jueves, 18 de agosto de 2011

Sentimiento indestructible


Por Hilario González
River Plate tu grato nombre arrancó su viaje exótico por las tierras inexploradas de la B Nacional. Un torneo muy difícil que no hay que subestimar, repiten los agoreros que alimentan el morbo de señoras que no saben nada de fútbol pero opinan en las verdulerías acerca de la triste realidad riverplatense. Porque en la B Nacional juegan hombres de patas peludas y dientes torcidos como hombres lobo y te van a hacer sentir el rigor de la categoría. Casi cualquiera habla de River y repiten lo que escuchan sin saber lo que pasa.


El panorama de las frases hechas en este tiempo muerto desde que el ascensor bajó a la B y hasta ayer, que por fin se abrió la puerta del túnel del Monumental, nos pintaba el viaje por la B Nacional como si fuera una travesía china por un paisaje desolador. Dicen que River va a viajar más de 1.000.000 km en un tour nefasto organizado por la Momia y Silvio Soldán. Parece que nos van a comer los caníbales, que los jugadores de la B Nacional fueran gladiadores, campeones de lucha libre, asesinos corta piernas o tuberculosos que si te escupieran te sacarían ampollas en la piel. El viaje por la B Nacional es un arreglate como puedas con dos fósforos y tres empanadas y estás en bolas en una isla salvaje donde la arena te calcina los pies y los nativos tienen porongas de 45 cm.

Para colmo la noche del debut, el histórico martes 16 de agosto de 2011, era horrible. La lluvia y el frío hacían presagiar la presencia del Yeti como forma palpable del fantasma de la B. Era una noche para el crimen, la antesala de una ejecución programada. Y, para abonar el aire mortuorio, River jugaba nada menos que con Chacarita.

Para sumar un poco más a la teoría del terror les quiero contar una historia que me llegó los otros días y no sé si la estoy robando de algún lado o lo soñé. La historia de un partido memorable entre empleados del cementerio de la Chacarita: Nicho Vs. Tierra. Los de Nicho eran más altos, flacos y pálidos. Los de Tierra, en cambio eran más bien morrudos y oscuros. Todo eso producto de que sus actividades diarias habrían moldeado sus cuerpos o bien debido a la selección de personal que hacía escrupulosamente la administración del cementerio. El partido se jugó en un terreno baldío que había entre las últimas tumbas y las vías del San Martín. Esa noche había niebla, llovía mucho y la cancha era un barrial. No había casi nadie mirando. Tan sólo un viejo linyera que estaba sentado sobre un carrito de supermercado, detrás de uno de los arcos. El hombre miraba atentamente las acciones y gracias a él la historia llegó hasta nosotros. El linyera contó que a poco de empezar, el partido se hizo áspero. El agua de lluvia y el barro lo hacían más espectacular. No había réferi, por supuesto y no se cobraba nada de nada. Era un partido entre hombres, por el honor o por quién tenía más huevos o la tenía más grande en el cementerio. Se jugaba poco, se pegaba mucho. La pelota flotaba de aquí para allá. La tierra se removía por los pisotones y las barridas de los jugadores y, entonces, de entre el barro empezaron a aparecer los primeros huesos. Los de Nicho y los de Tierra estaban tan enfrascados en su lucha que no se dieron cuenta. El hombre sí, el prestó mucha atención a lo que sucedía, pero no dijo nada. Sin proponérselo los protagonistas, el match entre Nicho y Tierra se transformó en un ritual satánico y cuando la lluvia se hizo más intensa y la noche más negra, ahí empezaron a salir los muertos. Al principio, todos ponían. Todos contra todos, como ciegos debajo de la lluvia torrencial. Pero pronto los zombies, uno a uno, fueron perdiendo el interés y se escaparon del cementerio en todas las direcciones. Cuenta el viejo linyera que vio varios de esos zombies jugar en la B Nacional. Así que no es de extrañar el mito ese de que el campeonato del ascenso es verdaderamente monstruoso.

Fui a la cancha, decía, a presenciar el arranque de River en la B Nacional. Fui con mi amigo Guille. El mismo que me llevó la primera vez al Monumental. Fue en algún momento de 1976. Estábamos charlando a la salida de misa. La familia de él y la mía. River jugaba esa misma tarde. Éramos chicos para ir solos. Guille dijo que iba y yo me moría de ganas, entonces mi mamá dijo que me iba a llevar, pero el padre de Guille se ofreció gentilmente. No me acuerdo con quién jugaba River. Por ese entonces, faltaba cerrar una parte de la herradura, todavía no estaba la tribuna donde ahora está el cartel electrónico y me impresionó que se podía ver el Río de la Plata. Esa tarde, la cancha estaba llena, el cemento se movía, había olor a panchos y a goles. Y esa tarde grité un montón. Y a esa tarde le siguieron muchos campeonatos felices, muchísimos, muchos más de lo que pueden decir otros. Por eso, yo asocio ir a la cancha con la felicidad. Siempre. A pesar de todo.

Entonces, Guille me llamó el lunes y me dijo de ir. Nos pareció simbólico que arrancáramos juntos el tan temido periplo por la B Nacional. Era como empezar de nuevo. Y ni bien entramos, los viejos miedos nos saludaron.

Las tribunas estaban colmadas de hinchas masoquistas que no creyeron en los pájaros de mal agüero que fabricaban las frases hechas. Nos hermanaba la desgracia y encontrábamos en el otro un brillo extraño en unos ojos de laucha y en los pelos de nutria sobre la cara y todos teníamos un rictus nervioso como soldados en la lanchas del desembarco en Normandía.

Era el día D. Había que estar llueva o truene. En el entretiempo, el agua corría por nuestras cabezas y espaldas y los monstruosos jugadores de la B Nacional ya no nos parecían espectros de seis cabezas, sino tipos normales, laburantes mal entrenados y torpes como cualquiera de nosotros o antiguas glorias que ya estaban de vuelta y mostraban sus últimas artimañas para sacar el partido adelante.

Al final, cuando el triunfo se había consumado, me pareció escuchar el aullido de unos lobos o era el ulular de un monstruo que se iba del Monumental para dar paso a la realidad. Pero no, no era nada de eso, era el rugido de la gente, la expresión de ese sentimiento indestructible del que me siento orgulloso.

6 comentarios:

  1. Estaba el Hijo de Puta del Beto Alonso para que le devolvieras el garzo en la jeta?

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  2. Muy buena la caracterización de la B y el partido Nicho vs Tierra.
    Más allá de las frases hechas y sus repetidoras barriales, la TV viene equiparando bastante ambos campeonatos, y el nivel de juego no difiere tanto por ahora.

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  3. Hila! q haya llovido creo q le dio un marco "epico". y yo senti q la gente tenia mas ganas d ir a la cancha el martes pasado q durante todo el torneo anterior.
    ir a la cancha siempre es magico y tb aterrador, porq se sufre como loco, pero pase lo q pasa, como vos decis, el sentimiento no se destruye, se hace mas fuerte!

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  4. Han pasado 4 fechas de este torneo. River ya se dio cuenta que juega en la B, y eso es bueno. Lo digo por ver cómo Central comenzó el año pasado: los canallas creian que se iban a llevar el campeonato de taquito, y así les fue. La desesperacion por ganar todo les jugó en contra. Veo a River bien, concentrado en cada jugada, y sabiendo que no les va a ser facil, aunque hayan ganado todo hasta hoy. Vamos River, vuelvan a primera, porque como hincha del Rojo, les quiero ganar.

    Lo bueno es que este año no vamos a perder contra River.

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  5. Pero qué lindo es ver a River en la B, ¿no?, aunque la tele lo camufle metiéndolo entre los partidos de fútbol.
    De acuerdo con Tomás de la Vedia: el que dice todo eso: "ah el Beto Alonso era un caballero", era porque lo vio por la tele, o en la cancha de River, que ves todo lejos.
    Salú, amigo, disculpe mi fobia.

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