martes, 21 de julio de 2009

¡Gracias, Maestro! (Siempre y por siempre)

Por Daniel A. Liñares

El domingo al mediodía se disputó un partido en el que participaron jugadores retirados de Boca e Independiente.

Por Independiente jugaron, además del Maestro, entre otros, el Loco Enrique, Perico Pérez (dos de los que más ganas tenían, protestaban al referí y todo), Mandinga Percudani, Merlini. Notorias ausencias: Básicamente, el resto del mediocampo de aquel equipo del ’84: El Burru, Maranga, el Gringo; y el Negro Clausen y Trossero y Villaverde. En vez del Burru, estaba la Chancha Mazzoni...

Por Boca participaron, entre otros, Hrabina, Walter Pico (dos con muchas ganas también), el Chino Tapia —¡Qué jugador, señores, por favor!—, Graciani; en el segundo tiempo entró el Manteca Martínez, que vivió en offside, y creo que debe haber sido la primera vez en su vida que no convierte goles contra el Rojo. La ausencia más notoria por el lado de Boca fue la del Loco Gatti, estando Vivaldo en su lugar.

El partido terminó ganado por Boca 2 a 0, con goles de Graciani y Tilger. Lo arrancó mejor Boca el partido, pero a los 10 minutos ya era todo del Rojo: el Rojo había ganado el medio. Minutos antes de que termine el 1º tiempo, el primer gol de Boca: desborde de Pico por la izquierda y centro atrás a los pies de Graciani que no pudo resolver de una, pero el rebote le volvió a dejar la pelota en los pies y la mandó adentro. Gol de goleador. Como era un partido eliminatorio, en el 2º tiempo el Rojo se fue con todo al ataque y quedó descompensado abajo, Boca metió uno más y podría haber metido dos más también en ese segundo tiempo.

Pero pasemos a lo importante. Para un hincha de Independiente como yo, de 33 años, era un evento imperdible: Jugaba el Bocha, el Maestro, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Había colgada del alambrado una bandera que era fiel reflejo de la emoción de todos los del Rojo: “Gracias Dios por hacer que el Bocha juegue por siempre”, en clara alusión a aquel cantito de la hinchada en el cual, basándose en una melodía de León Gieco, le pedíamos eso a Dios: Que el Bocha juegue para siempre. El hincha de Independiente, en ese sentido, tiene algo que ningún otro club tiene. Recuerdo que cuando el Bocha se retiró de las canchas, allá por el ’91, me di cuenta de que yo no era hincha del Rojo: Había estado siendo hincha de Ricardo Bochini.

El Maestro tiene como 55 años, nunca fue de correr y el domingo no fue la excepción. Por momentos no participaba del juego tanto como hubiésemos querido. Pero es el Bocha. Y el Bocha es el Bocha. Así como todos los hombres son mortales y Sócrates es un hombre y por ende mortal, el Bocha es el Bocha. Y el Bocha hizo de las suyas.

En el primer tiempo sobre todo. En una desborda por la derecha y le hace un caño a Hrabina monumental, el jugador de Boca quedó marcando al banderín del corner mientras el Bocha se iba con su pelota, lo dejó pagando como lo dejó —creo que fue a él, precisamente— pagando aquel partido de la fecha 29 del Campeonato 88/89 (uno de los últimos torneos largos, campeón el Rojo) en la Bombonera, en el segundo gol, de Alfaro Moreno, la mismo tarde que el Bocha había hecho el primero saltando a Navarro Montoya, la pelota entró rodando al arco bostero y apenas tocó la red, así eran los goles que el Bocha le hacía a Boca.

Y gracias a Dios tuvimos oportunidad de ver lo suyo, “la Gran Bocha”: Independiente tenía la pelota en el medio pero con dificultad, Boca presionaba bien y faltaba una uña para que robara esa pelota que quemaba. Perico se la pasa al Bocha y claro, Percudani ya sabe. Entonces, cuando Perico da el pase, Mandinga piensa para sí mismo: “Yo me voy a quedar mano a mano con el arquero”. Y así fue, cuando la pelota llegó a los pies del Bocha, el Bocha ya había visto todo, no le duró ni un segundo la pelota en los pies, ya había partido el pase gol que recibió Mandinga Percudani que ya había picado al vacío porque se la veía venir. Estaba para una corrida como la de la final de la Intercontinental del ’84: Ningún defensor entre él y el arquero, pero como a 25 metros del arco. El estado físico no es el mismo y Hrabina pudo recuperarse y tocarle la pelota desde atrás cuando el goleador rojo ya estaba por sacar su remate. Igual el hincha del Rojo ya había visto lo que quería, lo que necesitaba: El Fútbol del Bocha. ¡Gracias, Maestro! ¡Gracias, Pa!

2 comentarios:

  1. Y sí, el Bocha es lo más.
    Genial la foto del Diego besándole la mano con Kirchner de espectador.

    ResponderEliminar
  2. Ese último campeonato lo fui a ver en la cancha de river, ganó independiente. Qué grande el bocha.

    ResponderEliminar