miércoles, 22 de abril de 2009

Boca - River

por Alejandro Güerri

Fui a
Cambalache a ver el superclásico (¿cuándo se bautizó así este partido y por quién?), la pizzería donde vamos con mi amigo Topo cuando River juega de visitante y donde asombrosamente está invicto. Esta vez se sumó Fede.

Venía de un sábado mal dormido y el partido era por momentos un sueño y por otros una pesadilla. Sabía que el resultado incidiría en mi ánimo el resto del domingo y no sé qué me ponía más loco, si la cantidad abrumadora de publicidades que impedían ver el juego en la parte de abajo de la pantalla o los pases que los defensores y mediocampistas de River le daban limpitos a los de Boca.

Cada vez que enfocaban la porra de Pipo se me escapaba una sonrisa. Recordaba el negocio que Topo me propuso sábados atrás: “Hagamos la Barbie Gorosito”.

En el entretiempo, con el alivio del cero a cero, me avivé que en la pizzería estaba Ángel, el ex portero de casa, y tuve un pálpito: “hoy ganamos seguro”. Siempre que me cruzo con ese tipo pasan cosas buenas. No dije nada a mis amigos para no ser yeta pero vi el segundo tiempo convencido de que victoria y millonarios eran sinónimos.


Cuando Palermo la clavó desde lejos, llegó la revelación: los hinchas de Boca se levantaron con un grito y los de River nos quedamos en silencio, a las puteadas por lo bajo.

El tiro libre de Gallardo me dejó afónico. Cagón y
valiente pensé: “si los bosteros hacen un gol ahora, nos lo van a gritar en la cara y se pudre”. Chau civilización.

Lo que se erró Falcao es una demostración más de que con la pelota en los pies el tigre es un queso. Que a rosales lo sigan poniendo resulta inexplicable (a veces creo que es un piojo López sin desborde ni centro ni gol ni ojete) y en general me enfurece.

Cuando iban uno a cero, les faltó Riquelme para poner el culo, aguantar la pelota, chichonear en el córner, hacer echar a un Pacogerlo y que la Bosta nos ganase con toque y ole de la doce. Mejor. No ser humillado de continuo contribuye a una mejor autoestima.


Salimos de
Cambalache con el uno a uno definitivo. No estábamos contentos pero sentíamos paz. Comentamos lo choto de la defensa con foco en Cabral, lo asustadizo que
parece siempre el Pato y lo bajo que está el Ogro. Dijimos como todo el mundo: "que deje de hablar y juegue".

Topo se subió a su bicicleta
y con Fede nos mandamos a correr.

7 comentarios:

  1. Muy buena crónica. Coincido plenamente.
    Fede

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  2. Uh, pobre Rosales. Y qué sorpresa lo de Riquelme, que les da miedo hasta cuando no juega...
    Abrazo.

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  3. Muy bueno el post.

    Che, avisen! (siempre y cuando no se contradiga alguna cábala, no quiero ser objeto de apelativos yetatorios)

    Falcao la tenía que meter y se pudría todo en ese lugar. La crónica hubiera sido escrita desde la comisaría.

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  4. No sabía que Ángel no está más en tu edificio. ¿Lo echaron? Ya el nombre es buena onda. Y siempre Labruna ahí, no?
    Evidentemente River salió ganador.
    Muy lindo el ritmo del relato.

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  5. Toda tu bonita literarura no hace mas que resaltar tu panico contenido ante una repetida posibilidad de derrota en el clasico. Entiendo ese panico por no perder de nuevo, asi como entiendo el festejo contenido ante el empate, escondiendo cierta verguenza obligadamente. La culpa es de papa, que te hizo gallina, nada que hacer.

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  6. Querido, anónimo,
    buena presunción sicoanalítica pero papá no es de River, Papa juega en Vélez y la papa se come frita, hervida o al horno.

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  7. mariano de nuevosábado, abril 25, 2009

    Qué linda pica tribunera del siglo veintiuno. Con algo de civilización versus barbarie, de bonita literatura-cagazo versus iletrismo-agresivo. Es lo que yo decía, faltó muy poco para que hubiera goma, es el clima de violencia que los Kirchner le transmiten a la sociedad con su crispación revanchista, eh.

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