por Mariano Fiszman
En caliente, con los jugadores de Argentinos colgándose la medalla milagrosa.
El Bicho de la Paternal es de nuevo campeón y yo lo celebro.
Argentinos siempre estuvo cerca. De Villa Pueyrredón, cuando yo era chico y viajaba hasta la cancha tomándome el 156 que ya no existe más en la calle Artigas. O ahora, de Villa Crespo, y después de muchos años de trabajar en Añasco y Seguí con la pared pintada de blanco y rojo.
La casa de Diego, de Borghi, de Redondo y de Riquelme.
Como me gusta el fútbol más que las camisetas, en el 84, 85, 86 lo vi mucho en los tablones de Ferro, en la cabecera de River la noche que le ganaron la final a Velez 2 a 1, o en nuestra cancha, la de Atlanta, el domingo que volvió de perder por penales con Juventus, fue 1-2 contra San Lorenzo, los dos de Perazzo. Eso cuando tenían equipo pero no cancha.
Y antes, en Boyacá y Juan Agustín García, como les gusta decir a los relatores, me acuerdo de otro partido también contra San Lorenzo, 3-2 el Ciclón, que perdía 2-1, empató con una chilena del gringo Scotta desde la línea del área grande que él dice que fue su mejor gol, y hizo varios, y el tercero no lo vi, lo escuché en la vereda porque mi viejo nos hacía irnos un par de minutos antes para evitar problemas.
Pienso en mi tío Alberto, que era del Bicho, en sus Citroens, en su casa de la calle Magariño Cervantes, y en la vez que me llevó a ver Argentina-Resto del Mundo, esa misma cabecera de River, pero mucho antes, 1979, gol de Diego a Leao al segundo palo con mucha comba.
Los recuerdos de fútbol, las charlas de fútbol con los amigos, son así, una cosa trae la otra.
Bravo por Borghi, discreto, tranquilo, vapuleado en Independiente, que juntó una banda de vapuleados y los hizo jugar bien y ganar. Sosa, no lo quieren en Avellaneda, venga. Coria, Velez no lo tiene en cuenta, venga. Caldera, maestro!, se le atravesó a Verón, no abandone todavía. Oberman, devuelto con asco por River, venga. Y ya que es un delantero que no hace goles, juege de volante, por las dos puntas. Dominguez, Gentiletti, Pavlovich, Raymonda, proletarios del fútbol, uníos. Y pongan ganas de ganar.
El motor de este Argentinos está en ese monstruo de dos cabezas que domina el fútbol actual, el doble cinco. Estudiantes, con Braña y Verón lo demostró en América, mejor acompañados, claro, pero el mejor doble 5 de Argentina desde hace un par de años es el de Monsieur Mercier y el anal Ortigoza. Y ya era así con Gorosito, que antes que le ataran las manos en River había pedido a Mercier. Dos laburantes de lujo. No es casual que los dos vayan a Sudáfrica, y me alegro por nosotros que Diego en un acierto lleve al pelado, único reemplazo para Mascherano de la lista, y que hoy, además, hizo el gol que los demás no hacían. Y lo festejó trepándose al alambrado, no sacándose la camiseta ni con una coreo.
Algunos dirán que como hincha de Atlanta no puedo festejar con mis vecinos. Quieren que seamos como los Pequeños propietarios de Arlt, que nos alegre la desgracia del de al lado. Hoy a mí me alegra su alegría. No es que quiera apropiármela, pero no me como la barrabravización del fútbol, la transformación de todos los que andan cerca en enemigos.
Que brillen las luces de Juan B. Justo, de Donato Álvarez y de Avenida San Martín.
Que corra la birra en La nueva andaluza y chorree la fugazzetta en Torino.
Campeones, disfrutenló.
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domingo, 16 de mayo de 2010
lunes, 29 de junio de 2009
Tito Corsi
Por Hilario González

El 25 de mayo pasado se jugó la final de veteranos. Al leer esta nota a cualquier hincha de River lo primero que se le viene a la cabeza es por qué mierda el Enzo no se pone la 9 de la banda y nos dejamos de joder. Y, tal vez, no estaría mal discutir en serio ese tema.
Pero, accidentalmente, mi ojo se puso en otro lado. En la foto, el jugador de Argentinos que está por recibir el pelotazo es Tito Corsi. Tito Corsi la rompía en el patio de la Castrense, la iglesia que queda en Cabildo al 400. En su patio había una canchita de baldosas que abría sus puertas todas las tardes de 3 a 5 (ni un minuto antes, ni un minuto después) a todos aquellos pibes que querían acercarse a Dios a través de la pelota. Un camino válido, si se quiere, pegándole a tres dedos o de puntín.
Tito hacía lo que quería a los 14 o 15 años. Tiraba seguidillas de caños, la mataba con el pecho, le pegaba de volea, tijeras, chilenas, de zurda, de derecha. Era generoso en el pase y solidario en la marca. Además, tenía una jugadita marca registrada: en plena carrera, pisaba la pelota, como parándose un segundo sobre ella y volvía a arrancar casi sin frenar. Era inevitable. Aunque sabías que te lo iba a hacer, te dejaba parado como un boludo. Tito era buen pibe, un flaco alto de esos que tienen el torso más largo que las piernas. Andaba siempre sonriendo. Pero no iba a misa. Pronto le perdí el rastro.
Cuando apareció en la primera de Argentinos (por los ochenta, más o menos), me acordé de sus pinceladas en el ámbito eclesiástico, esa gracia para moverse, la fina estampa de un crack. Me llamó la atención que Tito fuera considerado un mediocampista rústico, tosco y casi intrascendente. Inclusive tildado de mala leche en algún que otro partido. Pasa, supongo, con los que conocimos a alguien que después se hace famoso: no nos olvidamos lo que alguna vez dijeron de él. No lo supieron apreciar.
Los otros días Tito se enfrentó en la cancha con ídolo de toda mi vida. Pero que me perdone, yo en su lugar no me tapaba la cara. Hubiera rezado para que el pelotazo me pegara en un ojo para luego poder decir que el moretón me lo había hecho el Enzo Francescoli.

El 25 de mayo pasado se jugó la final de veteranos. Al leer esta nota a cualquier hincha de River lo primero que se le viene a la cabeza es por qué mierda el Enzo no se pone la 9 de la banda y nos dejamos de joder. Y, tal vez, no estaría mal discutir en serio ese tema.
Pero, accidentalmente, mi ojo se puso en otro lado. En la foto, el jugador de Argentinos que está por recibir el pelotazo es Tito Corsi. Tito Corsi la rompía en el patio de la Castrense, la iglesia que queda en Cabildo al 400. En su patio había una canchita de baldosas que abría sus puertas todas las tardes de 3 a 5 (ni un minuto antes, ni un minuto después) a todos aquellos pibes que querían acercarse a Dios a través de la pelota. Un camino válido, si se quiere, pegándole a tres dedos o de puntín.
Tito hacía lo que quería a los 14 o 15 años. Tiraba seguidillas de caños, la mataba con el pecho, le pegaba de volea, tijeras, chilenas, de zurda, de derecha. Era generoso en el pase y solidario en la marca. Además, tenía una jugadita marca registrada: en plena carrera, pisaba la pelota, como parándose un segundo sobre ella y volvía a arrancar casi sin frenar. Era inevitable. Aunque sabías que te lo iba a hacer, te dejaba parado como un boludo. Tito era buen pibe, un flaco alto de esos que tienen el torso más largo que las piernas. Andaba siempre sonriendo. Pero no iba a misa. Pronto le perdí el rastro.
Cuando apareció en la primera de Argentinos (por los ochenta, más o menos), me acordé de sus pinceladas en el ámbito eclesiástico, esa gracia para moverse, la fina estampa de un crack. Me llamó la atención que Tito fuera considerado un mediocampista rústico, tosco y casi intrascendente. Inclusive tildado de mala leche en algún que otro partido. Pasa, supongo, con los que conocimos a alguien que después se hace famoso: no nos olvidamos lo que alguna vez dijeron de él. No lo supieron apreciar.
Los otros días Tito se enfrentó en la cancha con ídolo de toda mi vida. Pero que me perdone, yo en su lugar no me tapaba la cara. Hubiera rezado para que el pelotazo me pegara en un ojo para luego poder decir que el moretón me lo había hecho el Enzo Francescoli.
domingo, 5 de octubre de 2008
Vamos los pibes
Lanús 4 - Argentinos 2
Por Alejandro Güerri
El chabón que cuida los coches nos ve cara de Argentinos.
-Diez pesos, muchachos.
Le damos dos y le decimos que a la vuelta arreglamos.
Llegamos con una Filcar de 1996. Dos opciones para entrar a Lanús desde Capital: 9 de julio-Autopista, Boedo-Av. Sáenz.
Chiquito Bossio, más fe que condiciones. Entonces, ¿las condiciones son la fe que uno se tiene?
Guidi y Arias, ahí queda la cancha de Lanús. Por la continuación de Sáenz, doblamos en Esquiú, hacemos ocho cuadras y vemos el cordón policial.
Vamos a la popu local. La entrada tiene colores flúo.

Cavernícola. Huérfano. Mediocre. Son tres insultos que, en la hora y media de partido, se ligan el 4 de Argentinos, el juez de línea y Furchi.
La hinchada de Lanús (la 14) odia a Gorosito por algo que dijo cuando dirigía a Lanús. En varios pasajes, hay puteadas y cantitos en su contra.
Pepe Sand es el héroe lanusino. Pone un huevo tremendo, juega y hace jugar, clava el segundo.
El primero y el tercer gol de Lanús son hechos en equipo. Conexión, toque rápido, sencillez y atrevimiento.
Con el tercer gol, llega el clímax. La hinchada canta: "Vamos los pibes" por un rato largo. Me sumo al coro sin pensarlo.
-Te contagiaste -me dice Lucas, de 7, sentado a mi derecha. Y agrega:
-Menos mal que nadie se contagia de ese.
Y señala riéndose, como casi todo el partido, a un tipo sacado que, pase lo que pase, grita y putea como un loco.
Cinco goles en un tiempo: qué felicidad. Lanús 3 - Argentinos 2.
En el segundo, se los ve a todos más cansados y el partido se pone más áspero. El 14, el 19 y Chuky Blanco (el 10), de Lanús, son tres petisos atrevidos que tocan y tocan y amagan.
Toda la popular aplaude las atajadas más boludas de Bossio. ¿Es el bufón del equipo? Medio en serio, medio en joda, hay una discusión entre hinchas sobre las condiciones de Chiquito. A uno que lo defiende, otros tres terminan cantándole: "Hijo de Bossio, hijo de Bossio".
Como en el césped no pasa nada, arrancan los cantitos contra Banfield. Uno, con el ritmo de "Marina", dice así: "Soñás con el fantasma del descenso. / La concha de tu madre, no existís".
Sobre el final, penal para el Grana. Sand adentro. El cambio y la ovación.
A dos cuadras de la cancha, en la vereda, hay una parrilla con carne como para alimentar a las dos hinchadas. Encima está este cartel que dice: "AANYJ. Asociación Amigos de la Niñez y la Juventud".
Por Alejandro Güerri
El chabón que cuida los coches nos ve cara de Argentinos.
-Diez pesos, muchachos.
Le damos dos y le decimos que a la vuelta arreglamos.
Llegamos con una Filcar de 1996. Dos opciones para entrar a Lanús desde Capital: 9 de julio-Autopista, Boedo-Av. Sáenz.
Chiquito Bossio, más fe que condiciones. Entonces, ¿las condiciones son la fe que uno se tiene?
Guidi y Arias, ahí queda la cancha de Lanús. Por la continuación de Sáenz, doblamos en Esquiú, hacemos ocho cuadras y vemos el cordón policial.
Vamos a la popu local. La entrada tiene colores flúo.

Cavernícola. Huérfano. Mediocre. Son tres insultos que, en la hora y media de partido, se ligan el 4 de Argentinos, el juez de línea y Furchi.
La hinchada de Lanús (la 14) odia a Gorosito por algo que dijo cuando dirigía a Lanús. En varios pasajes, hay puteadas y cantitos en su contra.
Pepe Sand es el héroe lanusino. Pone un huevo tremendo, juega y hace jugar, clava el segundo.
El primero y el tercer gol de Lanús son hechos en equipo. Conexión, toque rápido, sencillez y atrevimiento.
Con el tercer gol, llega el clímax. La hinchada canta: "Vamos los pibes" por un rato largo. Me sumo al coro sin pensarlo.
-Te contagiaste -me dice Lucas, de 7, sentado a mi derecha. Y agrega:
-Menos mal que nadie se contagia de ese.
Y señala riéndose, como casi todo el partido, a un tipo sacado que, pase lo que pase, grita y putea como un loco.
Cinco goles en un tiempo: qué felicidad. Lanús 3 - Argentinos 2.
En el segundo, se los ve a todos más cansados y el partido se pone más áspero. El 14, el 19 y Chuky Blanco (el 10), de Lanús, son tres petisos atrevidos que tocan y tocan y amagan.
Toda la popular aplaude las atajadas más boludas de Bossio. ¿Es el bufón del equipo? Medio en serio, medio en joda, hay una discusión entre hinchas sobre las condiciones de Chiquito. A uno que lo defiende, otros tres terminan cantándole: "Hijo de Bossio, hijo de Bossio".
Como en el césped no pasa nada, arrancan los cantitos contra Banfield. Uno, con el ritmo de "Marina", dice así: "Soñás con el fantasma del descenso. / La concha de tu madre, no existís".
Sobre el final, penal para el Grana. Sand adentro. El cambio y la ovación.
A dos cuadras de la cancha, en la vereda, hay una parrilla con carne como para alimentar a las dos hinchadas. Encima está este cartel que dice: "AANYJ. Asociación Amigos de la Niñez y la Juventud".
jueves, 18 de septiembre de 2008
Sexta, sexta
por Alejandro Güerri
Argentinos 0 - Boca 0
Ojo con Peñalba, un jugadorazo.
El mano a mano con el arquero: un momento trágico y sublime. Caranta se lo tapa a Romero.
"Hoy si no las metés, no ganás", dice Morel.
¿Y mañana?
Lanús contra otro equipo: 3 a 3
Alguien que haga un dibujo animado, cuyo superhéroe sea Chiquito Bossio.
Independiente 3 - Gimnasia (Jujuy) 2
Núñez goleador.
La cara de dragón de Borghi. "Che, qué corbata linda", le dice al periodista.
Central 3 - Arsenal 0
Caño y sombrerito, lujo del Equi.
Racing pierde contra otro equipo
44 del segundo, gol de ojete. No sé cuánto Gullota, un choto. La desgracia infinita de Racing.
Tigre 3 - G.E.L.P. 1
Hacer un gol en contra, lo peor del fútbol.
Estudiantes 1 - San Martín Tucumán 1
Renunció Boquita.
River 0 - Vélez 1
El Cholo se enoja un montón.
¿Será bueno eso para los jugadores?
San Lorenzo 3 - Banfield 1
El gol de Solari.
Pared y toque por arriba.
Lo mejor de la fecha.
"Estoy contentísimo", dice el Indio.
Argentinos 0 - Boca 0
Ojo con Peñalba, un jugadorazo.
El mano a mano con el arquero: un momento trágico y sublime. Caranta se lo tapa a Romero.
"Hoy si no las metés, no ganás", dice Morel.
¿Y mañana?
Lanús contra otro equipo: 3 a 3
Alguien que haga un dibujo animado, cuyo superhéroe sea Chiquito Bossio.
Independiente 3 - Gimnasia (Jujuy) 2
Núñez goleador.
La cara de dragón de Borghi. "Che, qué corbata linda", le dice al periodista.
Central 3 - Arsenal 0
Caño y sombrerito, lujo del Equi.
Racing pierde contra otro equipo
44 del segundo, gol de ojete. No sé cuánto Gullota, un choto. La desgracia infinita de Racing.
Tigre 3 - G.E.L.P. 1
Hacer un gol en contra, lo peor del fútbol.
Estudiantes 1 - San Martín Tucumán 1
Renunció Boquita.
River 0 - Vélez 1
El Cholo se enoja un montón.
¿Será bueno eso para los jugadores?
San Lorenzo 3 - Banfield 1
El gol de Solari.
Pared y toque por arriba.
Lo mejor de la fecha.
"Estoy contentísimo", dice el Indio.
lunes, 28 de abril de 2008
Lluvioso, por Mariano Fiszman
El último o por ahi único River Argentinos que vi fue un domingo muy lluvioso creo que de 1979. Me acuerdo que éramos tres pibes sin paraguas, me acuerdo que salimos después de comer y tomamos el 107 en Mosconi hasta Libertador (pero por qué carajo me acuerdo de esto: que al colectivo lo agarró la barrera de Nahuel Huapi, y por qué me violenta la vanidad de mi memoria), que en la puerta de plateas encontré al padre de un ex compañero de la primaria llamado Varela que era control y me ofreció entrar para refugiarme pero a mí sólo, que en la cabecera visitante éramos cuatro gatos locos, la hinchada de Argentinos de visitante y con diluvio en el 79 que puede ser 80, hasta 81, podría confirmarlo en el historial pero prefiero embarrarme en la memoria, estancarme como la pelota impicable en esos charcos de partido pésimo, uno a cero River, gol nacido de equívocos, en el arco de enfrente, a Munnuti (a la distancia todos los apellidos de futbolistas suenan absurdos), y para terminar me acuerdo (ya es vicio, lo sé) que a la salida entramos al baño del Pumper Nic de Figueroa Alcorta y siempre sin consumir nos secamos el pelo por turnos en esas máquinas de calor para manos.
Sé por qué me excita tanto recuerdo: no termino de creer que esto me haya pasado a mí, que yo haya sido ese, tan lejano, y más bien me siento un médium invadiendo la mente de otro. Año 80. El país también era otro, lluvioso. Pero igual habría comentaristas que decían, como el del sábado en radio Rivadavia, que “Independiente ganó por su eficiencia y por su eficacia”, y por ahi también había hasta un Ramírez haciéndole gol a otro Ramírez.
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