viernes, 20 de febrero de 2009

La tormenta

Por Laurent Jacobi, desde Marsella.

Aeropuertos cerrados, millones de gentes sin electricidad durante días, algunos accidentes mortales y selvas destruidas, el mes de febrero 2009 en Francia no será olvidado. La primera tormenta del milenario según los medias, un error meteorológico para los científicos, la prueba del cambio climático dijeron los ecologistas. Ninguno entiendo la evidencia.

El viento empezó un domingo. Cuando un avión de la Iberia llegó en Paris con 30 pibes mal vestidos y un gordito con dos diamantes en las orillas.

4 días de locura. 4 días y una pregunta. ¿Donde esta el gordito?

La verdad no la conozco. Sé solo la leyenda.

No quedó en Paris una segundita. Se fue directamente en Marsella y el tornado también. Algunos dicen que era muy nervioso porque la TV francesa negó pagar 100 000 dollares para una entrevista.

En Marsella, los efectos del ciclón persiguieron. El lunes, un hotel retranquilo del barrio chico se transformó en campo militar. Un pequeño pueblo de la zona, Gemenos, sufrió mas. Era el terreno de entrenamiento de los chicos. A el gordito no le gustó la césped. Pidió silencio y no espectador. Maldita tormenta, dos hombres cayeron de árboles. Al final, los puertas se abrirán y regaló un gante a una mujer. ¿Lo de la mano de dios? Misterio.

El martes, los grandes profesores franceses perdieron sus nervios contra la institución. Un drogado casi analfabeto había sido elegido Doctor honoris causa. ¿Pero de qué causa?
Tomé el tren miércoles. Dirección el amistoso. Previa trabajar un poco en TGV sobre mi compu. Fue imposible. El elegante tren donde esta prohibido fumar y gritar al celular parecía una barra brava.
A los sietes de las tarde, llego al Stade Vélodrome, la cancha de mi juventud donde ha visto no sé cuanto partidos de l’Olympique de Marseille. Sorpresa, hay mas remeras blanca y azul que francesas. No es una invasión argentina y tampoco porque son los colores del club local. Son solo otros efectos de la tormenta.
El pueblo de Marsella es especial. Muchos habitantes dicen que antes de ser Français son Marseillais. Además “Les bleus” y su técnico no son muy amados. Para prevenir todo risco de silbados, la federación francesa había distribuido 15 mil banderas tricolores. Muy lindas fueran las banderas en el viento pero nada que ver con la ola de aplausos para saludar la entrada del gordito.
¿Qué decir sobre el partido?
Una equipo nerviosa sin genio y inspiración con miedo de herirse
frente
un grupo seguro con ganas y pilas sin complejo
por un resultado lógico.
2-0 por dos rayos en el ojo del huracán.

A la 75’, cuando Messi puso un motor en sus piernas y voló en la defensa francesa, entendí que la tormenta estaba a su climax. Hubo algunos olé, olé y olé para joder la mediocridad del juego franchute y felicitar el toque Gaucho. Y nada mas. Los 60 000 mil personas salieron de la cancha en el frió pero sonriendo: el viento estaba cayendo.

2 comentarios:

  1. Incrotable.
    Quelle envie d'avoir eté là, non à ta place mais tout à coté, et d'aller boire un pastis a la sortie, bien sûr.
    Grande leçon des argentins, esperons que Diegó arrive a les faire faire la même chose à la Afrique du Sud, l'année prochaine.
    Un abrazo

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  2. Incredible crónica.
    ¡Y qué linda tormenta!

    Un abrazo para el hermano marsellés.

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