jueves, 21 de mayo de 2009

Fútbol en la radio

por Fernando Aíta

El partido siempre es más vibrante en la radio que en la tele: hasta un cero a cero arreglado puede resultar entretenido.

La transmisión televisiva nombra lo obvio: los relatos son epígrafes (con frecuencia malignos) de las imágenes, que se bastarían por sí mismas. Sentí la diferencia en la cancha con su banda de sonido original.

Más allá del resultado o las situaciones de riesgo: el relato radiofónico lleva su ritmo. Porque la radio reconstruye el fútbol para un espectador ausente, a partir de un solo canal, el audio: los fraseos del relator y los arreglos de comentaristas; los cantitos, chiflidos o aplausos de las hinchadas; la señal de la hora; los llamados de los corresponsales; las cortinas después de los goles y los cambios; el jingle de la emisora, y los de los anunciantes.

La radio también es parte de la industria del espectáculo pero, a diferencia de la tele, que no para de emitir publicidad (del canal, de los espónsors y las que cercan el campo de juego), el negocio de la radio se subordina a lo que pasa en el juego: los anunciantes (igual que los comentaristas) tienen que esperar al tiempo muerto, la jugada intrascendente, un lesionado, un cambio o la pelota fuera de la cancha.

La transmisión radial sigue la lógica de la charla: entre el que habla y el que escucha hay un terreno de conocimientos en común que se va expandiendo a medida que la comunicación se desarrolla.

El relator momento a momento cuenta en qué parte de la cancha está el balón, qué futbolista lo maneja, quiénes lo disputan o lo esperan, y con la entonación exaltada y la frase frenética le imprime a la narración la intensidad que los futbolistas le pongan al juego. (Hermeto Pascoal hizo los temas “Tiruliruli” y “Vai Mais, Garotinho” sobre relatos de jugadas).

Los comentaristas y los que están en el terreno, con información concisa, lo ayudan a evocar, describir, recrear el espectáculo de las tribunas, las condiciones en el campo, los gestos o palabras de jugadores, técnicos, árbitro y asistentes.





No confundirsa a la radio con la televisación de tribunas más relator. La tele te obliga a tener los ojos en la pantalla. Si sólo escuchás el partido, podés hacer otras cosas: pintar una puerta, arreglar un aparato, jugar a las barajas, manejar o lavar un automóvil.

La radio más futbolera es rectangular, cabe en la mano y se escucha contra la oreja. En una época venía con un audífono solo. Es para tipos que se apasionan al punto de andar siguiendo un partido por lugares donde la tele está vedada. Algunos viejos todavía la llevan a la cancha (no es fácil pasarla en los controles). Son los que les revelan a los que están alrededor quién es el autor del gol dudoso, anuncian los cambios, confirman si fue o no fue, adentro o afuera, a quién echó, cómo va el enemigo en el desempate. Por lo menos lo que dice la radio. En los noventas llegaron los aparatos digitales y MP3 que no tienen AM, y las FM no transmiten fútbol. Ahora a nadie se le ocurriría agarrarselá con un relator, pero me acuerdo de haber escuchado puteadas para Víctor Hugo botón (x 2), sos amigo de Boca, la puta madre, que te parió.

Ahora se televisan todos los partidos y a lo sumo dos se juegan en simultáneo. Hace diez años (ver aniversario de TyC), toda la fecha se jugaba en simultáneo, y a cada rato oías:
–Gol de Talleres.
–Esperá que acá se la lleva Martínez por izquierda, pasa a un hombre, levanta el centro... ¡ah, no! El mamarracho que hizo... Vamos a Córdoba, Marcos Gallo.
–Gol de Talleres, Núñez de palomita después de un centro impecable de Zelaya desde la izquierda. En 35 del segundo, Talleres le gana a Mandiyú por 2 a 0.

Hay tipos que le sacan el volumen a la tele y sintonizan el partido. En general, medio tocados. Y no se bancan a los muñecos de TyC y Fox, o son ansiosos, les gusta la sensación de predecir el futuro: porque el sonido viaja más rápido que el video, y la radio adelanta dos segundos. Cuando el nueve en pantalla acomodó la pelota y tomó carrera, en la radio ya la mandó a guardar.

7 comentarios:

  1. el mundial 86 miré algún partido por tele mientras mi hermano ponia un disco de deep purple

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  2. Tal cual. A la cancha voy con un walkman viejo y soy de los que informan a los vecinos de tribuna.

    Los de la tele se confunden a los jugadores y siempre ven otro partido.

    Lindo gol el de Talleres.

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  3. La tele en sí es nula, no tiene ninguna onda, depende de lo que muestra, en cambio la radio crea un relato, tiene estilo propio.
    Soy de esos tocados que combinan imagen de tele y relato de radio: emoción al cuadrado. Y comentario de Apo o Tano Fazzini en el entretiempo.
    Pero me embola en el bar que el del audífono te grita el gol cuando en la pantalla todavía no salió el centro.

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  4. Buenísimo.
    Siendo un niño iba un domingo con el wolkman amarillo en el auto de mis viejos y al pasar por la cancha de platense un cronista mete en medio del relato de Victor Hugo un -gol de Platense: giro y veo a la gente que se para en las tribunas gritando el gol.
    Fede.

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  5. con mi hermano más grande, escuchábamos la fecha completa por radio y hacíamos el prode a mano. más adelante él tenía el hábito de poner la radio y ver la tele, incluso en mundiales.
    gracias, fernando: lo simultáneo y colectivo del relato por la radio revive con esta nota.

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  6. como buena hija de padres separados, el domingo era el día de la salida con papá. a mí me queda un buen recuerdo del infaltable paseo en auto con mis hermanos(yendo o viniendo a algún lado), sintonizando el partido y mezclando el relato con las imágenes de la ciudad; mi hermana odia escuchar fútbol por radio y dice que se deprime.
    esto de oír y no ver aparece, un poco, con los partidos que no pueden ser televisados, lástima que escuchamos cada gansada...
    saludos!
    Bárbara

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  7. lo mejor es ir a la cancha sin raio ni tele ni una mierda...

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