miércoles, 23 de junio de 2010

Mundiales

Algún comunista dijo que la religión era el opio de los pueblos....

Algún filósofo moderno dijo que la televisión inutiliza la mente de las personas...

Disculpen mi escepticismo. El mundial es la droga moderna, plena de sentimientos nacionalistas, machistas, patrióticos, de himnos nacionales, que genera amnesia y distracción. Es tan pero tan fuerte que hasta creemos ser felices.

sábado, 19 de junio de 2010

La hija de Pelé

Nació en una fría noche de invierno en el Morumbí, hace 24 años. Su padre fue a sentarse solo en una platea del estadio vacío. No quería ver la final por tele. Algo pasó, hizo un trato y nació su hija. Al mismo tiempo, en el estadio Azteca Diego levantaba la copa y la besaba.


La hija de Pelé está en Sudáfrica. Eso está a la vista. Se lesionan Pirlo, Suazo, Ferdinand, Essien, Diarra, Beckham, Drogba, Ballack, Owen, Adler, Robben, Bosingwa, Cabañas.


Brujería. Magia negra. ¿Me siguen?


España perdió con Suiza; Francia con México; Alemania con Serbia; Inglaterra empató magramente con Argelia; Eslovenia y Eslovaquia son el mismo país con distinto nombre, los van a descalificar.


Para disimular nos ilusionan. Todos los nuestros ganan. Parece que se ve a toda Sudamérica en la final. Pero la hija de Pelé va a poner lo suyo llegado el momento.


Se murió Saramago a los 87 años en una isla llamada Lanzarote.


Todo encaja. No cabe otra.

miércoles, 16 de junio de 2010

Sueños mundialistas III

Desde el fondo de la defensa argentina, alguien metía un pelotazo largo, de esos que atraviesan toda la cancha. La jabulani no caía nunca. El que corría como un loco para tratar de pellizcarla era Clemente Rodríguez. Cerca del área rival, la pelota picaba y cuando el arquero saltaba para agarrarla, Clemente con su pelada lustrosa la tocaba por encima del arquero. Gol, gol argentino.

Estoy esperando que llegue el partido donde ver este contraataque perfecto.

martes, 15 de junio de 2010

Sueños mundialistas II

Fer, yo antes del mundial pasado soñé que estaba en un entrenamiento de la selección en Ezeiza.
Estábamos parados en fila en un pasillo largo que al final tenía un arco. A la altura de la mitad del pasilo estaba Pekerman vestido con el equipo de gimnasia oficial. Él tiraba una pelota, la soltaba con las dos manos despacito dejándola ahí adelante y había que pegarle al arco. Yo pensaba ésto es una boludez. Van pateando todos los jugadores por turno. Adelante mío está Saviola. Patea. Me toca. Pekerman me tira la pelota pero es un pollo. Un pollo crudo sin cortar. Yo le doy con todo, el pollo da tres o cuatro vueltas débiles sobre su eje y queda ahí nomás.
Fin del sueño.

Sueños mundialistas

El otro día soñé con Bielsa. Teníamos una charla de fútbol. Él me contaba cómo le gustaba que sus equipos tuvieran la pelota diez minutos y presionaran cinco. "Ahogar al rival, todos marcando, y después tenerla, siempre yendo para adelante".
"Marcelo," le decía yo, "todo bien con tu planteo y el trabajo en la semana, pero a mí me gustan los tipos que rompen esquemas. Ser técnico también es darse cuenta de quién se levantó mal y quién está para comerse la cancha".
El Loco me aseguraba que con su sistema bien aceitado podía cambiar nombres y la propuesta funcionaba igual. Pero no me convencía. "Tevez agarra la pelota, atropella a los defensores, la clava en la red y a la mierda el sistema", le apuntaba. En realidad yo quería soñar con Maradona.

Durante las eliminatorias soñé dos veces. Una mirábamos juntos un partido de la selección (él estaba suspendido) con la compañía de Bilardo. "Me pongo muy nervioso," decía el Narigón y se pasaba el partido caminando por el cuarto. Diego tirado en un sillón: saltaba en las jugadas de peligro y volvía a echarse. Al final ganábamos uno a cero y nos abrazábamos muy emocionados. "No se puede sufrir tanto," se quejaba Bilardo. Después nos íbamos en un colectivo escolar con mi hermano Lalo; Diego manejaba y nos dejaba cerca de la casa de mis viejos.

La otra El Diez venía de visita a la casa de mis padres. Mi mamá no estaba muy convencida y la preocupaba que viniera mi viejo, que directamente no se lo banca. Para colmo el gordo no paraba de bardear. Opinaba de todo -la casa, el país, cómo educar a los hijos- y mi vieja lo miraba callada, se nota que por no ponerse a discutir. Después Diego tomaba agua de una jarra, se volcaba y se mojaba toda la chomba. "Dejá que yo limpio," le decía a mi vieja. En un momento yo le proponía que fuéramos a dar una vuelta: yo estaba contento pero no muy cómodo; él no, se sentía como en su casa. Y bueno, así son los amigos, ¿no?

viernes, 11 de junio de 2010