, Pato. El equipo va para adelante como sin esperanza pero con obstinación. Y retrocede más despacio de lo aconsejable. Lanús no acierta en las contras durante un rato. La hinchada canta por el equipo, o por los colores. "Soy del rojo desde que estaba en la cuna".
En una de las tantas contras, nos embocan el segundo: el yorugua Regueiro, jugadorazo, la aguanta contra dos por la izquierda, se los saca de encima, y se la sirve a Castillejos para que la empuje. Dos a cero es  precio, jugando con diez contra un gran equipo.
“Rojo, yo te persigo, / vos sos la sangre que a mí me mantienen vivo, / cada domingo te vengo a ver / y aunque no ganes cada vez voy a volver". Canciones gestadas en momentos adversos. Nudo en la garganta. ¿Cómo será que las ideas entran al flujo sanguíneo, al aparato respiratorio? Emociones fisiológicas.
Toda la cancha alienta, a pesar de la derrota, conmovida. Vuelven las dudas, la expectativa siempre. Dependemos de este mismo plantel, averiado, para seguir adelante. ¿A qué reprochar? Apoyo y arenga. A pura fe, invocando a la suerte, a la mística. Y cómo vamos a transpirar en este infierno las próximas semanas. Final del partido. La voz del estadio se despide. Tenemos que esperar a que se retire la visita. Y, hasta la victoria siempre, empezar a cambiar de tema. Por ejemplo, un documental buenísimo sobre Cruyff: 


lunes, 2 de mayo de 2011

Fútbol y medios

Entre el fútbol y yo están los medios.
Hace rato que no juego a la pelota.

Y lo que sucede es esto, por ejemplo: el clasico de Avellaneda me encuentra en Rosario. Intento seguir el segundo tiempo desde la página web de Canal 7. La imagen zafa pero el audio está raro.



Pruebo ver la pantalla y prender la radio. La antena está rota así que no tengo AM. Y la única FM que encuentro transmitiendo el partido se escucha así.



Ahora en casa. Antes con Fibertel podía desenchufar el cable que entraba al módem, meterlo en la tele y ver cable pipí cucú. Pero desde que me reconecté, con el nuevo tendido, sólo banda ancha. Así que volví al aire. Tengo un 21'' pantalla plana... con antena retráctil. Y este clásico River-Racing se ve así.



Por lo menos el fútbol sigue teniendo mucho de imaginación.

martes, 9 de febrero de 2010

Independiente las tres fechas

Bar Cervantes

El soplido de la máquina express tapa al relator.
El Café Guatemala es de Colombia y uno de los dos relojes está quieto. Este aguantadero del gaste y la tramoya refugia a los fugados de sus mujeres. La diversión es tirarse por la espalda los porotos del truco. Por la puerta pasa la vuelta del perro. Nos miran las familias que pasean perder el tiempo. El ruido seco al cerrarse la heladera nos despabila del embole del partido. Newells 0 - Independiente 0

Independiente 3 – Atlético Tucumán 1


Jueves 21:15. Hay que meterle pata al campeonato (y a la copa) antes que largue el Mundial.
En el bufet del Club Atlético Argentino de Firmat hay una tele gigante, cerca de la barra, lejos del comedor, y los cuatro hombres que ocupamos mesas tenemos hambre de fútbol. Vino tinto. Para comer espero a que llegue mi compañera. Las cámaras dejan ver las partes terminadas del Libertadores de América. Me contaron que está inhabilitado el “codo” para no socios, al lado de la visita (donde se paga sólo la popular), y que para hacerse socio hay lista de espera. Treintipico mil en la cancha y cuántos puntos frente a la tele. Al toque, nos ponemos en ventaja con gol de Néstor Silvera, merecidamente. Pero antes de que termine el primer tiempo, los tucumanos nos empatan. En el entretiempo pasan todos los goles de la fecha. A los pocos minutos del segundo llega Valeria, junto a otro gol del Cuqui, que mientras ella ata su bici convierte su tercero. Me digo que nos trae suerte. Pedimos una pizza. Se va el partido, y nosotros con la panza llena.


GOD 0 – IND 0


Lo vemos con Daniel en casa. Los números del Rojo pixelan: ¿influencia del fútbol virtual? No juega el importante Acevedo, convocado por el Diego para el amistoso con Jamaica: está de nuevo Herrón (que tiene en su carrera un gol de penal gracias a una broma y gentileza de sus compañeros). Arrancamos bien. Aparte de su chomba rojo Chávez, algo lindo del Tolo: los cambios de frente y los laterales con vocación de arco (Vela y Mareque, que juega de 3 y doble algo, porque aparece por todos lados). Tuzzio es sólido como una estatua con bronce de llaves fundidas, aunque hasta los grandes pueden equivocarse. Y Galeano viene creciendo. La defensa se la banca. El Cuqui viene de un triplete y confía en el universo: es el de mayor claridad y calma. Sin embargo, no logramos meter un gol. Suena el teléfono: Buenas noches. Esta es una breve encuesta de audiencia. Corto. ¿Fecha los lunes? Luchan por el círculo central los medios. El relator sugestiona a un defensor (Uy, Galeano, uy) y éste se equivoca. Y Gabarini, ¿fumó? El entretiempo nos puede hacer bien. A los 7’ del segundo nos merecemos ganar. El ingresado Gracián estrella una exquisitez contra el palo. En un arranque se gambeteó hasta al referí. El Tano puede ser un 10 del Diablo. Ojalá. Gandín (buen delantero y muchacho, que algún club interesado lo compre antes de que valga más) pesca un rebote de cabeza a la carrera y también le acierta al palo. ¿Le ganamos 0 a 0 de visitante al puntero? Por ahora invictos y jugando bastante bien.


sábado, 31 de octubre de 2009

De visita en La Feliz (Rosario)

Por Daniel A. Liñares

Esto fue la semana pasada cuando jugó Independiente contra Central en Rosario. Yo había ido para allá por motivos que por suerte (sobre todo por el resultado del cotejo) nada tenían que ver con el fútbol, así que estaba medio en otra.
Pero el partido lo vi. Fue medio cualquiera. Parando en el departamento del padre que se fue de viaje de una amiga, a la noche, lleno de gente amiga, todos en otra, siendo felices por el hecho de reunirse, y yo, casi un inadaptado, tirado en la cama matrimonial mirando el partido por canal 7. Había empezado un poco más abajo la cosa: Mirando el partido yo solo en el living lleno de personas a las que el partido no les interesaba tanto como escuchar música (siendo que la música había que ponerla en el reproductor de devedé y escucharla por los parlantes de la tele). Afortunadamente me di cuenta del desequilibrio y propuse a la hija del dueño del departamente buscar una solución, buscar una alternativa. Por internet se ve entrecortado. Pintó la pieza. Durante el partido, cada tanto me evado de mi inexorable destino futbolero y me asomo a la cocina, donde se está cocinando (yo me había ofrecido para secundar la cocción, ofrecimiento que decliné), a ver de qué va la vida de los no televidentes. Daba la impresión de que se estaban comunicando entre ellos. Era lindo verlos. Perdímos nomás, como en la guerra, 2 a 0. Lo positivo que se puede rescatar es que Central es competidor directo de Racing por el descenso, un pobre pero consuelo al fin. Y en lo pragmático, recordando cómo el resultado de cada partido que el Rojo juega y cómo lo juega incíde en el ánimo de la gente de mi barrio, caí en la cuenta de que el resultado me favorecía: Estaba en una ciudad más feliz. Y a la noche pintaba salir...
Eso fue el viernes. Creo que al otro día o al día siguiente jugó Newell’s contra no me acuerdo quién. El sábado. Y también lo vi. Pero de otra manera, más de local, más hinchando por el equipo de la ciudad. Y también en otras circunstancias: En un entretiempo, no en el medio de la farra. Lo vi tirado en el sillón del living, habiéndome asegurado una cerveza para cada tiempo, con la ventana abierta para que el humo del pucho no invadiera el ambiente. Las demás personas que estaban anoche estaban distribuidas por la ciudad de manera amorosa. En una pieza del departamento había una pareja de amigos retozando. Se me cruzó por la mente la idea de que ver el partido de Independiente y Central no había sido una buena elección —pero esto lo pensé porque perdimos—. No me acuerdo ahora bien el desarrollo del partido. Pero me acuerdo que hubo un gol de Newell’s. Lo festejé con puño cerrado, pegándole a un globo imaginario de cumpleaños que flotaba por ahí. Y no va que siento gritos de gol asomados a las ventanas de los departamentos y desde la calle, como cuando yo vivía en un departamento en Avellaneda Centro, o como cuando tenés un vecino que es muy hincha de Boca. Muchas voces a destiempo llenando el aire de la noche. Y vi la ventana abierta, y me asomé como un lobo para gritarle a la luna, pero para gritarle, yo también, hermanado en mi grito, el gol a la noche. Fue un momento muy lindo. Pensé que los hinchas de Newell’s eran más bochincheros, menos “amargos” que los de Central; pero alguien me hizo notar que los de Central habían jugado de local (y por ende habían tenido más posibilidades de ir a verlo a la cancha) y los de Newell’s, jugando de visitantes afuera de su ciudad, habían tenido que refugiarse ante el brillo de los diversos televisores de Rosario, con lo cual su grito estaba más distribuido por la ciudad. Lo cual no quitaba que el grito de gol de un equipo que se pone puntero conlleva más entusiasmo que el grito de un equipo que pelea el descenso. Después me di cuenta de que ese gol que yo había gritado había sido ingeniosamente ilícito, de un bilardismo nunca visto. Pero bueno, Newell’s ganó, y era sábado y pintaba salir a la noche de una ciudad 100% feliz.

jueves, 29 de octubre de 2009

Televisión pública, televidente privado

Por Daniel A. Liñares

Era la reinauguración del Estadio Ricardo Enrique Bochini. Y yo, entre arreglar el lavarropas y la tele, había optado por el lavarropas. Y el hombre es un animal de costumbres, dicen algunos, así que me hice cargo de la premisa, y si bien (a impulso de Andrés) había vuelto a volver a ir a la cancha en las últimas fechas de local en Lanús, como ahora no soy socio y sin ser socio no había entrada, decidí ir a ver el partido por la tele adonde voy por default, al club del barrio, al Estrella de Etchenagucía, en la República de Gerli, tierra roja. Recuerdo un partido contra Boca que vimos ahí con Fernando, el salón lleno de hinchas de ambos equipos, con banderas, cantando y todo, toda una sucursal de las populares era. El partido lo perdimos, pero la experiencia fue divina, folklórica podría decir alguien de quien no sabría qué pensar.
Y llegué y en el buffet del club no había un alma.
Ale salió con su sonrisa de siempre desde atrás de la barra y me saludó: “Con Carlos ya nos estábamos extrañando de que no hayas venido”. (Recuerdo una vez hace bastante tiempo, buscando con Fer como locos un puto lugar donde ver el partido y el club por aquel entonces no tenía codificado; con Fer lo persuadimos a Carlos de que convenía económicamente al buffet el codificado, que se iba a poner de gente. Y lo conseguimos. Y tuvimos razón: se puso de gente. Aquella vez contra Boca no me la olvido más. Que lindo los partidos contra Boca, son lo mejor del campeonato, esté donde uno esté.)
La cerveza reglamentaria para el primer tiempo y la televisación, que —como era de suponerse— enfocaba parcialmente el estadio, tratando de evitar que salgan en la toma las partes no terminadas de la obra, prestando más atención a esa premisa que al mejor enfoque del juego. Diera la sensación de que los carteles de propaganda fue lo primero que terminaron del estadio. Y ver salir a los jugadores alzando trofeos que ellos no ganaron me dio vergüenza ajena. ¿Dónde estaba el Bocha, que él fue el que los ganó? Estaba el Pepé. Fenómeno. Un maestro. ¿Y Bertoni? ¿Y el Burru? ¿Maranga? ¿Tengo que seguir nombrando? Estaba Islas. Santoro e Islas... Sólo faltaban Pereyra, Vargas y Mondragón, con el diverso respeto que me merecen.
Lo rojo de las redes aportó una cuota de vacilación: tuve que esperar que el relator confirmara con su grito de gol lo que yo no supe si era que la pelota movía la red desde adentro o desde afuera del arco. Después en el gol de Colón me pasó lo mismo. Justo unos muchachos terminaban de jugar un partido en la cancha de papi del club —o sea que en ese momento eran menos virtuales que yo, por no decir más reales—, y entonces no fue sólo la percepción mía la víctima de esa ambigüedad: A primera vista no se sabía (le dio con un caño) adónde había ido a parar la pelota, parecía que a la mierda. Y no, la puso todavía más ajustada que Román la otra vez, que parecía que más ajustada no se podía. Y sí, se pudo.
Con cada repetición el comentarista siente la necesidad innecesaria de dar su veredicto, y yo me pregunto qué necesidad hay, si estamos viendo lo mismo, que no me quiera chamuyar con algo de lo que ni siquiera él está seguro. Lo cierto es que a Colón no le cobraron un puto foul.
En el entretiempo, la bandera de la hinchada del rojo daba vergüenza, tuve que admitirlo ante un comentario oportuno: llena de propaganda. No basta con la publicidad en el pecho, y también en la manga y en los pantalones: también la bandera de la hinchada es lícita de recibir un “Disponible para publicidad”. Me golpeé la cabeza a los cuatro años de edad, y desde entonces veo el futuro (inmediato): Me imagino el carnet del club con propaganda. Y que para hacerte hincha del Rojo tengas que tatuarte una marca de gaseosa en la frente, pero sé que ahí ya me estoy yendo al carajo.
Las caras de los cien hinchas en cada camiseta de los jugadores del Rojo también tenía cierto sabor a mierda. Además, se sabe: ¿Quién puede gastar mil mangos en una pelotudez semejante? Los más garcas. Así que los mil hinchas de Independiente más garcas quedarán en la historia del club.
En fin. Cuando terminó el partido eramos dos los que lo estábamos viendo el partido en el Estrella. Los dos de rojo. Y no me digan que estaban todos en la cancha. La cancha estaba llena. Llena de socios. Y los clubes de barrio estaban vacíos y la gente cada una en su casa. Un gobierno pseudo-progresista debería replantearse la cuestión. Eso o pagarme el arreglo de la tele.
Qué jugador Piatti.

sábado, 3 de octubre de 2009

Fútbol desde la tribuna

por Fernando Aíta

El viernes, gracias a la insistencia de Pez y Daniel, volví a la cancha.

Nos juntamos siete y algo en Gerli para la previa (qué lindo sería poder brindar en la tribuna), a las ocho nos tomamos el 446 y media hora después estábamos, como muchos otros hinchas del Rojo, caminando por el familiar barrio de Lanús. Hay una luna redonda como una pelota y los murciélagos revolotean de alegría.

Todavía teníamos que sacar entrada: esto es, hacer cola y dialogar con los muchachos de la barra: Dame la plata que yo te la saco, Sale 40 pero yo te hago entrar por 30, me pagás adentro, Yo te la vendo a 30 y te ahorrás la cola, ¿No me habilitás dos pe pa' la entrada, pa? y otras propuestas poco tentadoras. Escuché la palabra "amigo" como treinta veces (¿será un efecto colateral de Féisbuc?)


Ay, ay, ay, ay,
la que se coge a la Guardia Imperial.



Sacamos una entrada de 30 para ir a una cabecera. Nunca había ido al estadio Granate: el campo en buenas condiciones, tiene el pasto con líneas diagonales, como marcando los pases en cortada. En nuestra popular hay bastantes familias (un perro contento), pibes con la novia, padres e hijos. Se ve bien. La hichada está en el arco de enfrente, disfrutamos cómodamente de los colores y el aliento: llega el olor a pólvora de los cohetes, el tun tun imparable de los tambores y la alegría de las trompetas fraseras.

El Rojo sale de blanco; Tigre acompañado de silbidos (y la mímica de un puñado de hinchas).

Vos nos sos de Tigre:
sos de Boca o de River.

No logro recordar cuándo fue la última vez que había ido a la cancha, pero sin duda no había tantos celulares, ni gente sacándose fotos.

El equipo del Tolo sale a manejar la pelota y buscar. Pero la primera clara es del visitante: uno engancha y patea de lejos; bien Gabbarini. Primera obviedad: en la cancha ves lo que pasa en todo el campo de juego, no sólo los alrededores de la pelota.

Independiente es un equipo lo que se dice corto (30, 40 metros entre Matheu y Silvera) con buenos cambios de frente y voluntad de toque. Tigre manda a Lázaro y Luna contra los centrales, suma alguno para que le bajen un bochazo, y juega rápido de contra. Le funciona, a los 15' la pelota le llega a Luna mano a mano con Matheu; engancha y pasa, y en el área la abre de chanfle y la clava en el ángulo. Lindo gol.

Hoy hay que ganar.
Hoy hay que ganar.
Hoy hay que ganar, Independiente.
Hoy hay que ganar.

Por suerte, a los tres minutos, tiro libre para el Rojo cerca de la medialuna. Mareque la pisa y Acevedo (para inaugurar una racha de goles de pelota parada, espero) le pega un chutazo bajo que cruza la barrera y entra. Gritos, abrazos y afonía.

Después el partido se pone áspero, trabado, pocas claras para los dos. Segunda obviedad: en la cancha hay suspiros, gritos, puteadas, uuuhhhs, espontáneos y multitudinarios; la localía ayuda al referí a cobrar; no hay juicios de relatores y comentaristas. La Voz del Estadio le pide al propietario de un 147 blanco que lo corra, que un vecino quiere entrar a su casa.

El primer tiempo termina con un tiro libre del Matador que pintaba para centro, se cerró y dio en la parte de arriba del travesaños: ojo, Gabbarini.

A sentarse. Refresca. La Voz del Estadio anuncia que el hincha más grande del país es del Rojo: Miguel Ángel Parodi nació en 1900 (cuatro años antes que el club) y a los 109 está mirando este partido.

Hoy hay que ganar.
Hoy hay que ganar.

Segundo tiempo: entra el Pelado y renueva la esperanza. La terna arbitral se cambió la ropa. El Rojo sale enchufado. Tigre se cuida y faulea bastante.

Cinco minutos. Córner. Nos ponemos de pie. El centro va al punto del penal, la pelota queda picando y Matheu la manda adentro de cabeza. Delirio, abrazos, gritos dementes.

Y dale, y dale, y dale, Rojo, dale.

El Rojo empieza a jugar mejor, pero el árbitro nos cobra todas las pelotas divididas en contra, y los de Cagna nos cagan a centros. Tercera obviedad: en la cancha no hay repetición; las cosas son o no son, y la sensación perdura.

Furchi, hijo de puta,
la puta que te parió.
Bis.

Nos comemos un par de contras con Piatti y Gandín: hay que definirlo, muchachos. Entra Morel y Tigre arrima peligro. Va Pusineri por Silvera (¿por qué, Tolo?) pero a los 10' se va expulsado por doble amarilla: joya, no va a poder entrar contra River. Y entra, tarde el Pato Rodríguez, que se embarulla y se pierde un par de contras.

Sufrimos bastante con los centros que nos tiran, pero la defensa se aploma. Y a los 48, Furchi lo termina. Festejo final. Aplausos. Y anticipo:

Que el domingo, cueste lo que cueste,
que el domingo tenemos que ganar.


martes, 21 de julio de 2009

¡Gracias, Maestro! (Siempre y por siempre)

Por Daniel A. Liñares

El domingo al mediodía se disputó un partido en el que participaron jugadores retirados de Boca e Independiente.

Por Independiente jugaron, además del Maestro, entre otros, el Loco Enrique, Perico Pérez (dos de los que más ganas tenían, protestaban al referí y todo), Mandinga Percudani, Merlini. Notorias ausencias: Básicamente, el resto del mediocampo de aquel equipo del ’84: El Burru, Maranga, el Gringo; y el Negro Clausen y Trossero y Villaverde. En vez del Burru, estaba la Chancha Mazzoni...

Por Boca participaron, entre otros, Hrabina, Walter Pico (dos con muchas ganas también), el Chino Tapia —¡Qué jugador, señores, por favor!—, Graciani; en el segundo tiempo entró el Manteca Martínez, que vivió en offside, y creo que debe haber sido la primera vez en su vida que no convierte goles contra el Rojo. La ausencia más notoria por el lado de Boca fue la del Loco Gatti, estando Vivaldo en su lugar.

El partido terminó ganado por Boca 2 a 0, con goles de Graciani y Tilger. Lo arrancó mejor Boca el partido, pero a los 10 minutos ya era todo del Rojo: el Rojo había ganado el medio. Minutos antes de que termine el 1º tiempo, el primer gol de Boca: desborde de Pico por la izquierda y centro atrás a los pies de Graciani que no pudo resolver de una, pero el rebote le volvió a dejar la pelota en los pies y la mandó adentro. Gol de goleador. Como era un partido eliminatorio, en el 2º tiempo el Rojo se fue con todo al ataque y quedó descompensado abajo, Boca metió uno más y podría haber metido dos más también en ese segundo tiempo.

Pero pasemos a lo importante. Para un hincha de Independiente como yo, de 33 años, era un evento imperdible: Jugaba el Bocha, el Maestro, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Había colgada del alambrado una bandera que era fiel reflejo de la emoción de todos los del Rojo: “Gracias Dios por hacer que el Bocha juegue por siempre”, en clara alusión a aquel cantito de la hinchada en el cual, basándose en una melodía de León Gieco, le pedíamos eso a Dios: Que el Bocha juegue para siempre. El hincha de Independiente, en ese sentido, tiene algo que ningún otro club tiene. Recuerdo que cuando el Bocha se retiró de las canchas, allá por el ’91, me di cuenta de que yo no era hincha del Rojo: Había estado siendo hincha de Ricardo Bochini.

El Maestro tiene como 55 años, nunca fue de correr y el domingo no fue la excepción. Por momentos no participaba del juego tanto como hubiésemos querido. Pero es el Bocha. Y el Bocha es el Bocha. Así como todos los hombres son mortales y Sócrates es un hombre y por ende mortal, el Bocha es el Bocha. Y el Bocha hizo de las suyas.

En el primer tiempo sobre todo. En una desborda por la derecha y le hace un caño a Hrabina monumental, el jugador de Boca quedó marcando al banderín del corner mientras el Bocha se iba con su pelota, lo dejó pagando como lo dejó —creo que fue a él, precisamente— pagando aquel partido de la fecha 29 del Campeonato 88/89 (uno de los últimos torneos largos, campeón el Rojo) en la Bombonera, en el segundo gol, de Alfaro Moreno, la mismo tarde que el Bocha había hecho el primero saltando a Navarro Montoya, la pelota entró rodando al arco bostero y apenas tocó la red, así eran los goles que el Bocha le hacía a Boca.

Y gracias a Dios tuvimos oportunidad de ver lo suyo, “la Gran Bocha”: Independiente tenía la pelota en el medio pero con dificultad, Boca presionaba bien y faltaba una uña para que robara esa pelota que quemaba. Perico se la pasa al Bocha y claro, Percudani ya sabe. Entonces, cuando Perico da el pase, Mandinga piensa para sí mismo: “Yo me voy a quedar mano a mano con el arquero”. Y así fue, cuando la pelota llegó a los pies del Bocha, el Bocha ya había visto todo, no le duró ni un segundo la pelota en los pies, ya había partido el pase gol que recibió Mandinga Percudani que ya había picado al vacío porque se la veía venir. Estaba para una corrida como la de la final de la Intercontinental del ’84: Ningún defensor entre él y el arquero, pero como a 25 metros del arco. El estado físico no es el mismo y Hrabina pudo recuperarse y tocarle la pelota desde atrás cuando el goleador rojo ya estaba por sacar su remate. Igual el hincha del Rojo ya había visto lo que quería, lo que necesitaba: El Fútbol del Bocha. ¡Gracias, Maestro! ¡Gracias, Pa!

lunes, 9 de marzo de 2009

Con la camiseta

Por Daniel Liñares

A Boca le ganamos con la camiseta.
Yo lo vi por tele en el Estrella de Echenagucía, toda una sucursal Roja de todo partido del Rojo. Hay camisetistas, cantitos, gritos, comentarios, opiniones compartidas, efusivos abrazos con desconocidos cuando hay gol. En fin, las cosas lindas del fútbol están garantizadas cuando voy a ver al Rojo al Estrella.
Le echaron a uno, jugó casi todo el partido, Boca, con uno menos, sí, pero bien se sabe que esos partidos, si el otro equipo no juega al fútbol no son garantía de nada, si el otro equipo no tiene onda no pasa nada; y Román jugó sólo el segundo tiempo, eso sí que no se exclica. Pero igual a Boca le ganamos con la camiseta.
Este domingo, el Rojo jugó ordenado, y con consciencia de equipo.
La defensa del Rojo es muy sólida. Assman ya superó aquella etapa de vacilación y es uno de los mejores arqueros del mundo, así nomás; y ahora se ata mejor el pelo, dejó de usar vinchita para hacerse una atadura que consigue que el pelo no se le vaya a la cara; era lo que yo, personalmente, le venías reclamando; y con esto mejoró necesariamente su eficacia como arquero. Tuzzio me gusta, tiene actitud y sabe cuál es la función que su puesto debe cumplir, tiene oficio, sale jugando bien. El yorugua Rodríguez no deja de sorprendernos, en todo sentido. Mareque se jugó todo, recuperó un montón; este domingo, Mareque jugó como tiene que jugar el 3 de Independiente. El puesto de 4 está un poco vacante: Venía jugando Moreira, con rendimiento irregular, aceptable pero intrascendente; contra Boca jugó Puertas, que es uno de esos jugadores de los que se puede decir: “Es un toro”. No paró de cortar los ataques de Boca, si bien a continuación la mayoría de las veces rifaba la pelota con un pase largo que era más un delirio místico que otra cosa. Pero el pibe pone unas ganas bárbaras y recién empieza; yo creo que su corazón está a la altura de las circunstancias.
La defensa funciona, se la banca, podríamos decir. El asunto, pasa por ser, de los dos equipos en el campo de juego, el que más tenga la pelota y el que más ataque. Si se la pasan cascoteándote el rancho todo el partido, tarde o temprano toda defensa cae; los errores de los arqueros y defensores tienen consecuencias más peligrosas que los errores de los que juegan más arriba.
Para Pusi, lo mismo que para Puertas: Pusi, no sos Verón, acordáte, no tenés el don del pase largo, tu don es otro. Pusineri tiene que jugar los clásicos y nada más; contra Boca estuvo más prolijo que de costumbre. Ido Callelo, Vittor es nuestro 5: Un 5 con sagre rrojja. Fredes (que entró en el segundo tiempo) sobre la banda derecha del ataque le pasan cosas, le agarran como unos accesos de magia. ¿Su posición natural no será la de 8? El cuarto volante por izquierda que jugó los últimos dos partidos, Coso, tiene mucho para dar, tiene ganas y presencia.
Arriba, Sosa, cuando se concentra en jugar para el equipo, la rompe, contra Boca lo demostró una vez más, se lo demostró a sí mismo. Por supuesto, convendría que en algún momento el equipo jugase también para Sosa, que también quiere tener la oportunidad de hacer un gol. En ese sentido, el mercenario de Nuñez (que entró un rato en el segundo tiempo), nunca le devuelve una, tiene cierta ambiciosa insuficiencia para pensar el fútbol en equipo —que es como es el fútbol, ¿no?, más allá de toda virtuosidad personal—. Un delantero, por definición, tiene el derecho de patear al arco cuantas veces lo considere conveniente para el equipo. Tiene ese derecho de patear al arco, pero tiene la obligación superior de jugar para el equipo. Y el equipo, Independiente al menos, tiene que salir a ganar, y se gana haciendo goles, sí. Al Negro Moreno pasémoslo por alto, porque no existe ni como espectador del partido. Parece increíble toparnos con una excepción a la regla de que la raza negra tiene virtudes corporales, casi que nos sentimos un poco racistas al ver a un negro jugar tan mal, o tanto no jugar, mejor dicho: La verdad es que Moreno ni la ve, no se conecta con el resto del equipo. Aunque recordemos que al “Palomo” Usuriaga también le costó adaptarse a nuestro país. El hincha de Independiente no es amargo: es intolerante, dicho con franqueza.
Y del Rolfi... ¿qué se puede decir? Es tan impredecible como irregular, a mitad de una puteada te cierra el orto (Hay que hacerle el honor a Sosa de considerar cómo arrastra las marcas para que nadie salga a abortar la posibilidad del remate del Rolfi.). En ese sentido me pasa lo mismo con el Rolfi que con Messi, aunque por causas opuestas: Messi porque te da un pase corto o se la morfa o no levantó la cabeza, y el Rolfi porque desaparece, no se muestra, se esconde.
En el medio de todo, el Pepé se dio el lujo y el tiempo de probar un par de jugadores juveniles: Fulanito y Menganito.
Por supuesto, no se explica por qué Román no juega un clásico desde el minuto cero. Así perdió Boca la Copa Libertadores, así perdió Boca este domingo contra Independiente. Me hace acordar aquella primera final de la Supercopa Boca-Independiente (¿1990?): Bochini se había desgarrado en el primer partido de la copa y para la final ya estaba listo. ¿Cómo no lo vas a poner de entrada, si con su presencia en la cancha te aseguras tener dos o tres mano a mano con el arquero rival? Y no. Solari no lo puso, lo puso en el segundo tiempo. Y así Independiente perdió aquella Supercopa. Además el Bocha a Navarro Montoya lo tenía no de hijo, de nieto.
Así y todo, Román no existió: La defensa del Rojo lo anuló. Boca no existió.
Si algo le venía faltando a Independiente era identidad, lo dijo Bertoni: “Hay jugadores que no sienten la camiseta, que no saben lo que significa esa camiseta”. Los mercenarios de los jugadores que vienen para irse no saben lo que significa Independiente, su camiseta y su fútbol. Y el Pepe Santoro tiene el corazón rojo. Independiente necesita, hoy por hoy, que su técnico tenga sangre roja. La última vez que Independiente jugó con Identidad, con Orgullo Rojo, fue cuando estuvo Bertoni de técnico. Algo que nunca entendí: ¿Por qué se fue Bertoni? Y más: ¿Por qué Bertoni y Bochini apoyan a la oposición? Cuando Comparada le ofrece el puesto de técnico a Bertoni, Bertoni le dice: Pagame lo que quieras. Bertoni es el Rojo y viceversa. Una cuestión de Identidad. ¿Si Bochini, Bertoni, Santoro no son el Rojo, quién? ¿Comparada? Y el Pepe tiene el mismo compromiso emocional con la camiseta del Rojo que Bertoni, el mismo que nosotros los hinchas del Rojo. Por eso los necesitamos. Por eso acepta dirigir y tiene los huevos bien puestos para bancársela.
Y este domingo pasado, Indendiente, jugó como si fuera Independiente. Ganando en la Bombonera, como es costumbre. Los campeonatos pasados, Independiente se caracterizó por no ganar en los clásicos. En este campeonato, el Rojo ganó los ya dos clasicos que jugó, y que justo son los más clasicos de todos para el Rojo: contra Racing y contra Boca. Y esto, sepámoslo, ni siquiera podemos decir que es gracias al Pepé: Es gracias al color rojo de la sangre del Pepé, es gracias a su corazón rojo.
Los medios periodísticos venían haciendo tambalear al Rojo, mucha mala onda. Fabbri se cansó de preguntar por el delantero Nuñez durante la transmisión de todos los partidos de Independiente. Fabbri, si el técnico no lo pone por algo es, y no te tiene que explicar nada. ¿Sos inversionista, Fabbri?: Acordáte que el periodismo debe ser imparcial. Se encargaron de decir que el Pepé no sabe, que Independiente necesita un técnico. ¿A quién nos querés vender, Fabbri? ¿Al “Bichi” Borghi? Los medios de prensa son amigos de los ladrones. ¡Aguante Pepé! ¡Aguante el Rojo! Nosotros sabemos lo que significa el orgullo de ser Hincha de Independiente. Independiente, lo digo una vez más, venía necesitado de recuperar su identidad. Por eso el Pepé es irreemplazable, a no ser por un ideal: un triunvirato de dirección técnica: Santoro, Bochini, y Bertoni. Todo rojo. Si no prestamos atención a estas cosas, Independiente hoy por hoy corre el riesgo de que su pérdida de identidad sea irrecuperable.
Se comenta por Avellaneda que los empleados admnistrativos de del Club Atlético Independiente lo detestan al Bocha porque “le roba al club”... Me acuerdo de lo que escribió Nietszche: Quien no quiere ver lo elevado de un hombre ver no quiere, fija su vista en aquello que es bajo y superficial —en sí mismo; y con ello se delata. ¡Dejen de robar ustedes, Señores!

P.d.: Es increíble como el fútbol puede cambiar el estado de ánimo de toda una ciudad.

lunes, 23 de febrero de 2009

Clásico de Avellaneda 09

Cancha de Huracán: Daniel me señala que las tribunas son rojas y blancas; somos más locales que en el Cilindro de Perón.
Lluvia de papelitos. El partido se demora 10'.
Hay diez, doce pibitos y nenas, de entre 4 y 7, del Estrella y de Villa Caraza, corriendo por todo el bufet. El barullo ensordece.
Independiente, con camiseta nueva, arranca mejor: al minuto desborda Moreira. Córner.
Nos quedamos en campo de Racing. Faul desde la izquierda. El réferi le pone espuma yilet al pasto. Centro al área. Salta Pusineri entre los arbustos de la defensa visitante. ¡Gol, carajo!
Tengo cinco compañeros de Rácin, dice Marina. Lo bueno, le digo, es que los lunes no se habla de fútbol; hablan los viernes.
Racing preocupa solamente al Chocho Llop y a los hinchas.
El Rojo hace poco para el segundo.
Momento violento. Rodriguez le dice a Yacob: "Si están enojados con ustedes mismos, no se la agarren con nosotros".
Otra banda de guachines de 10, 11 años, hace batucada con vasos de plástico en una mesa de fórmica.
Sale Vittor, apaludido, y entra el Toti Ríos. El Negro Moreno podría dejarle su lugar a un futbolista.
Uno de la Academia patea de como 30 metros, ¡y al arco!: atajada de Assman.
Penal al Chuco Sosa. El Rolfi lo pateó impecable las dos veces (les metimos 3).
Entró Centurión por Mancuello, e Higuaín por Sosa, muy aplaudido.
De a ratos pinta el "OLE".
El Negro Moreno no sabe ni lo que es el orsái.
A nadie se le ocurre que Racing pueda meter un gol.
2 a 0 final. Empieza el gaste.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ganar o ganar

de Hilario González

El fútbol es un estado de ánimo. River pasó de Campeón a último en sólo seis meses y ahora, por ganar dos partidos seguidos, ya se creen todos los problemas resueltos. Todo porque un gordo camorrero y boca suelta vino a copar la parada. La manga de inservibles que terminaron el torneo pasado, de pronto se esconden detrás del gordo y ponen coraje, al menos, para salir del pozo.

Pero el tema es otro. Me quiero meter en un barrio ajeno y tratar de ver las cosas como si pudiera ser un imparcial investigador de laboratorio.

Este fin de semana Independiente y Racing juegan un clásico aparte, como se dice siempre. En esta coyuntura particular, más que nunca, de los tres resultados posibles, para ambos sólo está permitido uno: GANAR. Obviamente, esto es imposible, para los dos al mismo tiempo. Ambos equipos lo saben. Lo saben los directores técnicos, los dirigentes y los jugadores.

El hincha, cada hincha, no admitirá una derrota de su equipo. La hinchada como suma de hinchas es más intolerante aún. En el perdedor, probablemente echen al técnico, los compañeros se pelearán entre sí, habrá apriete de la hinchada y los dirigentes darán alguna explicación a los sin consuelo, etc. Esto también lo saben los directores técnicos, los dirigentes y los jugadores.

Si tenemos en cuenta el proceso lógico que surge del equilibrio de voluntades contrapuestas, se vislumbra una tendencia silenciosa hacia el empate. Un acuerdo tácito, inconsciente: el miedo a la derrota, individualmente condicionará a cada protagonista y estará presente hasta en el árbitro que no querrá ser el causante de ninguna catástrofe. Habrá empate, entonces.

Por las dudas, abro el paraguas: en el fútbol poco tiene que ver la lógica y sabido es que resulta necio apostar en base a un análisis de este tipo. La pelota es caprichosa y, además, mucho y cada vez más los estados de ánimo son determinantes.

domingo, 11 de enero de 2009

Volvió: Racing 0 Independiente 4

por Fernando Aíta

Como vengo jugando los lunes, lo extrañé menos. Pero hoy a la tarde ya estaba con ganas y me vi un pedazo de Liverpool 0 y uno ascendido 0, plomo con Maradona en la tribuna, y un resumen de Inter 1 - otro 1. A las diez por fin vuelve el fútbol de acá, nuestro espectáculo favorito: Clásico de Avellaneda en Mar del Plata (televisa Fox). Fuegos de artificio, mundialista lleno como la luna, noche de calor preciosa.
El Rojo sale con varios juveniles (y el primer refuerzo fue Tuzzio); La Academia con casi todo lo que tiene (ya resignó a Moralez). A la camiseta le pegaron una calcomanía gris plateado de Racing Club en la espalda y el pecho porque no terminaron de arreglar con el espónsor.
Largan con buen ritmo. A los quince se lesiona Prichoda (el médico de Independiente se acerca a ver si puede ayudar: ¿tendrá algo contra la mufa?). Entra con su gloria añeja el Pepe Chatruc.
Dos minutos después, la primera clara es para los del Chocho: un rebote cerca del área queda para Caballero, manda centro, se tira de palomita el perro de Lugüercio y Gabbarini atrapa seguro. Saca y el rojo gana un córner. Higuaín toca corto, el Toti Ríos se la devuelve, centro al corazón y cabezazo de Fredes abajo. Nuestro primer gol del año a los vecinos.
Enseguida, Gandín cabecea y el Migliore se estira para sacar el segundo de un rincón. Pero Racing va, y Mareque duerme un centro en el área. No pueden despejar Bocchino ni Caracoche, el maleta de Caballero la pellizca y la bola da en el palo sin fuerza. Entretenido: da la sensación de que no lo liquidamos y un gol Racing, que ataca bastante, lo tendría que meter uno de los nuestros.
Al minuto del segundo, Gandín tiene la primera, engancha en el área y la tira por arriba.
Cambio en Racing: sale Pérez entra Fernández. En el rojo va el Patito Rodríguez por el Chungo Sosa. Los de Llop aprietan pero no asustan.
De contra Higuaín encara cerca del área, se gambetea a dos, tres, al arquero y se la sacan al córner desde atrás. Al toque Ríos por derecha para Higuaín, que llega con lo justo al borde del área, se tira al piso y la pasa para el Chipi Gandín: patea cruzado, Migliore da rebote y el Patito la manda a guardar. 2-0.
Racing se adelanta desconcertado y pierde. Ríos corre cuarenta metros de la derecha al centro, se la da al Pato, de una al Chipi, que va entre los centrales y toca adentro. 3-0.
El Rojo toca y toca. Debuta Godoy, sale el Toti aplaudido. Algunos hinchas de Racing se retiran.
Córner del rojo, Gandín baja un cabezazo de pecho en el área chica y clava su segundo entre las piernas de Migliore. 4-0.
Sale Fredes y entra otro debutante. Racing avanza pero no preocupa. Chatruc pierde una de cabeza por arriba, Sánchez Sotelo otra por el costado. Gabbarini saca un tiro desde afuera.
El candidato de la transmisión propone "Vos al sol. Los delincuentes a la sombra". En la tribuna de Racing abajo de un trapo de la Guardia Imperial, fajan a uno. Luis Barrionuevo está entre las personalidades del público. Cosas del fútbol.
A los 90' echan a Chatruc por doble amarilla: dos faul de calentura para redondear la goleada.
Quiero ver la repetición de los goles y dejo la tele prendida: El presidente de Racing parece el dueño de una funeraria. Contrasta con las sonrisas, entre escotes y viseras, de las promotoras. Tití Fernández le hace tres veces la misma pregunta. Apago.
El martes jugamos contra el River de Pipo en Mendoza, con los supuestos titulares. Por mí que repitan los once: hoy jugaron en equipo, sin estrellas y con todas las luces.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Amargos

Por Daniel A. Liñares

Volvía de lo de Fer, de ver al Rojo por la tele, jugaba en el Gigante de Arroyito, en Rosario. Volvía en bicicleta para mi casa, con la camiseta del Rojo puesta, y me empiezo a cruzar con la gente de Racing, que volvía de la cancha, Racing jugó de local, el partido había terminado en empate media hora antes que el de Independiente.
La cuestión es esa, que me empiezo a cruzar con gente con la camiseta de Racing volviendo de la cancha. Yo tenía tanto para comunicarles como a cualquier otro extraño. No iba a ser yo el que les avisara que si son de Racing se tienen que joder. Me propongo ignorarlos. Pero inevitablemente mi mirada de ciclista se cruza con la mirada de uno que estaba esperando el colectivo. Yo me sonrío, casi con complicidad, casi fraternalmente, como diciendo: "Los dos tenemos una camiseta de fútbol, tenemos mucho en común; pero justo tenemos puesta la camiseta de los equipos opuestos, en otra vida gritaremos un gol juntos (cuando seamos los dos del Rojo, pero esto no se lo dije)", y muestro hacia arriba la palma de mi mano derecha, como diciendo: "¡Qué le vamos a hacer!". Y el imbécil me responde, casi con odio: "¿De qué te reís, la concha de tu madre?"
¿Cuál de los dos es el amargo?

lunes, 20 de octubre de 2008

Tiempo de cambios

por Fenando Aíta

Hace una semana se fue Borghi de Independiente. Había llegado pregonando el juego bonito, el ir a buscar el arco rival, libertad para los creativos, arriesgar. Después de una campaña pobre, caracterizada por la mezquindad de sus planteos y sus cambios, y un juego desabrido, dio un paso al costado. Ojalá que en el futuro le vaya mejor y sea fiel a lo que se le escapa de los labios.
Este fin de semana dirigió Santoro (que ya tendría que haberse quedado como DT después de alguno de sus interinatos. Paréntesis: qué recibimiento el de la hichada de Central a Madelón, a quien los dirigentes echaron inexplicablemente después de salvarlos del descenso). Con los mismo jugadores (que ya conocía, aunque privilegió a pibes salidos de las inferiores: Calello, Caracoche, Fredes, Rodríguez y Ríos) y un esquema similar, Pepé logró cambiar la actitud: el equipo salió a presionar, atacó, metió y el Gordo Núñez metió dos golazos. (Colón descontó de penal).
Esta semana, después de no encontrarle la vuelta al juego y de que no se dieran los resultados, se fue El Coco (rumores igual que en Independiente: los jugadores están más preocupados por cogerse modelos que por jugar). Gracias, Coco, por todo, es un buen momento para abrirse porque el reemplazante tiene todo el verano para laburar.
Ahora: ¿A quién se le había ocurrido que Simeone podía dirigir a La Selección? Claramente una campaña de representantes y periodistas para instalarlo como candidato. Tarde o temprano el Cholo será el técnico: mejor tarde (me remite al menemismo a la selección de Mascardi que condujeron Passarela y Bielsa, diez años de no poder disfrutar ni del juego ni de los resultados ni de la Copa América). Nadie le resta mérito por lo de Estudiantes, pero ayer en el Superclásico, Boca nos hizo un favor a todos los argentinos: River perdió de local con uno más y quedó en el fondo de la tabla (junto a Central con 8, a 17 de la punta). (El equipo de Simeone tiene los mismos problemas que se le achacaron al Coco). Y Román demostró por qué es tan grande: se puso el equipo al hombro y la pelota bajo el botín.

Russo, con San Lorenzo primero y contundente (8 ganados -6 al hilo-, 1 empate, 1 perdido) más allá del resultadismo, está demostrando que sabe conducir un plantel numeroso y que tiene una idea de juego definida: con altibajos, San Lorenzo juega bien a la pelota (San Matín de Tucumán también). Puede que en el futuro sea un buen candidato para la celeste y blanca.
Pero ¿qué duda cabe de que Batista se ganó el derecho a ser el sucesor de Basile?

Primero: ganó la medalla de oro en Beijing (lo único, además de ser un gran profesional, que pueden decir los partidarios de Bielsa, tan reivindicado después del triunfo contundente de Chile). Pero Batista no carga con una histórica eliminación del mundial en primera ronda.
Segundo: Batista ganó las Olimpíadas con un plantel muy parecido al que viene peleando las eliminatorias, con la renovación generacional que impone el sub-23 (Monzón, Zabaleta, Pareja, Garay, Di María, Romero, etc.), y que muchos reclaman. O sea, conoce a los jugadores; no es empezar de cero.
Tercero: el Checho (campeón del mundo, por malo que fuera) ganó las olimpíadas jugando al fútbol, con huevos y toque, sabiendo a qué jugaba, y con Riquelme y Messi, Gago y Mascherano, juntos.

Que Maradona lo acompañe a todas partes (lo mismo que Bochini, dentro de la cancha todo, pero como técnicos...), Bianchi que vuelva a dirigir y demostrar que es un ganador, Ramón Díaz (gran motivador y ganador) que se dedique a los negocios, y Bilardo que siga como periodista que cada vez le sale mejor.

Ojalá Batista pueda repetir lo que ya demostró.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Crónica atrasada del Boca-Independiente, del flequillo de Assman, y consideraciones generales acerca del arquero

por Daniel A. Liñares

Boca-Independiente en el televisor del club estrella. Los parroquianos de siempre que juega Independiente. El referí pita, el reloj empieza a correr.

00:01 (cero minutos, un segundo): Pepo, el kiosquero, grita: “¡La hora, referí!” Una humarada que por consabida, bien llevada a cabo no deja de ser sutil y efectiva.
01:00 (minuto uno): Corner para Boca. Primer plano de Assman que se acomoda el pelito.
10:22: Atajada de Assman. Primer plano de Assman despeinado.
16:00: Primer plano de Assman que tiene el pelo delante de los ojos y se lo corre.
16: 30: Plano de Dátolo que trota volviendo de una situación de gol. Dátolo es el jugador más rocabily de todos.

Atemporal: Ley Nº 1 del arquero: El pelo, corto.

21:15: Román se seca la transpiración con la camiseta. Abajo, tiene puesta otra camiseta de boca.
26:00: Patea Núñez desde 30 metros. La pelota no entró; el línea está humanamente imposibilitado de comprobarlo. Habría, si se resisten en acudir a la tecnología de video, que agregar dos jueces de línea más, uno en cada línea de fondo. Se puede comprobar geométricamente que el juez de línea que intervino en esta jugada no tiene un ángulo de visión adecuado, y no por no estar donde tendría que estar, porque el línea acaba de tener que estar en paralelo a Núñez que acaba de recibir la pelota, para poder determinar si está en orsai. Y no se puede teletransportar 30 metros para ponerse sobre la línea de fondo. La vincha de Núñez es mejor que la de Assman, o se peina mejor; y además no tiene que revolcarse tanto.
35:00: Vuelvo del baño. No pasó nada, me dicen. Pregunto por el flequillo, si Assman se despeinó en algún momento. Nadie me sabe decir.
38:50: Fredes tiene que jugar de enganche.
41:00: Tapada de Assman. Yo grito: “¡Cortáte el pelo!” Tengo fe de que de alguna manera le llegue.

Entretiempo: Consideraciones acerca del arco, es decir del arquero: Pienso en la interna de la selección: Parece que la jugada del error Heinze/Abbondancieri desató una fuerte interna en la selección. Porque el Pato no se hace cargo de que la mayor cagada se la manda él: la vaciación de arquero. No se hace cargo de que cuando ataja para la Selección al minuto 5 ya tiene caca en los pantalones y le molesta. No se hace cargo de la capitanía implícita de todo arquero, por ser el que tiene mayor panorama de visión tiene que mandar. Es una cuestión de ajedrez, si queremos. El 1, el 2, el 5, el 10, el 9: Los puestos fundamentales, las puntas de lanza, el eje de un equipo. Nadie sale campeón si le falta un gran jugador en alguna de esas posiciones, que podrían resumirse a tres: el 1, el 5 y el 10, acaso. Nadie sale campeón sin arquero. Ustari volvió más humilde del Mundial. Más gallina. Todo bien con el Pato Fillol, es una masa como persona y fue un gran arquero, de los que aportan seguridad; el Pato Abbondancieri lo mismo en cuanto a sus cualidades como persona (Aunque sus lesiones siempre lo victimizan y le evitan aprender de sus errores, y se lesiona porque tiene miedo: cuando andás con miedo seguro que algo malo te pasa); está todo bien con todos los patos del mundo (qué carga ese nombre, ¿no?: Patricio), está todo bien con todos los patos, pero no con las gallinas. Y Abbondancieri es el jugador más gallina que jamás haya jugado en Boca, se desconoce antecedente. Y ganó todo con Boca, pero porque estaban Román, el Guille (¡Qué plus!), Palermo, el 5 (¿Chicho?), el 2 (¿El Patrón? Estaba coso, barbeta, el 6... que también en la Selección fue un fracaso). El Pato entró en la succión, como quien dice.

Segundo tiempo.
13:50: Tapadón de Assman.
21:00: Tapadón de Assman.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Sexta, sexta

por Alejandro Güerri

Argentinos 0 - Boca 0
Ojo con Peñalba, un jugadorazo.
El mano a mano con el arquero: un momento trágico y sublime. Caranta se lo tapa a Romero.
"Hoy si no las metés, no ganás", dice Morel.
¿Y mañana?

Lanús contra otro equipo: 3 a 3
Alguien que haga un dibujo animado, cuyo superhéroe sea Chiquito Bossio.

Independiente 3 - Gimnasia (Jujuy) 2

Núñez goleador.
La cara de dragón de Borghi. "Che, qué corbata linda", le dice al periodista.

Central 3 - Arsenal 0
Caño y sombrerito, lujo del Equi.

Racing pierde contra otro equipo
44 del segundo, gol de ojete. No sé cuánto Gullota, un choto. La desgracia infinita de Racing.

Tigre 3 - G.E.L.P. 1
Hacer un gol en contra, lo peor del fútbol.

Estudiantes 1 - San Martín Tucumán 1
Renunció Boquita.

River 0 - Vélez 1
El Cholo se enoja un montón.
¿Será bueno eso para los jugadores?

San Lorenzo 3 - Banfield 1

El gol de Solari.
Pared y toque por arriba.
Lo mejor de la fecha.
"Estoy contentísimo", dice el Indio.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Clásico visitante

por Fernando Aíta

Cuando me bajé de la bici y me despedí de mi anfitriona en la puerta del Bar Cervantes gritaron un gol. Me imaginé que en Firmat habría más bosteros que hinchas del Rojo.




El café está lleno de hombres que se felicitan con palmadas o sacuden la cabeza y levantan las manos hacia el televisor. Dan la repetición: En la puerta del área grande Palacio se la lleva en el mano a mano con Rodríguez, engancha y la pone entre el primer palo y el defensor. Impecable. Assman (figura del partido, por lo que vi después), nada que hacer. Iban dos minutos del segundo tiempo. Dátolo parece un Thundercat. Me pido un café (aroma fuerte, sabroso), $2,50.

Por suerte Independiente empata al toque. Boca queda de festejo. La tocan casi sin marca: Núñez, Fredes, El Rolfi desde el fondo del área la levanta para que Gandín entre solo por el segundo y la meta de cabeza sin despeinarse. Lo grito pero despacio por las dudas: hay un par con gorritas xeneixes con cara de tumba. Para congratularme me pido un ferné, $5,50.

En una mesa al lado de la entrada, un par de pibes de veintialgo trajeron a las únicas mujeres del local, que salen y entran y mandan mensajitos. En otra unos viejos desentendidos del dramático clásico juegan a las barajas por porotos. Y una pareja sacude las bolas de pool.

Boca vuelve a la carga. Sale el goleador visitante y entra Higuaín (“Este es una verga”, dice un parroquiano). Y a los 30’ el partido se degenera. Montenegro traba con Paletta cerca del mediocampo. Los dos quedan sentidos y salen para que los atiendan. Al rato de volver, amarilla para el Rolfi. Pero el línea llama a Lunatti para avisarle que entraron sin autorización. Amarilla al de Boca y segunda para el de Independiente: primera expulsión de Rodolfo en su carrera. “Corruptos”, grita un lugareño, entre risas.

–¿Te acordás cuando te daba pan duro para los perros y vos lo rayabas lo vendías?
–Andá, si vos la guita que tenés la hiciste conmigo.

Los tipos parecen chiquilines: se tiran los sobrecitos de azúcar, llaman en e
l hombro a uno y se dan vuelta. Boca va y Assman se engrandece. A los 45 Lunatti echa a Rodríguez por un gesto que le hace al línea (no había cobrado un ¿gol? ¿picó en la raya?). El uruguayo después lo caza del cogote. Un mamarracho. Dan cinco de descuento. Parece choreo y que Boca gana. A los 49 y pico patean un córner. La bocha cae al área. La saca el Uno. Battaglia no puede con el rebote (está en orsai). Otro sí, sacude la red. El árbitro pita. Todo anulado. Final. Salvamos las pilchas, Bichi. Salió barato.