sábado, 3 de octubre de 2009

Fútbol desde la tribuna

por Fernando Aíta

El viernes, gracias a la insistencia de Pez y Daniel, volví a la cancha.

Nos juntamos siete y algo en Gerli para la previa (qué lindo sería poder brindar en la tribuna), a las ocho nos tomamos el 446 y media hora después estábamos, como muchos otros hinchas del Rojo, caminando por el familiar barrio de Lanús. Hay una luna redonda como una pelota y los murciélagos revolotean de alegría.

Todavía teníamos que sacar entrada: esto es, hacer cola y dialogar con los muchachos de la barra: Dame la plata que yo te la saco, Sale 40 pero yo te hago entrar por 30, me pagás adentro, Yo te la vendo a 30 y te ahorrás la cola, ¿No me habilitás dos pe pa' la entrada, pa? y otras propuestas poco tentadoras. Escuché la palabra "amigo" como treinta veces (¿será un efecto colateral de Féisbuc?)


Ay, ay, ay, ay,
la que se coge a la Guardia Imperial.



Sacamos una entrada de 30 para ir a una cabecera. Nunca había ido al estadio Granate: el campo en buenas condiciones, tiene el pasto con líneas diagonales, como marcando los pases en cortada. En nuestra popular hay bastantes familias (un perro contento), pibes con la novia, padres e hijos. Se ve bien. La hichada está en el arco de enfrente, disfrutamos cómodamente de los colores y el aliento: llega el olor a pólvora de los cohetes, el tun tun imparable de los tambores y la alegría de las trompetas fraseras.

El Rojo sale de blanco; Tigre acompañado de silbidos (y la mímica de un puñado de hinchas).

Vos nos sos de Tigre:
sos de Boca o de River.

No logro recordar cuándo fue la última vez que había ido a la cancha, pero sin duda no había tantos celulares, ni gente sacándose fotos.

El equipo del Tolo sale a manejar la pelota y buscar. Pero la primera clara es del visitante: uno engancha y patea de lejos; bien Gabbarini. Primera obviedad: en la cancha ves lo que pasa en todo el campo de juego, no sólo los alrededores de la pelota.

Independiente es un equipo lo que se dice corto (30, 40 metros entre Matheu y Silvera) con buenos cambios de frente y voluntad de toque. Tigre manda a Lázaro y Luna contra los centrales, suma alguno para que le bajen un bochazo, y juega rápido de contra. Le funciona, a los 15' la pelota le llega a Luna mano a mano con Matheu; engancha y pasa, y en el área la abre de chanfle y la clava en el ángulo. Lindo gol.

Hoy hay que ganar.
Hoy hay que ganar.
Hoy hay que ganar, Independiente.
Hoy hay que ganar.

Por suerte, a los tres minutos, tiro libre para el Rojo cerca de la medialuna. Mareque la pisa y Acevedo (para inaugurar una racha de goles de pelota parada, espero) le pega un chutazo bajo que cruza la barrera y entra. Gritos, abrazos y afonía.

Después el partido se pone áspero, trabado, pocas claras para los dos. Segunda obviedad: en la cancha hay suspiros, gritos, puteadas, uuuhhhs, espontáneos y multitudinarios; la localía ayuda al referí a cobrar; no hay juicios de relatores y comentaristas. La Voz del Estadio le pide al propietario de un 147 blanco que lo corra, que un vecino quiere entrar a su casa.

El primer tiempo termina con un tiro libre del Matador que pintaba para centro, se cerró y dio en la parte de arriba del travesaños: ojo, Gabbarini.

A sentarse. Refresca. La Voz del Estadio anuncia que el hincha más grande del país es del Rojo: Miguel Ángel Parodi nació en 1900 (cuatro años antes que el club) y a los 109 está mirando este partido.

Hoy hay que ganar.
Hoy hay que ganar.

Segundo tiempo: entra el Pelado y renueva la esperanza. La terna arbitral se cambió la ropa. El Rojo sale enchufado. Tigre se cuida y faulea bastante.

Cinco minutos. Córner. Nos ponemos de pie. El centro va al punto del penal, la pelota queda picando y Matheu la manda adentro de cabeza. Delirio, abrazos, gritos dementes.

Y dale, y dale, y dale, Rojo, dale.

El Rojo empieza a jugar mejor, pero el árbitro nos cobra todas las pelotas divididas en contra, y los de Cagna nos cagan a centros. Tercera obviedad: en la cancha no hay repetición; las cosas son o no son, y la sensación perdura.

Furchi, hijo de puta,
la puta que te parió.
Bis.

Nos comemos un par de contras con Piatti y Gandín: hay que definirlo, muchachos. Entra Morel y Tigre arrima peligro. Va Pusineri por Silvera (¿por qué, Tolo?) pero a los 10' se va expulsado por doble amarilla: joya, no va a poder entrar contra River. Y entra, tarde el Pato Rodríguez, que se embarulla y se pierde un par de contras.

Sufrimos bastante con los centros que nos tiran, pero la defensa se aploma. Y a los 48, Furchi lo termina. Festejo final. Aplausos. Y anticipo:

Que el domingo, cueste lo que cueste,
que el domingo tenemos que ganar.


4 comentarios:

  1. Se ve que lo pasaste bien en tu regreso a las canchas. De a poco los hinchas del rojo agarran fe, a fuerza de rapiñar puntitos.
    La frase:
    "Tigre se cuida y faulea bastante."
    no se puede leer en el comentario de ningún otro ¿medio?.
    Aguante ungolazo.

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  2. Por eso del "mangueo" a la entrada es que me hice socio y ahora voy con la plata para el paty, nada más.

    Redescubrir la cancha y que tu equipo gane, está buenísimo. Ahora, genera la obligación de seguir.

    Me gustó el jueguito entre "Cagna" y "cagan". Y la alegría de los murciélagos.

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  3. El apellido Furchi incita a la puteada.
    Fede

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  4. El orgullo de ser del Rojo. Tenemos a la hinchada y al Hincha Más Grande. Gracias Miguel Angel Parodi.
    Indiana

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