miércoles, 7 de noviembre de 2012

Rojo-Lanús


Lunes a la noche, un amigo de un amigo no va a la cancha, y me prestan su carnet con cuota al día. Economía solidaria. Una entrada paga para aprovechar. Yo aporto mi aliento.
Hace calor, previa en la pelopincho. Arranca nueve y media (saldremos como a las doce) da para comer antes: pasada por Los 3 Ases de Sarandí. Dejamos el coche en el Carrefur de Pavón, tomamos por la calle que nace en la estación (Darío y Maxi), bordeamos la vía, bajan hinchas del terraplén, vocean desde las parrillitas, desembocamos en las torres. Un primer cordón nos hace dar un rodeo. Empiezan lejos de la puerta, el cariño de los cacheos. Segunda vuelta de toqueteo y control: ya entramos.
Me acordé de las peripecias del pasado, ir a buscar al cobrador por Alsina, si te habías colgado unos meses con la cuota (o él). Ir a sacar la entrada abajo de la Cordero, muñecos mangueando guita, "yo te la saco, amigo", "quedate acá que entramos con la barra". (Se abría la puerta en el segundo tiempo). Ahora, ñieris, todos en regla, trámite y tributo. Menos folklore, más eficiencia.
La caldera está cambiada: donde estaba la cancha de hockey, unos molinetes de metal matrix del piso al techo. El bufet enorme derivó en una especie de Pancho 95 tras las rejas. No vi cocacoleros rondando con los vasos en la conservadora. Mi segunda vez en el flamante e inconcluso "Libertadores de América"; primera vez en la popular local. La última vez fui de enfrente.
Es estratégico que llegue el aliento desde las dos cabeceras, a la hora de defender y definir. Pero evidentemente no le estamos sacando provecho, porque al árbitro no lo abruma la localía (hasta un toque nos bombea). Y los jugadores del Granate no se ponen ni la mitad de nerviosos que los nuestros, atrás y adelante. Se tienen confianza y están bien plantados: encaran y muerden cada pelota dividida, corren todos. En el banco están los Mellizos, difícil distinguirlos desde la popu. Partido chivo. Y se lesiona Morel.
A los 7' entra Tula, de dos. Velázquez pasa de cuatro y Vallés de tres. Pobre gente. Les costó hacer pie con la cancha corrida y cambiada. Hilario saca unos pelotazos. El medio estará sofocado por estos primeros calorones, lento, blandengue. Arriba, Benítez y Vidal no se encuentran ni aguantan, Villafañez se diluye yendo y viniendo de ocho, generamos peligro nulo.
La gente alienta pero en ausencia de la hinchada no se termina de armar. Los cantos se deshilachan, se superponen. Si el equipo no entusiasma, afuera el entusiasmo fluctúa. Falta una percusión, que sostenga el ritmo. Como los tambores para los remeros. Lanús, que son un puñadito, con dos bombos se hace sentir. Que traigan unos vientos: tres trompetas, trombón, unos saxos, a tocar melodías, para rearmonizar la energía cuando los jugadores pifian todas. Se canta y se salta, a pesar del dolor de ojos del equipo. Repertorio cumbiero. Y surgen cantitos clásicos, básicos: hoy hay que ganar, ponga huevos, vamos rojo. Y un mántrico, y "dale, dale, Rojo", que se va y vuelve. Las letras hablan menos de aguante y más de sentimiento.
Claro que hay gritos homofóbicos, racistas, clasistas, "no tienen agua / no tienen luz / son los villeros de Lanús". ¿Qué onda? ¿Los villeros de Independiente tenemos todos los servicios joya? ¿O no tenemos más villeros? La transversalidad del fútbol tiene estos ridículos. Cuentan que Atlanta les cantaba con más clase y menos clasistamente: "Qué lindo que es Lanús. / De día falta el agua / de noche falta luz". Es más objetivo, estigmatiza a todo el barrio. El fútbol tiene eso de reservorio de anacronismos, instintos brutos, primitivismo, fascismo adolescentes. Hay putos en las tribunas y adentro de la cancha, en todos los equipos, y se sigue usando ese insulto. Sin embargo, sin la barra, la atmósfera huele algo más ¿inocente?
Se ven muchas más chicas en la tribuna local. Me acuerdo en los 90, todavía no abundaban: veías algunas chicas o parientas de la barra, unas nenas de look guerrero, camiseta hecha top con un nudo, calce profundo, capaz que sarandeaban al ritmo de los bombos, como si estuvieran en una murga, como si modularan la libido de la multitud. Lejos de la cabecera, algún que otro flaco con la novia. Un tipo con la hija, con la señora. Pero las mujeres estaban en el sector socias y en las plateas. Hoy la popu, abunda en chicas preciosas. Grupitos de amigas mandando SMSs y sacándose fotos, estilo altapendeja.com.
El partido es un poco malo, y sobre todo, desfavorable: casi no les pisamos el área, zafamos muchas. En una, no. El arquero de ellos (Marchesín, ¡puto!) saca largo, Tula no acierta a despejar de cabeza, cuando va a reventar ¿le meten una plancha? Se la llevan y Romero define. Viene al caso una metáfora de nubarrones en el horizonte. Se pone oscuro el panorama. Igual es una noche hermosa.
Final del primer tiempo, abajo, toca sentarse, y comentar. A izquierda y derecha, arriba y abajo, distintos análisis de lo mismo que todos vinimos a propiciar. Se reparten datos, culpas, se proponen soluciones.
Quemamos la mitad que nos queda. Arranca sin cambios la segunda parte. Traje dos encendedores, pero no tendría a quién tirarle uno; ni el árbitro es tan hijo de mil puta como para poner en ridículo mi alcance y puntería. El equipo está más animoso. La hinchada sigue alentando. Clavamos un desborde y un zapatazo en el travesaño. Reclamamos un penal porque alguien se cae en el área de enfrente. Hay que empatar como sea.
Cuando ataca Independiente vuelve el "dale Ro", pero la mitad alienta y la otra mitad les da indicaciones a los jugadores, que deben escuchar mal. Órdenes simultáneas y contradictorias, pateá, encará, tocá. Nuestros jugadores no entienden. Se embarullan, la pierden.
No tener barra brava tiene algo de déficit. Me queda pendiente una apología que ya hice dos veces de improviso. Imaginate un sindicalismo sin barras, una política sin barras, sería más civilizado, más prolijo, más eficiente, pero quizás se perderían más luchas populares, ¿cómo tomás una "medida de fuerza"? ¿Nos cogerían más los abogados y los contadores? Habría que evolucionar las barras bravas hacia la no-violencia por boludeces, y preservar la política, el poner el cuerpo, para otras cosas. Ganar el corazón de los monstruos.
El Tolo cambia la inofensiva delantera. Hace debutar a un pibe, Buter. Y mete a Rosales. El pibe corre, y busca, toca un par, en una cuerpea cerca de la línea de fondo, y cae. Ni fau ni amarilla. Vuelve pero al ratito se retira roto. Quedamos sin promesa y con 10. Batión está en una gamba: "andá al arco", le gritan. Y a Rosales: "entraste hace 10', corré, gordo borracho".
En el córner hay una bandera de Pastoriza. Dice: “Los estoy mirando”. Vení otro día, Pato. El equipo va para adelante como sin esperanza pero con obstinación. Y retrocede más despacio de lo aconsejable. Lanús no acierta en las contras durante un rato. La hinchada canta por el equipo, o por los colores. "Soy del rojo desde que estaba en la cuna".
En una de las tantas contras, nos embocan el segundo: el yorugua Regueiro, jugadorazo, la aguanta contra dos por la izquierda, se los saca de encima, y se la sirve a Castillejos para que la empuje. Dos a cero es  precio, jugando con diez contra un gran equipo.
“Rojo, yo te persigo, / vos sos la sangre que a mí me mantienen vivo, / cada domingo te vengo a ver / y aunque no ganes cada vez voy a volver". Canciones gestadas en momentos adversos. Nudo en la garganta. ¿Cómo será que las ideas entran al flujo sanguíneo, al aparato respiratorio? Emociones fisiológicas.
Toda la cancha alienta, a pesar de la derrota, conmovida. Vuelven las dudas, la expectativa siempre. Dependemos de este mismo plantel, averiado, para seguir adelante. ¿A qué reprochar? Apoyo y arenga. A pura fe, invocando a la suerte, a la mística. Y cómo vamos a transpirar en este infierno las próximas semanas. Final del partido. La voz del estadio se despide. Tenemos que esperar a que se retire la visita. Y, hasta la victoria siempre, empezar a cambiar de tema. Por ejemplo, un documental buenísimo sobre Cruyff: 


3 comentarios:

  1. Buena esa crónica. Parece que el rojo precisa su mística.
    Fede

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  2. Muy bueno Fer, lleno de perlas: el cariño de los cacheos, los Tres Ases de Sarandí, la manganeta del carné, el espectro del cobrador, los dos encendedores, las chicas, la propuesta casi reikista de la orquesta de vientos... Lástima el resultado, o más bien, la falta de futbol en general. Increíble el video de Cruyff, no pude parar, muchas gracias. Hay que pasarlo en todas las escuelas! Y que contagioso el ritmo de Soy del rojo desde que estaba en la cuna... con el color que cada uno use. Abrazo!

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  3. Qué bueno que lo hayan leído. Y gracias por sus palabras. La ocasión me pidió crónica. La falta de fútbol, sólo chispazos. Este domingo hubo tres 0 a 0 seguidos. Qué suerte Iójan!

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