martes, 8 de febrero de 2011

La picó

De aquella definición contra Ghana queda el preciso recuerdo: “cuando Abreu la picó”. Hace poco lo escuché contado por su propia voz. Cómo le anticipó a los compañeros que la iba a picar en el último penal. La cara de terror de los compañeros. Cómo le dijo “tranquilo Maestro” a un Óscar Washington Tabárez Silva también espantado por el pronóstico. Y cómo el míster cerró el cuento diciendo “el hijo de puta la picó”.

Sus anécdotas son siempre desopilantes. Un cronista al final de un partido en el que hizo un gol de cabeza lo chicaneó para ver quién era mejor cabeceador, si él o Palermo. Él dijo que Palermo era mejor. El cronista repreguntó: ¿y vos en que sos mejor? Se tomó una breve pausa mirando al horizonte y le soltó: “Haciendo asados; haciendo asados lo mato”.

Washington Sebastián Abreu Gallo lo hizo otra vez. Para ser preciso, dos veces en tres minutos. Jugaban su Botafogo contra Fluminense, clásico por el campeonato brasileño, no un partidito cualquiera. 2 a 1 abajo, penal a favor a los 6 del segundo. La pica, el arquero se queda paradito, la embolsa fácil y lo humilla. Tres minutos después, nuevo penal a favor. Lo pide, y ¿qué hace?: la vuelve a picar, esta vez más esquinado. Gol y empate. Gestualidad señalando los huevos que tiene. Luego, además, terminan ganando 3 a 2.

Que se roba el protagonismo es evidente, que se sale de lo común -no en vano es apodado “El loco”- también. Como espectador siempre lo veo buena onda, con picardía rioplatense, con seriedad uruguaya, si se me permite el análisis superficial. Creo que la cosa va más allá. Y en este caso ni siquiera puede ser denunciado de ineficaz, en una virtual critica bilardística anti menottiana, y por extensión tiki-tikiana cappística, y aún considerándolas falsas dicotomías, porque hay algo más inapelable: tanto a Ghana como a Fluminense le ganaron. De hecho, una de las respuestas de Abreu al cronista que con timidez lo cuestionó luego del partido fue “¿entró o no entró? “

Es quizá una cuestión de estilo. En tenis, por ejemplo, y salvando las distancias, un Fabrice “El mago” Santoro, que descoloca con su juego distinto. A veces pueden rozar la mera exhibición tribunera, como un globetrotter, o esos dos chabones, franceses o belgas o algo así que juegan al ping-pong en joda, y también eso puede tener su interés. Pero no, estos juegan por los puntos, y muchas veces ganan. Tipos que hacen otra cosa, sin olvidarse que juegan para ganar. Si bien con otros ribetes, ineludible es la referencia al escorpión de Higuita, un movimiento personalísimo de distinción, con cierto sello, llamémoslo poético, que subvierte los valores. Aunque la racionalidad grita “arriesgás al pedo”, el cómo nos hipnotiza, de algún modo se come al qué. Acá, sin olvidarnos del resultado, triunfa la forma y el caso es que, quiero repetirlo una vez más: la picó.

Federico Merea

2 comentarios:

  1. merecido homenaje al Loco Abreu y a todos los irreverentes y/o desubicados.
    Muy bueno.

    ResponderEliminar
  2. Un distinto, en todo sentido.
    Tipo que me obliga a mirar un partido, por mas que juegue para Los Dorados de Sinaloa (?)
    Boca le hubiese quedado bien, sin dudas.

    ResponderEliminar