lunes, 2 de junio de 2008

El fútbol fue, por Mariano Fiszman

Volvía el sábado de hacer un viaje a Haedo en su Fiorino blanca escuchando el partido por radio y antes de un tiro libre para su equipo la cambió casi sin darse cuenta. No lo pensó. Estaba atento al semáforo. Estaba cansado. El dedo solo movió el dial buscando música. Recién al llegar sintió leve la falta de fútbol pero no le dio importancia. Entró en la casa, se bañó y no puso ningún partido. El domingo no compró el diario, no fue a patear con el sobrino en la plaza, no miró el codificado ni Fútbol de primera. El fútbol fue, es lo único que dice el lunes a la mañana sin suplemento de clarín cuando avisa en la remisería que no va a ir más a jugar los jueves a la noche abajo de la autopista. Ya fue, dice encogiendo los hombros. Lo que más les preocupa a los muchachos es su desinterés. Diagnostican depresión. Una especie de anorexia futbolística peligrosa. Tendencias homosexuales, obvio. Psicosis. Pecho frío. A nadie le cabe en la cabeza que después de veintiocho años de servicio en la Empresa Fútbol (había entrado a los seis con su primera camiseta de piqué y un álbum de figuritas) la abandone de un momento para el otro despreocupadamente, peor todavía, porque parece que es el fútbol el que lo abandonó a él, dejó de comerle la cabeza y las uñas y vació sus sueños. No le cabe cuestionarse nada, no cree estar perdiendo nada importante. ¿Cómo pudo pasar?, se preguntan en la remisería. Que es como preguntarse: ¿puede pasarnos a nosotros? Él quiere hablar de otra cosa, sonríe sin orgullo y dice que el fútbol fue.

1 comentario:

  1. Otro bueno.
    En mi caso, creo que la vida incluye al fútbol, no puede faltar.

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